Una tormenta cargada de hielo y bajas temperaturas está arrasando tras su paso por Estados Unidos. Este temporal bajo el nombre Fern ha dejado un rastro de nieve y hielo que ha pagado con la vida de al menos 14 personas y ha dejado sin suministro eléctrico a más de medio millón de hogares en el territorio. Texas, Nueva York, Luisiana y Kansas han sido las localizaciones más afectadas por el temporal, sin embargo, se espera que Fern cese su actividad en su camino al Atlántico.
Supermercados abarrotados, baldas vacías, personas comprando provisiones. Así comenzaban las horas previas a la llegada del temporal el pasado viernes en Arizona. Lo que parecía ser un frente de aire frío de origen ártico en cuestión de horas se transformó en un sistema de nieve, hielo y temperaturas extremas que sobrepasaban los umbrales habituales para esta época del año. El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) calificó esta borrasca como inusualmente extensa y de potencial impacto catastrófico, tanto por su tamaño como por la severidad de las condiciones que ha generado.
Un temporal sin precedentes: alcance y características
Los primeros reportes del temporal señalaban que alrededor de 200 millones de personas recibieron la alerta meteorológica; las advertencias por nieve, hielo o frío alcanzaron al menos a 30 estados diferentes. Las primeras nevadas fueron intensas y las acumulaciones llegaron a superar los 60 centímetros en regiones como Washington D.C., Nueva York o Boston. El hielo se volvió persistente y la lluvia helada, provocando así que la situación se torciera hasta dar lugar a superficies extremadamente resbaladizas y el bloqueo de carreteras enteras.
Por ese momento, Fern fue descrito por varios meteorólogos como un temporal “más propio de un huracán de invierno” que de un típico sistema de latitudes medias: nieve continua, tormentas de hielo y un frente de frío brutal que empujaba las temperaturas muy por debajo de lo normal.
Las interminables filas de coches detenidos, las trampas de hielo y las carreteras cerradas reflejaban a la perfección el impacto que Fern había generado en gran parte del territorio.
Cortes de luz masivos y caída de infraestructuras
Uno de los efectos más importantes que ha dejado el temporal ha sido el colapso de la red eléctrica en varias localizaciones. Numerosos hogares y negocios de sitios como Tennessee, Mississippi, Luisiana o Texas se vieron sumergidos en la oscuridad después de que el peso del hielo se acumulase sobre las líneas y los postes de luz.
A pesar del paso de los días, la luz no ha llegado a todos los puntos. Las compañías eléctricas siguen luchando por restablecer el suministro en condiciones extremadamente difíciles: el hielo adherido a infraestructuras y las carreteras bloqueadas son factores que retrasan las reparaciones, además de que las bajas temperaturas dificultan las labores de mantenimiento.
En muchas comunidades rurales, las temperaturas descendieron a niveles peligrosos —con sensación térmica cercana a los -45 °C—, haciendo que la falta de energía eléctrica se convirtiera en una amenaza directa para la vida humana, especialmente para ancianos, niños y poblaciones vulnerables.
Impacto humano: víctimas y tragedias cotidianas
Por desgracia, Fern no solo ha arrasado con la infraestructura tras su paso, sino que también ha dejado varias víctimas mortales. Con el transcurso de los días las cifras oficiales han ido variando según el estado y el momento, pero por ahora se han reportado al menos 14 personas fallecidas en varios estados del sur, centro y este del país, muchas de ellas por hipotermia o accidentes relacionados con las condiciones extremas.
Entre los casos registrados se encuentran desde un accidente durante actividades recreativas de invierno en Texas hasta personas sin hogar halladas muertas en la intemperie de ciudades como Nueva York.
Las autoridades locales han destacado que este tipo de muertes, especialmente por hipotermia, son tristemente previsibles cuando las temperaturas caen tan bruscamente y existe un fallo masivo en sistemas básicos como la calefacción o la electricidad.
Ante la gravedad de la situación, más de 20 estados declararon el estado de emergencia para movilizar recursos federales, estatales y locales de forma más rápida. El presidente y algunos gobernadores han activado la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) y han pedido a los residentes que permanezcan en sus hogares y eviten desplazamientos innecesarios.
Las autoridades meteorológicas han seguido emitiendo advertencias continuas sobre carreteras peligrosas, posibles formaciones de hielo adicionales y el riesgo persistente de apagones prolongados, anticipando que los efectos del temporal podrían sentirse aún durante varios días mientras las temperaturas siguen bajo cero.
Caos en aeropuertos y transporte
El transporte aéreo ha sido otro de los sectores más castigados por Fern. Más de 18.000 vuelos fueron cancelados, marcando uno de los peores días de la historia reciente de la aviación en Estados Unidos, solo comparable con los peores momentos de la pandemia de COVID-19.
Los grandes centros de conexión aérea —como los de Atlanta, Washington D.C. y Dallas-Fort Worth— sufrieron cancelaciones masivas y retrasos prolongados, con pasajeros varados en terminales ante la falta de capacidad para reubicar vuelos y tripulaciones.
Además, multitud de rutas interestatales y secundarias quedaron intransitables por capas de hielo y nieve, lo que obligó al cierre de escuelas, universidades, centros educativos y oficinas públicas en varias regiones afectadas.
El legado de Fern y lo que viene
Pese a que el centro de la tormenta se desplaza lentamente hacia el noreste, los meteorólogos advierten que “no se puede dar por finalizada la emergencia”, ya que aún quedan días de frío intenso y condiciones peligrosas, especialmente en el Atlántico Medio y el Noreste, donde las acumulaciones de nieve continuarán dificultando la recuperación.
Para muchos expertos, esta crisis climática plantea interrogantes sobre el futuro de la gestión del clima extremo en un contexto de cambio global.
Con las consecuencias que ha ido dejando a su paso y un país entero luchando contra la nieve y el hielo, Estados Unidos enfrenta ahora la tarea de reconstruir y aprender de una tormenta histórica que quedará grabada en los registros meteorológicos y en la memoria colectiva de millones de personas.