El estrecho de Ormuz ha sido finalmente reabierto en su totalidad tras un mes y medio de conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Tras unos 45 días en los que no han dejado de sucederse las hostilidades, Teherán ha decidido abrir el paso más importante del petróleo mundial durante la tregua pactada con Washington y con la condición de que Israel respete el alto el fuego en el Líbano. Estados Unidos, por su parte, ha anunciado que lo bloqueará, motivos por los que la tensión no ha desaparecido del todo. En cualquier caso, la reapertura es una noticia hasta ahora sin precedentes y es el primer paso para la recuperación energética y petrolífera, con un largo camino por delante, tras el shock en el que se ha sumido el mundo desde el 28 de febrero.
Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán por primera vez en la citada fecha, el precio del crudo se encuentra ahora en sus registros más bajos. Ese es el punto de partida, pero el camino es muy largo y las consecuencias de lo ocurrido desde finales de febrero ya están sobre la mesa de manera irremediable. Todo el suministro de gas y petróleo perdido durante estas semanas, evidentemente, no se va a recuperar de la noche a la mañana. La reapertura, no obstante, ha ayudado a abaratar el precio de la energía en un momento en que la escasez de suministro amenazaba con volverse protagonista. Las refinerías están pagando unos 30 dólares adicionales sobre el precio de los futuros del brent a más corto plazo, una prima sin precedentes que escenifica la situación. Fluctuaciones mercantiles aparte, otra labor pendiente es reorganizar el tráfico marítimo en el estrecho, con unos 2.000 barcos atrapados desde el inicio del conflicto, retomar la actividad paralizada y reparar todas las instalaciones que han sido dañadas durante los ataques.
Debido a la enorme cantidad de tráfico bloqueado en el estrecho, Ormuz se puede convertir en los días venideros en un cuello de botella a gran escala. Unos 2.000 buques llevan allí paralizados más de un mes, y Teherán está intentando cooperar con la Organización Marítima Internacional y con Omán (el otro país de la ribera) para encontrar la manera de darle salida a los barcos organizadamente y sin peligro. "Evacuar los buques que se encuentran allí nos va a tomar unas semanas, para a partir de ahí restablecer nuevamente poco a poco el tránsito. Pero antes de la evacuación, hay que asegurarse de que no hay peligro de minas", aseguraba Arsenio Domínguez, secretario general de la citada organización. Se desconoce la existencia de las citadas minas, pero preocupan a las navieras.
Hasta doce semanas para una posible restauración completa del tránsito
Por su parte, la patronal de los armadores noruegos, una de las más poderosas del mundo, ha reconocido que seguirá habiendo problemas en las semanas venideras, con las minas como uno de los principales. "La limpieza de minas es un proceso extremadamente lento. Según fuentes navales, incluso en circunstancias pacíficas y cooperativas, abrir un canal con escolta podría llevar de 3 a 4 semanas, y una restauración comercial completa, entre 8 y 12 semanas", señalan expertos en las páginas de El País. Ahora, los buques que transiten el estrecho deberán confiar en que es lo suficientemente seguro como para atravesarlo, aún sin garantías para las navieras.
En cuanto al tránsito petrolero, cabe destacar que los primeros barriles que lleguen a puerto procedentes del golfo Pérsico serán de aquellos barcos que sigan las directrices establecidas por Teherán. Al pasar el punto caliente, quedará una travesía de otras tres semanas para llegar a Europa a través del Mar Rojo y el Canal de Suez, siempre y cuando no se rodee África, lo que añade otras dos semanas más al trayecto, y de entre tres semanas y un mes en llegar a Asia, con un mínimo de diez días de desplazamiento si el receptor es la India.
Por todo ello, el suministro mundial de petróleo y gas respira de alivio, aunque hay mucho trabajo por delante. La reapertura del Estrecho ha llegado en un momento que empezaba a ser crítico para el suministro y para el stock mundial. Ahora, los últimos buques que habían cruzado Ormuz antes de que estallara la guerra y que estaban atrapados ya están llegando a su destino en su totalidad y no hay más barcos con nueva carga pendiente de llegar a puerto. En números reales, el cierre de Ormuz supuso en marzo que llegaran al mercado energético mundial 10 millones de barriles de petróleo menos al día. Recuperar toda esa logística no es cuestión de un día: se espera que el recorte de suministro dure entre semanas y meses hasta recuperarse por completo.
El camino hasta recuperar la totalidad del suministro
La recuperación de la normalidad no pasa solo porque los barcos vuelvan a circular, sino también por reactivar las instalaciones que habían parado su producción tras haber superado sus capacidades máximas de almacenamiento. "El problema no termina con que los barcos pasen por el Estrecho. Hace falta que los buques entren al Golfo para cargar, que se vacíen tanques, que se reinicien pozos y refinerías. El daño a las infraestructuras es considerable", explica Molinero, que pone el foco en la reapertura de pozos. La AIE calcula que la mitad de los yacimientos cerrados en los países productores del golfo Pérsico podrían volver a la plena actividad en aproximadamente dos semanas y alcanzar el 80% en más o menos un mes. El último 20% sería lo que más tiempo llevaría, especialmente al tratarse de infraestructuras dañadas que podrían necesitar años para su reparación total.
Mientras todo vuelve a sus cauces normales, las economías europeas tirarán de sus reservas, pero con los ojos abiertos: "No hay escasez de combustible en la UE en estos momentos. Sin embargo, nos estamos preparando para una posible escasez de suministro de combustible para aviones", compartía este viernes Reuters de fuentes comunitarias, avisando también que si fuera necesario llevar a cabo una liberación coordinada de las reservas de combustible para aviones, lo harían. De hecho, la AIE ya acordó en marzo la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia con 400 millones de barriles, en un proceso que empezó durante la última semana de marzo y se prevé que continúe durante el mes de abril. Lo cierto es que este proceso no ha ayudado apenas a disminuir los precios del mercado, pero sí ha hecho las veces de colchón ante los problemas de abastecimiento por el cierre de Ormuz en un momento en el que Bruselas ha llegado a plantearse alternativas como la obligatoriedad de un día de teletrabajo a la semana o la reducción de las tarifas del transporte público.