Jornada de absoluto caos en el estrecho de Ormuz. Cuando todo apuntaba a un nuevo acercamiento entre Estados Unidos e Irán en Islamabad – algunos medios apuntaban incluso al lunes como fecha del segundo asalto -, la tensión escala sin miramientos. Desde Arizona, Donald Trump acercaba un posible acuerdo entre las partes, al tiempo que advertía a Teherán de que incautarían sus reservas de uranio enriquecido por las vía diplomática o de otras “formas más hostiles”. Irán, ante la persistencia del bloqueo estadounidense al enclave marítimo, ha reimpuesto el cierre total del paso, donde se han reportado disparos a dos petroleros en zonas aledañas por parte de la Guardia Revolucionaria, según ha denunciado la Marina británica.
Ni 24 ha durado la reapertura del estrecho de Ormuz anunciada por Irán este pasado viernes. Ha sido efímero. Las autoridades iraníes daban marcha atrás a media mañana de este sábado (hora local española), cuando trasladaban la reimposición del “control estricto” sobre el paso por el que transita el gas natural licuado y el petróleo del mundo. Desde Teherán explican que la medida es una respuesta directa al bloque que Estados Unidos mantendrá sobre la zona y que, a la postre, inhabilita el comercio marítimo de Irán en ambos sentidos. “El control ha vuelto a su estado anterior y esta vía estratégica se encuentra bajo una estricta gestión y control por parte de las Fuerzas Armadas”, anunciaba el teniente coronel Ebrahim Zolfagari, a través de un comunicado recogido por la agencia de noticias Tasnim.
A las palabras del alto mando militar le sucedió una declaración del líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, a través de su canal de Telegram. El hijo del ayatolá asesinado por la ofensiva estadounidense el pasado 28 de febrero sostiene que su Armada está lista para infligir “nuevas y amargas derrotas” a sus enemigos. Palabras que desencadenaron una oleada de tensión en la zona; máxime después de que varios medios de comunicación alertaran de que un grupo de lanchas de la Guardia Revolucionaria abrieron fuego contra un petrolero que navegaba por las aguas del estrecho. El capitán del buque reportó el ataque, asegurando que la tripulación se encontraba a salvo. La Marina británica lo confirmó poco después, constatando una escalada de la tensión en Ormuz que pone en jaque las negociaciones de paz con Estados Unidos.
La vía diplomática, en el alambre
El caos desatado pone en aprietos la salida pacífica al conflicto en un contexto que alimentaba el optimismo ante un acuerdo entre Washington y Teherán. Este viernes, Irán anunciaba la reapertura del estrecho mientras perdurase el alto el fuego con Estados Unidos, aunque poco después matizaba que estaría “limitado y gestionado” por la Guardia Revolucionaria y que debía interpretarse como un “gesto de buena” vinculado a la tregua entre Israel y el Líbano. Además, lo extrapolaron a una reanudación de las negociaciones en Islamabad, que según la CNN se retomarían en los próximos días.
Sin embargo, con la concatenación de sucesos de estas últimas horas, la incertidumbre vuelve a reinar en Oriente Próximo. El cierre de Ormuz arroja más confusión al futuro de las negociaciones, aunque en las horas previas al movimiento iraní, el presidente del Parlamento del país oriental, Mohamad Baqer Qalibaf, ya advertía en X – antes Twitter – de que el estrecho “no permanecería abierto” si continuaba el bloqueo de un Trump que llegó a celebrar unas presuntas aproximaciones entre las posturas de los dos estados.
El propio Qalibaf denunció las “falsedades” de Trump al celebrar la reapertura. “Hizo siete afirmaciones en una hora y ninguna de ellas era cierta”, sentenció el político iraní, que encabezó la delegación que su país envió a Islamabad el fin de semana pasado en el marco de las negociaciones de paz. “Con estas mentiras no ganaron la guerra y, sin duda, tampoco lograrán nada en las negociaciones”, abrochó.
Fuego y confusión
La supuesta reapertura del estrecho de Ormuz nunca terminó de convencer ni a las navieras ni a las aseguradoras, cuyo papel resulta determinante en este tipo de operaciones: sin su cobertura, los buques no pueden zarpar. En el sector predominaba la idea de que la vuelta a la normalidad era, como mínimo, prematura. Persistía el temor a una marcha atrás inmediata por parte de Irán y, sobre todo, a que las condiciones reales de navegación siguieran muy lejos de las existentes antes del estallido de la guerra, el pasado 28 de febrero. Las compañías reclamaban garantías básicas de seguridad, entre ellas la certeza de que no habría minas marítimas en la ruta y de que el tránsito no quedaría sujeto al pago de peajes extraordinarios. Ninguna de esas condiciones parecía del todo asegurada.
En las últimas horas sí se había apreciado un leve repunte de movimientos en la zona, según las plataformas de seguimiento marítimo. Se trataba, en buena medida, de barcos que llevaban semanas bloqueados en el golfo Pérsico a la espera de una salida hacia el océano Índico. De acuerdo con los datos facilitados a El País por la firma especializada Kpler, al menos cuatro petroleros lograron abandonar la zona. A ellos se sumaron cinco metaneros con bandera catarí, que también intentaban poner rumbo a mar abierto.
Pero esa tímida reactivación duró poco. El intento de salida en cadena quedó frustrado pocas horas después, cuando varios buques comenzaron a rectificar sus maniobras y a regresar sobre sus pasos. Entre ellos figuraban al menos dos petroleros con bandera india y griega. La tensión aumentó aún más al conocerse que un petrolero presente en la zona había sido tiroteado por dos lanchas presuntamente vinculadas a la Guardia Revolucionaria iraní, según confirmó Reino Unido.
Mientras tanto, Donald Trump exhibió triunfalismo el viernes por la noche. Desde Phoenix, en un acto de Turning Point, aseguró que había doblegado a Irán: por un lado, forzando la apertura de Ormuz; por otro, frustrando sus aspiraciones nucleares. Además, afirmó que Teherán había retirado o estaba retirando las minas marinas desplegadas en la zona.
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