Donald Trump ha vuelto a recurrir a la amenaza arancelaria como herramienta política. El presidente de Estados Unidos lanzó este sábado una advertencia directa al Gobierno de Canadá: si Ottawa profundiza o formaliza un acuerdo comercial relevante con China, Washington responderá imponiendo un arancel del 100% a todos los productos canadienses que entren en territorio estadounidense. El aviso, difundido a través de la red Social Truth, supone un nuevo episodio de tensión entre dos países aliados y socios estratégicos desde hace décadas.
El mensaje iba dirigido expresamente al primer ministro canadiense, Mark Carney, a quien Trump volvió a referirse como “gobernador”, una fórmula cargada de intención política. “Si el gobernador Carney cree que va a convertir Canadá en un puerto de entrada para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado”, escribió el mandatario republicano, antes de advertir de un escenario en el que, según él, Pekín acabaría “devorando” la economía y el modelo social canadiense.
Desprecio de Trump a Carney
La elección del término no es casual. Trump ha utilizado en varias ocasiones la palabra “gobernador” para referirse a Carney, reactivando así una de sus provocaciones más repetidas desde su regreso a la Casa Blanca: la idea de que Canadá debería integrarse como el estado número 51 de Estados Unidos. En el sistema político estadounidense, los líderes estatales reciben ese título, lo que convierte el apelativo en un gesto deliberado de presión simbólica y política.
Además, el uso del término conecta también con la trayectoria profesional de Carney, quien ha sido el único responsable en la historia de dos bancos centrales de países distintos, el de Canadá y el de Inglaterra. Trump combina así la ironía personal con una advertencia política explícita. “Si Canadá llega a un acuerdo con China, inmediatamente se impondrá un arancel del 100% a todos los bienes y productos canadienses que entren en Estados Unidos”, remató el presidente estadounidense en su publicación.
La amenaza se produce pocos días después de un discurso especialmente comentado del primer ministro canadiense en el Foro Económico Mundial de Davos, donde Carney instó a los países de tamaño medio a reforzar alianzas entre iguales para reducir la dependencia de las grandes potencias. En su intervención habló de la “ruptura del orden mundial” y del fin de una etapa caracterizada por reglas compartidas, dando paso a una realidad marcada por la confrontación geopolítica sin límites claros.
Aunque Carney no mencionó de forma expresa a Estados Unidos, buena parte de los asistentes interpretaron sus palabras como una referencia directa al giro estratégico de Washington bajo el lema America First, una doctrina que prioriza la presión y la subordinación frente a la cooperación multilateral. El discurso fue leído como una crítica al enfoque comercial y diplomático de la Administración Trump.
Contactos con China
En paralelo a esa intervención, Canadá ha intensificado sus contactos con China. Días antes de Davos, Carney viajó a Pekín para cerrar un acuerdo que suaviza los aranceles a alrededor de 50.000 vehículos eléctricos chinos, a cambio de distintas contraprestaciones comerciales. Este movimiento se enmarca en una estrategia de diversificación de alianzas destinada a reducir la dependencia de un único socio económico, especialmente en un contexto de creciente volatilidad en la relación con Estados Unidos.
El pulso entre ambos países viene de lejos. En mayo, Trump ya impuso aranceles del 35% al acero, el aluminio, los automóviles y la madera procedentes de Canadá, justificando la medida por la supuesta permisividad canadiense en materia de inmigración irregular y tráfico de fentanilo. A pesar de las negociaciones mantenidas durante meses a alto nivel, Canadá sigue siendo el único país del G7 que no ha logrado cerrar un acuerdo comercial estable con Estados Unidos desde el regreso del republicano al poder.
A estos episodios se suma otro ocurrido el pasado octubre, cuando la Casa Blanca aprobó un arancel adicional del 10% tras la difusión de un vídeo promocional del Gobierno de Ontario durante las Series Mundiales de béisbol. En el anuncio aparecía Ronald Reagan en un discurso de 1987 crítico con los aranceles, lo que desencadenó una reacción inmediata de Trump y un nuevo roce diplomático entre Washington y Ottawa.
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