El desastre electoral alcanzó una magnitud inesperada para el Partido Laborista británico después de los comicios del 7 de mayo, que hoy inició la carrera para encontrar un nuevo liderazgo tras la dimisión de Ed Miliband.

La mayoría absoluta de los conservadores, que no predijo ninguna encuesta, consuma la peor derrota para los laboristas desde la última reelección de Margaret Thatcher, en 1987, y echa por tierra sus expectativas de regresar al poder tras cinco años en la oposición.

Barones en la estacada
El escenario es especialmente desolador para el laborismo en Escocia, uno de sus feudos históricos en el Reino Unido, donde perdieron 40 de sus 41 escaños en favor de los independentistas del Partido Nacionalista Escocés (SNP). El descalabro golpeó a algunos de los nombres con más peso del partido, que quedarán fuera de la Cámara de los Comunes esta legislatura al no haber obtenido una mayoría en sus circunscripciones.

Es el caso del portavoz de Economía, Ed Balls, que aspiraba a dirigir uno de los ministerios más relevantes en un Gobierno de Miliband; el líder laborista en Escocia Jim Murphy, y el jefe de campaña del partido, Douglas Alexander, que fue derrotado por una candidata del SNP de 20 años en su distrito.

La comparación con Gordon Brown
Los 258 escaños que logró Gordon Brown en 2010, un resultado que apartó al laborismo del poder y se interpretó entonces como una dura derrota, han quedado en 232 tras la votación de este jueves -a falta de una circunscripción por escrutar-, un escenario que deja al partido prácticamente sin influencia en las votaciones en la Cámara de los Comunes esta legislatura. La derrota era ya un hecho a primera hora del día, si bien Miliband esperó hasta el mediodía para pronunciar un emotivo discurso de despedida que abre la carrera a su sucesión como líder del partido.

Miliband, de 45 años, que en 2010 superó a su hermano David como sustituto de Brown al frente de la formación, pidió perdón por la magnitud del fracaso que han deparado las urnas.
"Asumo total y absolutamente la responsabilidad de esta derrota y pido perdón a todos aquellos compañeros que han perdido sus escaños", afirmó.

"Debate abierto y honesto"
Su marcha da la razón a las críticas internas que desde meses antes de las elecciones ponían en duda la capacidad de Miliband para disputarle a David Cameron el puesto de primer ministro por su falta de liderazgo y de afinidad con el sector empresarial.

Al abandonar el puesto, aseguró que el laborismo "se ha recuperado en el pasado y volverá a hacerlo de nuevo", y apuntó que la formación necesita abrir un "debate abierto y honesto" para encontrar nuevos caminos.

Posibles sustitutos
Las especulaciones sobre su sucesión no se han hecho esperar. La diputada Elizabeth Kendall, de 43 años, que antes de entrar en política dirigió un servicio de ambulancias y diversas organizaciones relacionadas con la sanidad, aparece como una de las mejor situadas.

El portavoz de Negocios, Chuka Umunna, de 36 años y de padre nigeriano, aparece igualmente en las apuestas, lo mismo que Andy Burnham, de 45, portavoz de sanidad de la formación.
Los sindicatos, uno de los principales apoyos del Partido Laborista, serán una de las voces que jugarán un papel en la elección de un nuevo liderazgo.

El papel de los sindicatos
Durante los últimos cinco años, Miliband ha cumplido con la agenda de los principales sindicatos en asuntos como los derechos de los trabajadores, medidas fiscales y regulación financiera, si bien algunos líderes sindicales podrían reclamar cambios profundos en la dirección del partido.

El nuevo líder afrontará la ardua tarea de ganarse a los británicos desde la oposición en una larga legislatura que se prevé marcada por la promesa de Cameron de convocar un referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Guillermo Ximenis