El imperialismo es uno de los principios vertebradores de Estados Unidos. La administración de Donald Trump, que acumula actuaciones ilegales contra el derecho internacional, ha decidido arrojar la careta al suelo y acometer las mismas presiones y agresiones que sus predecesores sin revestirlas de un carácter salvador de la democracia o de cualquier otra excusa rimbombante. Palestina y su población, víctima de un genocidio patrocinado por la Casa Blanca; Venezuela y su presidente y primera dama secuestrados; o Irán y los países de Oriente Medio lo sufren desde hace tiempo. Ahora, el golpe definitivo planea sobre Cuba.
La isla caribeña, cuna de las revoluciones socialistas de América, es el principal objetivo de Estados Unidos, más por lo político y estratégico que por lo económico, desde hace décadas. Cuba puede presumir de no haberse doblegado ante el imperio yanki desde el triunfo de la Revolución, hace ya más de 66 años; una rebeldía que le ha costado un bloqueo económico con el que la Casa Blanca ha asfixiado a la población desde hace décadas. La coyuntura internacional ha dejado al país sin apenas aliados y el yugo se ha apretado aún más.
El bloqueo se ha agudizado hasta niveles no vistos en muchos años y la administración criminal de Trump prepara un nuevo secuestro internacional. El expresidente cubano y una de las caras visibles de la Revolución, Raúl Castro, ha sido imputado por la justicia estadounidense por el supuesto derribo de dos avionetas en 1996. 30 años después, el Departamento de Justicia ha anunciado la imputación de Castro y de otras cinco personalidades por conspiración para asesinar estadounidenses, destruir dos aeronaves y cuatro homicidios, delitos que pueden ser castigados con la pena de muerte o la cadena perpetua.
Es una acción política, sin ningún basamento jurídico, para justificar el desatino de una agresión militar a Cuba
La desclasificación de esta acusación llega a la par que el bloque se ha recrudecido y un portaviones estadounidense se despliega en el Mar Caribe. La construcción de la excusa para futuras acciones ilegales está en marcha y el discurso de Trump es el mismo que vertió antes de secuestrar a Maduro y Cilia Flores. "Es una nación en decadencia" que "se está desmoronando" por falta de petróleo, ha cargado contra la isla, sin mencionar que la falta de petróleo responde única y exclusivamente al bloque estadounidense.
No obstante, Trump asegura que "no habrá escalada”. Unas palabras que no podrían ser menos creíbles viniendo del personaje que las ha pronunciado y atendiendo a las actuaciones que está desplegando en materia internacional. “No creo que la escalada sea necesaria. El lugar se está cayendo a pedazos; es un desastre y han perdido el control", ha insistido el inquilino de la Casa Blanca. Si bien el aviso ya ha sido recibido en Cuba como lo que realmente es: la antesala de una ofensiva militar contra su territorio y sus líderes.
Cuba responde con contundencia
“La pretendida acusación contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, que acaba de comunicar el Gobierno estadounidense, solo evidencia la soberbia y la frustración que le provoca a los representantes del imperio, la inquebrantable firmeza de la Revolución Cubana y la unidad y fortaleza moral de su liderazgo”, ha reaccionado el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. “Se trata de una acción política, sin ningún basamento jurídico, que solo busca engrosar el expediente que fabrican para justificar el desatino de una agresión militar a Cuba”, ha expuesto lo que todo el mundo ya ha detectado.
Asimismo, el mandatario cubano ha garantizado que Estados Unidos “miente y manipula los sucesos alrededor del derribo de las avionetas de la organización narco-terrorista Hermanos al Rescate, en 1996”. “Sabe bien, porque sobran evidencias documentales, que no se actuó de manera imprudente ni se violó el derecho internacional, como sí vienen haciendo fuerzas militares estadounidenses, con sus fríamente calculadas y abiertamente publicitadas ejecuciones extrajudiciales sobre embarcaciones civiles en el Caribe y el Pacífico”, ha desarrollado, antes de proceder a ofrecer la versión cubana de lo acaecido hace 30 años.
“El 24 de febrero de 1996, Cuba actuó en legítima defensa, dentro de sus aguas jurisdiccionales, tras sucesivas y peligrosas violaciones de nuestro espacio aéreo por connotados terroristas, de lo cual la administración estadounidense de turno fue alertada en más de una decena de ocasiones, pero hizo caso omiso de las advertencias y permitió las violaciones. La altura ética y el sentido humanista de su obra, derriban cualquier infamia que se pretenda levantar contra el General de Ejército Raúl Castro”, ha expuesto en un largo mensaje en redes sociales.
Sobre Castro, quien sucedería a su hermano y comandante de la Revolución en el poder, Díaz-Canles ha defendido que, “como jefe guerrillero y como estadista, ganó el amor de su pueblo, a lo que se suma el respeto y la admiración de otros líderes de la región y del mundo”. “Esos valores son su mejor defensa y un escudo moral, frente al ridículo intento de menoscabar su talla de héroe”, ha concluido su mensaje, garantizando que Cuba volverá a mostrar resistencia ante un ataque ilegal de Estados Unidos.
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