Irán ha vuelto a restringir este sábado el tránsito por el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta para el comercio energético, después de acusar a Estados Unidos de incumplir los compromisos asociados al alto el fuego sellado el pasado 8 de abril. La decisión supone un nuevo giro en la crisis regional, apenas un día después de que Teherán hubiese dado señales de apertura parcial en ese corredor estratégico.
Según el anuncio difundido por medios estatales iraníes y recogido por varias agencias internacionales, las autoridades militares iraníes sostienen que habían aceptado “de buena fe” permitir el paso controlado de un número limitado de petroleros y buques mercantes, pero denuncian que Washington ha mantenido intacto su dispositivo de bloqueo sobre la navegación vinculada a Irán. En esa lectura, la reapertura parcial de Ormuz no habría encontrado reciprocidad por parte de la Administración de Donald Trump.
El Ejército iraní ha comunicado por ello que el estrecho regresa a su “estatus anterior”, es decir, a una situación de “estricta administración y control” por parte de las fuerzas armadas. El mensaje lanzado desde Teherán es claro: mientras siga amenazada la circulación marítima de buques con origen o destino en Irán, la situación en Ormuz seguirá sometida al control militar iraní. La nueva restricción vuelve a colocar en el centro del tablero una ruta por la que transita alrededor de una quinta parte del petróleo mundial.
Acusaciones a Trump
La reacción del aparato político y militar iraní no se ha quedado en el comunicado oficial. Figuras del bloque de poder en Teherán han acompañado el anuncio con mensajes de tono desafiante en redes sociales, insistiendo en que Washington fue advertido previamente de las consecuencias de mantener el bloqueo. También desde el entorno de la Guardia Revolucionaria se ha remarcado que cualquier incumplimiento estadounidense tendrá una respuesta proporcional. El lenguaje empleado apunta a una escalada verbal calculada, en plena disputa por el control del relato sobre quién ha roto realmente los compromisos alcanzados.
El endurecimiento de la posición iraní llega además en un momento especialmente delicado para la vía diplomática. Fuentes citadas por la agencia semioficial Tasnim aseguran que Irán todavía no ha dado su consentimiento para una nueva ronda de negociaciones con Estados Unidos en Pakistán, pese a que Trump había adelantado el desplazamiento de una delegación norteamericana con la vista puesta en una hipotética reunión el lunes. Tasnim vincula esta negativa al mantenimiento del bloqueo naval y a lo que Teherán considera exigencias excesivas por parte de Washington.
Tensionada la vía diplomática
De acuerdo con esas mismas fuentes, la parte iraní ha trasladado a funcionarios estadounidenses, a través de un intermediario paquistaní, que la continuidad de las conversaciones exige contención por parte de EEUU y el fin de las sobreactuaciones políticas en plena negociación. Esa condición encaja con el clima de creciente desconfianza que ha marcado los últimos contactos entre ambos países. Reuters ya había informado hace días de que las conversaciones en Islamabad avanzaban entre altibajos, con exigencias cruzadas y fuertes diferencias sobre el programa nuclear iraní, la situación en Líbano y el control de Ormuz.
La crisis alrededor del estrecho se ha convertido en uno de los principales focos de inestabilidad de las últimas semanas. El viernes, Irán había comunicado que Ormuz quedaba “completamente abierto” al tráfico comercial, aunque ya entonces quedaban dudas sobre el grado real de libertad de paso, ya que Teherán seguía manteniendo capacidad de decisión sobre qué barcos podían cruzar y bajo qué condiciones. La marcha atrás de este sábado confirma que aquella apertura estaba lejos de consolidarse como una normalización estable.
La dimensión internacional del movimiento iraní es inmediata. La reimposición de restricciones sobre Ormuz ha reactivado la preocupación en los mercados energéticos y entre los gobiernos que dependen del tránsito seguro por esa vía. La disputa no solo afecta a Irán y Estados Unidos, sino que añade presión sobre una región ya marcada por la guerra y por la fragilidad de las treguas alcanzadas en otros frentes. Pakistán, que venía ejerciendo labores de mediación para mantener abierta una salida negociada, queda ahora en una posición más incómoda ante la falta de garantías sobre la próxima ronda de contactos.
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