El pasado 24 de febrero se cumplieron cuatro años desde el inicio de la guerra de Ucrania. Desde entonces, occidente ha desplegado un bloqueo comercial contra Rusia, aislando a la potencia dominada por Vladimir Putin, que ha afectado principalmente a las economías de la Unión Europea (UE) y se han destinado miles de millones de euros de los Presupuestos nacionales de los países de la OTAN a sostener el conflicto, extrayendo el dinero de otras partidas.
Un sacrificio justificado como defensa de la soberanía ucraniana y de su población que ha durado hasta que Estados Unidos (EEUU) ha decidido. La administración de Donald Trump ha detonado una crisis económica mundial por su ataque ilegal, en conjunción con Israel, contra Irán. El petróleo está por las nubes, y amenaza con encarecerse en mayor medida, y las materias primas rusas han dejado de estar prohibidas, en detrimento del apoyo inquebrantable a Ucrania. Así lo dicta el amo de occidente y la OTAN en su acto capitalista diario.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, bajo mando de Scott Bessent, ha dictado licencia para comprar petróleo ruso para "incrementar el alcance global al suministro existente". Moscú no es tan malo si su crudo puede evitar otra hecatombe en los mercados, desde donde las multinacionales empiezan a apretar al inquilino de la Casa Blanca, y la pérdida de popularidad entre la población, que afrontará próximamente las elecciones de medio mandatos con la soga de la inflación apretando su cuello.
Los presuntos aliados de Estados Unidos callan ante esta decisión unilateral contraria a la línea de actuación seguida para presionar a Putin en su ofensiva porque la compra de petróleo ruso es necesario para “ampliar el alcance global del suministro existente”. Si lo dice el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que “otorga una autorización temporal para que los países adquieran petróleo ruso actualmente varado en el mar", va a misa. La decisión ha sido comunicada por Bessent, el mismo que ha liderado las amenazas contra España por no apoyar la ofensiva ilegal.
"Esta medida, de alcance limitado y a corto plazo, se aplica únicamente al petróleo que ya está en tránsito y no aportará beneficios financieros significativos al Gobierno ruso", ha intentado blanquear Estados Unidos la decisión, asegurando que Rusia "obtiene la mayor parte de sus ingresos energéticos de los impuestos aplicados en el punto de extracción". La Casa Blanca es incapaz de asumir las consecuencias de la guerra que ha provocado, una más dentro de una larga lista, y prefiere echar balones fuera y asegurar que todo marcha según lo previsto.
Es más, el adorador colocado por el amigo de Jeffey Epstein al frente del Tesoro asegura que las cosas van mejor. "Las políticas energéticas del presidente (Donald) Trump han impulsado la producción de petróleo y gas de Estados Unidos a niveles récord (se desconoce si suma el crudo robado a Venezuela), lo que ha contribuido a la reducción de los precios del combustible para los estadounidenses trabajadores", ha ensalzado Bessent, pese al pronunciado aumento en los precios del crudo, que ya ha afectado a los carburantes con una evolución de precios que ha llegado a superar los 100 dólares el barril.
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