Mañana 5 de enero, Juan Manuel Moreno Bonilla se subirá a la carroza de la Cabalgata de Reyes en Sevilla, disfrazado de Baltasar, para repartir caramelos entre los niños. Pero, más allá de la imagen de alegría y magia propia de las festividades, este acto es una burla política. Porque no estamos hablando de un simple gesto navideño, sino de un presidente que gobierna la comunidad con mayor pobreza infantil de toda España, que ha recortado de manera sistemática derechos fundamentales y que ha dejado a miles de niños andaluces desprotegidos. Por mucho disfraz que se ponga, no se puede ocultar la realidad.
Moreno Bonilla no merece el título de Rey Mago. Ni la corona ni los caramelos pueden esconder el hecho de que casi medio millón de niños andaluces no tienen pediatra asignado, mientras que el presidente, en su carroza, sonríe y saluda a los niños desde su posición de poder. El 39% de los menores de 14 años no tiene acceso a atención pediátrica estable, y en muchas zonas rurales las familias deben recorrer kilómetros para poder acceder a una consulta médica básica. ¿Cómo puede alguien que permite este tipo de carencias representarse como el Rey Mago, símbolo de protección y cuidado?
Pero la situación en la sanidad andaluza es aún más grave. En el Hospital Materno Infantil de Málaga, por ejemplo, este verano había 10.400 niños en lista de espera quirúrgica, 79 camas pediátricas cerradas y operaciones canceladas en el último momento. La atención a los niños más graves se ve comprometida por la falta de personal y recursos. En Córdoba, una UCI pediátrica fue atendida por una sola enfermera para tres niños críticos. Estas son las consecuencias de una política sanitaria que ha desmantelado lo público en favor de la sanidad privada, lo que deja a las familias más vulnerables aún más desprotegidas.
Mientras tanto, más de 2.000 mujeres andaluzas sufren los efectos de los fallos en los cribados de cáncer de mama. Las listas de espera se alargan y el agotamiento de los profesionales se hace cada vez más evidente. Las familias, que luchan por obtener atención médica adecuada, son ignoradas por un gobierno que prefiere favorecer la privatización y desatender las necesidades más urgentes de la ciudadanía. Los Reyes Magos deberían representar generosidad y protección, pero Moreno Bonilla solo está repartiendo desconfianza y desesperación.
Otro ejemplo de la desidia gubernamental es el asunto de las vacunas. La vacuna contra el rotavirus, que debería haber sido una medida de salud pública básica, aún no está financiada al 100% después de casi un año. Esto obliga a miles de familias a pagar hasta 200 euros por bebé para acceder a esta protección esencial. En una comunidad con bajos salarios y altos índices de pobreza infantil, esta decisión solo aumenta la desigualdad y deja a las familias más vulnerables aún más expuestas.
La situación en el ámbito educativo es igualmente alarmante. Andalucía ha perdido más de 3.000 aulas en los últimos años, mientras que la educación privada y concertada se beneficia de recursos públicos. Los colegios públicos, que deberían ser un refugio para los niños de todas las clases sociales, carecen de infraestructuras básicas como climatización, lo que convierte las aulas en saunas en verano y en congeladores en invierno. Además, con el aumento de los precios de los comedores escolares, muchas familias no pueden permitirse ni siquiera una comida completa para sus hijos en el colegio. La educación, que debería ser el motor del futuro de cualquier sociedad, se ha convertido en un lujo inalcanzable para muchas familias andaluzas.
Sin embargo, el mayor escándalo sigue siendo la pobreza infantil. Con una tasa AROPE del 47,1%, Andalucía lidera la pobreza infantil en España. Casi la mitad de los menores de la región vive en riesgo de pobreza o exclusión social, y la pobreza infantil severa ha aumentado significativamente, alcanzando un 16,18%, el doble que en comunidades como el País Vasco o Navarra. Estos no son solo números fríos; son niños que viven en casas frías, que no tienen acceso a una alimentación adecuada, que no pueden participar en actividades escolares y que ya empiezan la vida con una enorme desventaja.
Además, más de tres millones de andaluces viven en riesgo de pobreza, con una tasa AROPE del 35,6%. Mientras tanto, Moreno Bonilla se sube el sueldo en dos ocasiones y recorta impuestos a los más ricos. Las prioridades del presidente están claras: no son las familias que sufren, ni los niños que necesitan atención médica, sino los poderosos que se benefician de las decisiones políticas que él toma.
La crisis habitacional también se agrava. En la comunidad, el alquiler ha subido casi un 12% interanual, y en ciudades como Málaga, el alquiler puede absorber hasta el 49% del salario de una persona. Esto ha hecho que la vivienda sea un lujo inaccesible para muchos, especialmente para los jóvenes que, además, tienen salarios bajos y pocas oportunidades. La falta de vivienda pública y la escasa regulación han convertido a los jóvenes andaluces en una generación atrapada, sin acceso a un futuro digno.
Otro claro ejemplo de la ineficacia del gobierno de Moreno Bonilla es el bloqueo de los 46 millones de euros destinados a ayudas básicas, conocidas como las Tarjetas Monedero. Este dinero está disponible para las personas más necesitadas, pero la Junta ha decidido congelarlo, retrasando su ejecución y dejando a miles de familias en una situación aún más desesperada.
Y así, mientras miles de familias luchan por llegar a fin de mes, el presidente de la Junta se sube mañana a la carroza del Ateneo de Sevilla, una institución tan conservadora como elitista, con la que parece sentirse cada vez más cómodo. La Cabalgata, que debería ser un acto de alegría para los niños, se convierte en un plató electoral para un presidente que ha fallado a los más vulnerables.
Por mucho que sonría desde su carroza, la magia no existe cuando se gobierna contra la infancia. Y un gobernante que deja atrás a los niños de su tierra no merece ser Rey Mago.