[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"34524","attributes":{"class":"media-image alignleft size-full wp-image-225196","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"90","height":"90","alt":"Cromo Opinion Beatriz Taleg\u00f3n"}}]]Cada vez tenemos más claro que estamos a punto de presenciar grandes cambios. De hecho la antesala del cambio es ya en sí misma parte del proceso, y en cualquier caso siempre es más complicado abstraerse del contexto en que vivimos para poder analizarlo con una cierta perspectiva. Pero seguro que estos momentos se los tendremos que explicar a nuestros hijos algún día y tienen toda la pinta de ser contados como si fuese a haber un "antes y un después".

La línea divisoria va tomando cada vez más consistencia. Que la gente haya comenzado a hablar de política y ahora, por fin, pase a comprometerse es un gran indicador. Que muchos rompamos la barrera del silencio y mantengamos nuestro compromiso para sumar en los cambios. Que entre todos demos un golpe en la mesa para defender lo común. Esto ya está en marcha.

La clave: que nos unamos para hacer frente a las injusticias que se están cometiendo. Que plantemos cara a este desgobierno, al imperio de los mercados. Que las personas nos unamos para gobernar por y para nuestro bien. Y para eso, no queda otra: plataformas, mareas, movimientos y partidos de izquierda han de unirse bajo unas mismas premisas. Es el momento de demostrar que nos importa alcanzar el mismo fin: que todos tengamos las garantías de un estado de bienestar. Toca hacer ejercicio de generosidad y respeto. De remar en la misma dirección y dejarnos ya de protagonismos absurdos y guerras fraticidas.

Y cuando hablo de la unión de la izquierda sé que no sólo pienso en Izquierda Unida, en Equo, Izquierda Abierta, Podemos. Pienso también en el Partido Socialista. Porque  sin él, por mucho que los de la "verdadera izquierda" llenen sus alforjas a costa de tirarle piedras, el cambio no será posible. Ahora bien, tendremos que hacer un gran trabajo para recuperar un PSOE de izquierdas. ¿Entienden ahora de lo que hablamos? No se trata del interés de un partido; se trata del interés de la ciudadanía. O nos unimos todos frente a esta derecha rancia y traicionera o veremos cómo nos arrebatan hasta el aire. Que el Partido Socialista recupere su identidad es por el bien de todos. Que gobierne con los grupos de izquierda, con la mayoría social, también.

Aquí un llamamiento: Para quienes nos atacan desde fuera porque no entienden por qué defendemos aún estas siglas: tolerancia, y cooperación. Hacer frente a la derecha nos beneficia a todos. Dejemos ya de dividirnos y tratemos de ayudarnos. Estamos perdiendo mucho tiempo y nuestras causas comunes son más nobles que la mera discusión teórica (por muy importante que ésta sea).

Para quienes trabajamos desde dentro, con el objetivo de tener un partido que realmente represente los valores y principios que nunca debió abandonar, sigamos adelante. El trabajo da sus frutos, y no debemos ni podemos dejar de esforzarnos con rigor y coherencia. Acabamos de ver cómo después de muchos meses, hemos dado el paso de ser el primer partido que celebrará unas primarias abiertas para elegir a sus candidatos. A algunos nos ha costado críticas, puñaladas y zancadillas. Pero aquí están los resultados. Ahora toca seguir trabajando, pues las formas y el fondo son muy mejorables.

Tenemos primarias, sí. Abiertas, a medias. Participativas, depende. Se están dando pasos pero se puede y se debe dar más.

Que el borrador del reglamento se entragase justamente al inicio de la reunión donde debería ser votado muestra el interés por un debate y un análisis inexistente. Si se podía enviar el documento con antelación y permitir que los participantes en la reunión lo hubieran comentado y debatido en sus respectivas agrupaciones para así acudir al Comité con una propuesta fundamentada, ¿por qué no se hizo, siendo posible?

No tiene sentido crear un censo previo para quien pueda votar. A la vista está que ni en Francia ni en Italia ni en Cataluña lo necesitan. De acuerdo que en Francia es el Estado quien facilita los datos. En España no es posible. Pero en Cataluña, el PSC ya tiene un programa informático por el cual quien va a votar se apunta en el acto y así su nombre aparece en un listado, impidiendo que pueda volver a votar. Así de sencillo.

Hacer a la gente que nada tiene que ver con el partido acudir dos veces es poner trabas a la participación. ¿Queremos que participe mucha gente o no? ¿Se puede facilitar más la participación? Sí, como en Cataluña. ¿Por qué no se hace, entonces?

Por si fuera poco, a quien quiera participar en el proceso tendrá que pagar una cantidad "simbólica" de 2 euros. En Francia fué de 1 euro y allí la situación económica en general es bastante más positiva que la nuestra. Puestos a ser simbólicos, ¿por qué no 20 céntimos?. Aunque no comparto que la participación se vincule al pago de nada, puedo entender que la apertura a la sociedad en nuestras votaciones genere gastos. Pero no creo que sean tan elevados como para pagar 2 euros por voto. Si se puede poner una mínima cantidad, ¿Por qué no se hace, entonces?

Los avales, otra cuestión mejorable. En Francia los simpatizantes también pueden avalar. Y no estaría mal. El objetivo ha de ser que se pueda presentar el mayor número de gente posible para garantizar una pluralidad en la elección. En tal caso, ¿Por qué no se puede avalar a más de un cadidato, si lo importante es que concurran y haya propuestas y debates? Serán los votos los que den la victoria, y jugar con los avales como se hizo en Andalucía, para eliminar candidatos en la antesala, será posible pero es antidemocrático. Siendo posible hacerlo mejor ¿Por qué no se hace, entonces?

La votación se hará en una sola vuelta, lo que supone que dependiendo de la cantidad de candidatos, el ganador puede obtener la victoria con un bajo porcentaje de votos.

Fíjese el lector: puede llegar a provocarse que se presente un número X de candidatos precisamente porque contando con los avales seguros, se cuenta con una equiparación en votos. Si ya se tienen los votos, se puede amañar el número de candidatos para ajustar los porcentajes.

Esto se solucionaría si se produjese una segunda vuelta a la que concurran los candidatos más votados. De esta manera quien salga elegido se asegurará una mayor legitimidad. Siendo posible, ¿por qué no se hace?

Sencillamente pudiendo hacer algo que garantizase más participación y haciendo exactamente lo contrario se asegura que los que tienen la sartén por el mango dirijan el proceso y puedan incidir en cada paso que se da. Por eso algunos no hablan claro cuando se les   pregunta. Con lo sencillo que sería analizar las cuestiones con una cierta objetividad. No es tan difícil que además de que las cosas parezcan bien hechas, en realidad, lo estén.

Beatriz Talegón es secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas
@BeatrizTalegon