El nacionalismo conservador israelí va en aumento mientras la vida de los palestinos es una constante humillación. “Dicen que su enemigo es Hamás, pero en realidad están acabando con los palestinos y nadie les dice que paren” declaraba a ELPLURAL.COM la dirigente de la OLP Hanan Asrawni.

Hanan Asrawni durante la entrevista. M. RIVAS



Hanan, ex ministra y una de las protagonistas de todas las negociaciones de paz se siente muy pesimista respecto a las conversaciones relacionadas con dicho proceso. “¿De qué vamos a hablar? ¿De que nos controlan el agua, que han invadido Cisjordania con sus asentamientos ocupando las tierras más fértiles, de las “detenciones administrativas” que son por razones de seguridad y de las que no nos podemos defender? comenta indignada la política palestina.

Nihad junto a su madre, su hermana y su sobrino Yousef. E. HERREROS



“Quieren acabar con nosotros pasito a pasito y ahora la excusa es que desean acabar con Hamás”, añade.

Mientras, la sociedad israelí está cada vez más cerrada en sí misma: no les interesa nada más que ellos, su seguridad, su religión y su idioma, la población palestina resiste gracias a su capacidad de sentirse unidos como pueblo y a la solidaridad de la familia.

Nihad de 30 años vive con sus padres, su hermana, cuñado y tres sobrinos en el campo de refugiados de Aza en las afueras de Belén. Este hombre y su familia  es un claro exponente de moderación a pesar de las dificultades.

Nació en el citado campo, que no es ni más ni menos que una barrio pobre, sin asfaltar y que se identifica fácilmente por la bandera de Naciones Unidas para Palestina (UNRWA) que podemos ver en una de sus calles principales. Sus padres y abuelos fueron expulsados en el 48 de sus tierras y de su casa que inmediatamente fue demolida.

El abuelo de Nihad murió en el camino y al llegar a Belén acabaron en el campo de refugiados de  Aza donde siguen viviendo y en donde horas más tarde de compartir un arroz con verduras con estas periodistas, nacía su tercer sobrino.

Su padre regenta una pequeña tienda de comestibles con la enseña del Barça en su escaparate. Y el sueño de este hombre, que trabaja en las oficinas  del cuerpo de bomberos de Jerusalem, es visitar el Camp Nou. Su móvil está programado de forma en  segundos nos demuestra cómo localiza en google Barcelona y a continuación el campo de fútbol.



Su camino al trabajo desde Belén a Jerusalem se podría hacer fácilmente en 15 minutos pero Nihad  suele tardar de dos a tres horas, dos veces al día, ya que tiene que cruzar el check point.

Estos controles del Ejército israelí pueden convertirse en una auténtica tortura y humillación para los palestinos. Si lo hacen en autobús, un soldado metralleta en mano, les obliga a bajar y son registrados e interrogados a diario. Estas dos periodistas del diario ELPLURAL.COM pudimos ver cómo obligaban a bajar del autobús a una mujer de 72 años, gruesa y con dificultades para caminarargada con varias bolsas de alimentos.

Los militares, muchos de ellos con la kipá (gorra de carácter religioso), fueron revisando pimiento a pimiento toda su compra. Esto significa que cada autobús puede tardar unos 20 minutos en ser revisado por lo que las colas son eternas. Cuando intentamos ayudarla a subir de nuevo, el soldado nos ordenó que siguiésemos sentadas en el autobús.

Si Nihad prefiere cruzar el check point a pie para después coger un autobús ya en territorio israelí debe cruzar unos largos pasillos rodeados de muros, puertas metálicas giratorias, escáners y hacer una larga cola en un hangar en donde el calor de la calle hace que se convierta en una sauna.

A pesar de todo toda su familia respira tranquilidad y amabilidad. Se esfuerzan por complacernos con su comida y su café y nos despiden todos los miembros en la calle con grandes abrazos.”Queremos que el mundo conozca nuestra vida. Lo necesitamos ”, subraya Nihad.

En el portal contiguo a su casa- negocio nos encontramos con un grupo de chicos  de unos 13-14 años manejando unos ordenadores destartalados con juegos que representaban tiroteos al Muro.



Uno de ellos nos enseña las pelotas de goma que los soldados les disparan todas las tardes cuando protestan frente al Muro de verdad, pidiendo libertad y tirándole piedras. Los soldados responden además de con las pelotas de goma con gases. Otro de sus compañeros nos enseña granadas ya explosionadas que guardan para enseñar a los escasos periodistas que llegan a este campo de refugiados.

Efectivamente unas horas más tarde mientras visitábamos a una familia que la construcción del Muro les ha conducido a vivir aislados (éste les rodea por tres lados de su casa) comienzan los gritos y los disparos así como el lanzamiento de gases. Los que protestan no tienen más de 18 años y sólo piden poder cruzar el Muro. La mayoría de ellos jamás han salido de esta enorme construcción de 700 kilómetros de largo, ocho de alto recubierto con alambradas y pinchos.