Hace algo más de 2 años, la periodista de la SER, María Jesús Güemes, resumía bien en una de sus crónica las diferencias políticas cada vez más evidentes entre un grupo de  “jóvenes” genoveses que se habían hecho cada día más fuertes en el aparato central del PP y los “veteranos” inquilinos de Moncloa y de un buen número de Ministerios, encabezados por Soraya Sáenz de Santamaría, por entonces Vicepresidenta del Gobierno. Entre los primeros se encontraban tres Vicesecretarios Generales: Pablo Casado (Comunicación), Javier Maroto (Social y Sectorial) y Andrea Levy (Estudios y Programas). Entre los segundos, José Luis Ayllón (Secretario de Estado de Relaciones Cortes),  Fátima Báñez (Ministra de Empleo) y Cristóbal Montoro (Ministro de Hacienda).

Ahora, dos años después, unos y otros, tras la dimisión de Rajoy como Presidente Nacional, los dos bandos han entrado en un verdadero ajuste de cuentas para ver quienes finalmente se quedan al frente de la presidencia nacional del PP. El punto de referencia es el próximo XIX Congreso Extraordinario del PP que se celebrará en Madrid los próximos días 20 y 21 de julio. Tras la primera votación de los militantes inscritos (67.083) sobre un censo oficial de 869.535, es decir apenas un 7,6%, los ajustados resultados definitivos obtenidos entre Sáenz de Santamaría (21512) y Casado (19954), más los 15.092 de Cospedal, lejos de cerrar acuerdos entre ambos han aumentado aún más sus diferencias. 

Desde esa noche electoral, con o sin debate entre candidatos, sus equipos han entrado en un cuerpo a cuerpo, es decir, en una captación a cualquier precio de todo compromisario (2612) que se ponga en su línea de fuego.

El bando de la candidata SSS se ha visto reforzado con la incorporación a su Comité de Apoyo de veteranos del aparato genovés como Javier Arenas que le ha permitido ganar generosamente las primarias en Andalucía (54%) o del actual Secretario de Organización Fernando Martínez Maillo que no ha dudado en utilizar su posición orgánica para “sumar” votos con independencia de los procedimientos practicados.

El otro candidato Pablo Casado, también se ha visto reforzado por ultra genoveses integrados en los clanes más conservadores como Ignacio Cosidó y Esperanza Aguirre. Su apoyo también se ha visto reflejado en los resultados en particular los que ha obtenido en la Comunidad de Madrid (54%). A estos hay que sumarle los que pueda captar de aquellos compromisarios que tenían previsto apoyar a Cospedal con la que mantiene un acuerdo tácito para evitar que SSS se instale en la 7ª planta de Génova 13. En el “todo vale” Casado ha sido el primero en volver a utilizar sin complejos ni vergüenza a las victimas del terrorismo para que apoyen su candidatura. La recuperación de María San Gil y las sesiones fotográficas con asociaciones despejan cualquier duda al respecto.

En cualquier caso, todos estos movimientos electorales y los apoyos públicos que se van conociendo para uno u otro candidato, son la antesala de lo que en el fondo subyace en esta guerra de famiglias que no es otra cosa que su obligado reposicionamiento ético e ideológico. El primero impuesto por los casos de corrupción (causa última de sus desalojo del gobierno) y el segundo, directamente relacionado con la anterior, por la aparición de otras opciones de centro derecha como Ciudadanos que le han “sustraído” desde el 2011 cerca de 3 millones de votos.

Ambos candidatos son conocedores, testigos y en buena medida protagonistas directos de este declive moral y electoral. Los dos, a pesar de sus 10 años de diferencia, Casado (37) y Santamaría (47), son reflejo de un modo de entender y practicar la actividad política. El primero ocupando cargos públicos desde los 23 años y la segunda, también ininterrumpidamente desde el año 2004. Sobre uno y otro planean además dudas razonables sobre sus niveles éticos.

En el caso de la candidata SSS al aceptar entre el 2004-2011, es decir durante 7 largos años, cobrar cuantiosos sobresueldos del PP cuyo origen, a la vista de la sentencia de la PS Primera Época de Gürtel, podrían estar contaminados por la existencia de una Caja B. Y en el caso de Pablo Casado, su controvertido curriculum (Master URJC y licenciaturas en el CES y en la URJC) pueden convertirse en una causa judicial sobre la que tenga que pronunciarse el propio Tribunal Supremo.

En cualquier si, finalmente, gana Sáenz de Santamaría, con ella vuelve un modelo de Partido y de Gobierno similar al que ella conoce bien, el mismo que ha defendido y que ha practicado que no es otros que el de Rajoy. Ella estuvo y no es casual que allí estuviera, el día 11 de febrero del 2009 acompañándole en primera línea en aquella clarificadora comparecencia que intentaba salir al paso de las primeras detenciones del Caso Gürtel. Desde entonces ha ido ajustando y calibrando calculadamente su posición respecto a la corrupción según se iban conociendo los avances judiciales. Para los más distraídos, recordarles que ha tenido entre sus mas estrechos colaboradores tanto a condenados por corrupción (Jesús Merino) como otros que aún están en fase de investigación. Su modelo ideológico, si es que lo tuviera, está importado y memorizado como si de un tema más de oposiciones se tratara. Para ella y su entorno “controlar” el BOE es su principal objetivo, su autentico programa electoral. Adapta el discurso, previamente ensayado, en función de las circunstancias. Sus principios, si es que los tuviera, son tan removibles como mecánicos. En ella todo vale, es decir, puede defender en intervalos de horas, una cosa y la contraria. No es ningún secreto que las recomendaciones fueron las que la llevaron en el año 2000 a la Moncloa para colaborar con el entonces Vicepresidente Rajoy. La historia se repite 18 años después. Su candidatura cuenta con poderosos lobbies financieros y mediáticos. Ella lo sabe, calla y agradece. Es lo que tiene no tener ideología.

Si por el contrario, el que ganara fuera Pablo Casado con el apoyo de Cospedal, tampoco el modelo de Partido que pondría en marcha sería una caja de sorpresas sorprendente. En el mejor de los casos, será más de lo mismo. No conviene dejarse llevar por las apariencias ni por sus 37 años que podrían hacer pensar a más de un ingenuo que representan un cambio generacional sobre los que han dirigido el PP hasta ahora. Su propia trayectoria despeja toda duda y esperanza de cambio. Como hemos dicho en más de una ocasión es clásico genovés formado en valores ultra conservadores y ultra católicos. En su circulo de confianza, por más vueltas que se le de, no hay versos sueltos. Están cortados por el mismo patrón ideológico. Tuvieron los mismos maestros y referentes que el propio Casado. Es decir, desde Aznar, pasando por Aguirre, hasta el propio Rajoy. Los múltiples casos de corrupción que han marcado a sus respectivos gobiernos y a sus presidencias en el PP son los mismos que silenciaron cuando no justificaron. No son pocos sus colaboradores que están salpicados por algunos de ellos (Púnica). Y para los amantes de las estadísticas y las comparaciones, también Casado ha venido cobrando desde que le ha sido posible sobresueldos del PP, acumulándolos con sus retribuciones como parlamentario nacional (80 mil €). 

Acabamos ya reconociendo que frente a los hechiceros y pitonisas de encargo y pago no somos capaces de aventurar quien de los 2 acabará siendo proclamado Presidente Nacional del PP. Dependerá de las presiones directas e indirectas que los equipos directos y externalizados de los candidatos ejerzan sobre los 2612 compromisarios. El próximo 21 de julio saldremos de dudas. Allí estaremos.