El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, ha vuelto a mostrar su verdadera cara. La subida de solo 46 céntimos al mes en las pensiones no contributivas es el último desprecio hacia los mayores de nuestra comunidad, un colectivo que ya vive al límite. No hay ni un euro más para las pensiones más bajas. Por mucho que se disfrace de rey mago, esta es la realidad de sus políticas en Andalucía.

La comparación con lo hecho por el Gobierno central de Pedro Sánchez es más que reveladora. Mientras el Ejecutivo de Sánchez ha revalorizado las pensiones no contributivas un 11,4%, alcanzando un mínimo de 628 euros al mes, Moreno Bonilla ha optado por un aumento ridículo del 3%. La diferencia es abismal. Si el Gobierno de Sánchez ha logrado una subida real para los más vulnerables, el de Moreno Bonilla apenas ha generado un cambio para quienes más lo necesitan.

El complemento autonómico de las Pensiones No Contributivas en Andalucía ha pasado de 186,45 euros anuales a 192,04, es decir, un aumento de solo 5,6 euros al año. No al mes, al año. Un gesto absolutamente simbólico que demuestra el desprecio del Gobierno andaluz hacia sus mayores. En un contexto de inflación y creciente desigualdad, ¿qué representan esos 46 céntimos al mes para alguien que tiene que enfrentarse al aumento de los precios del gas, la electricidad, la alimentación y la vivienda? La respuesta es clara: nada.

Andalucía lidera el número de pensiones no contributivas en España, con cerca de 90.000 personas dependiendo de esta ayuda. No estamos hablando de un colectivo minoritario, sino de una parte esencial de nuestra población mayor. Y aún así, el Gobierno de Moreno Bonilla ha decidido que su dignidad cabe en unas monedas sueltas.

El PSOE de Andalucía ha denunciado con dureza esta medida. José Luis Ruiz Espejo, secretario de Servicios Sociales, Mayores y Diversidad Funcional, ha calificado la subida como una “ridiculez” y un “desprecio absoluto” hacia los pensionistas más vulnerables.

Los socialistas presentaron una enmienda al presupuesto para 2026 con 18 millones de euros para duplicar el complemento autonómico y colocarlo, al menos, en la media del resto de comunidades autónomas. Una propuesta sensata, viable y profundamente social. Pero Moreno Bonilla la rechazó sin dudarlo. Con esto queda claro: no es una cuestión de dinero, sino de prioridades.

El coste total de la subida es de solo 500.000 euros para la Junta de Andalucía, una cifra insignificante dentro de un presupuesto multimillonario. Pero el Gobierno del PP ha decidido que con eso basta. Decidió que 46 céntimos eran suficientes para cubrir el expediente.

Este desprecio hacia los mayores no es algo aislado, sino parte de una política más amplia de desatención a los colectivos más vulnerables. La Ley de Dependencia, que debería ser uno de los pilares del Estado del bienestar, se ha convertido en un laberinto de trámites y burocracia. En Andalucía, miles de personas en situación de dependencia mueren cada año sin recibir la ayuda que les corresponde por ley. El problema no es económico, sino de voluntad política para gestionar adecuadamente los recursos.

Lo mismo ocurre con la sanidad pública, que está al borde del colapso. La Atención Primaria está desbordada, las listas de espera son interminables y las consultas médicas se retrasan o ni siquiera se llegan a producir. Los mayores, que son quienes más necesitan atención médica constante, son las principales víctimas de este desmantelamiento progresivo. Y mientras tanto, el Gobierno de Moreno Bonilla sigue hablando de “gestión eficiente”, cuando la realidad es completamente distinta.

El problema no es la falta de dinero, sino cómo se distribuye. La Junta de Andalucía tiene margen para reducir impuestos a las rentas más altas, beneficiar a los grandes patrimonios y subir los sueldos de sus altos cargos. De hecho, Moreno Bonilla se subió el sueldo en dos ocasiones durante el mismo año, y algunos de sus altos funcionarios disfrutan de viviendas gratuitas. Pero para los pensionistas más vulnerables, para los que sufren las largas esperas de la dependencia o el colapso sanitario, no hay dinero.

Este es el verdadero rostro del Gobierno del PP en Andalucía. Un gobierno que, cuando tiene que elegir entre cuidar a los más necesitados o favorecer a los grandes intereses, siempre elige lo segundo. Gobernar no es solo gestionar números; gobernar es tomar decisiones que afectan la vida de las personas. Y lo que estamos viendo en Andalucía es una política que da la espalda a los más vulnerables.

Moreno Bonilla puede seguir posando para las cámaras y lanzando caramelos, pero no puede esconder la verdad de sus políticas: un desprecio absoluto hacia quienes más lo necesitan. Los 46 céntimos de subida en las pensiones no contributivas son una clara muestra de su indiferencia. Y lo más grave es que esto no es un hecho aislado, sino una estrategia constante que refleja la visión del Gobierno de Moreno Bonilla sobre los mayores: un colectivo olvidado, relegado a la miseria, mientras se sigue priorizando el bienestar de los más poderosos.

Si de verdad se quisiera mejorar la vida de los mayores, la Junta de Andalucía podría hacerlo. Si existiera voluntad política, podrían destinar más recursos a la dependencia, la sanidad pública y las pensiones. Pero no lo hace. Y eso dice todo lo que necesitamos saber sobre cómo se gobierna en Andalucía: un gobierno que ha decidido conscientemente dar la espalda a quienes más lo sufren. Y todo ello, por 46 céntimos al mes.

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