El inicio de 2026 ha vuelto a colocar a Europa en una posición incómoda en el escenario internacional. A los movimientos de Estados Unidos en Venezuela se han sumado en las últimas semanas las declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia, un territorio que pertenece a Dinamarca y que forma parte del entramado político y defensivo europeo. Dos episodios distintos, pero conectados, que han llevado al diario francés Le Monde a fijar su atención en la respuesta -o la falta de ella- de los líderes europeos.
En un artículo de análisis, el rotativo francés se ha preguntado hasta qué punto Europa está preparada para afrontar un contexto internacional cada vez más marcado por la unilateralidad de Washington. Groenlandia aparece como un caso especialmente delicado: se trata de un territorio estratégico, vinculado a un país miembro de la OTAN, sobre el que Trump ha vuelto a expresar abiertamente su interés.
Le Monde ha recordado que este tipo de escenarios no son completamente nuevos. En 2019, el presidente francés Emmanuel Macron sorprendió a sus aliados al hablar de la “muerte cerebral” de la OTAN, una afirmación que entonces fue recibida con escándalo y que Trump calificó de “insultante” y “muy peligroso”. Seis años después, con la guerra de Ucrania como telón de fondo y con Estados Unidos planteando abiertamente su interés sobre un territorio europeo, aquella advertencia ha vuelto a cobrar más fuerza que nunca.
La reacción europea, bajo la lupa
El diario francés ha puesto el foco en la respuesta de las capitales europeas ante los últimos movimientos de Washington. Según Le Monde, las reacciones institucionales han sido prudentes y medidas, tanto tras lo ocurrido en Venezuela como ante las declaraciones sobre Groenlandia. Una cautela que, a ojos del medio, refleja el difícil equilibrio que intenta mantener Europa entre la defensa del derecho internacional y su dependencia de Estados Unidos para su defensa.
En este contexto, Le Monde ha recogido las palabras de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien ha advertido de que cualquier intento de intervención estadounidense en Groenlandia supondría “el fin” de la propia OTAN. Dinamarca, además, ha reiterado que la isla no está en venta y que cualquier decisión sobre su futuro debe respetar el marco legal vigente.
El análisis también ha subrayado que la cuestión de fondo va más allá de Groenlandia. Para el diario francés, la dificultad de Europa para articular una política de defensa común, sólida y creíble es casi ya una verdad absoluta.
Lejos de plantear escenarios de ruptura inmediata, Le Monde ha descrito un momento de transición incierta. Estados Unidos mantiene su peso central en la arquitectura de seguridad occidental, y mientras tanto, Europa observa, mide sus palabras y trata de ganar tiempo.
El caso de Groenlandia, ha concluido el medio francés, no es solo una cuestión territorial o diplomática, sino un reflejo de la “abrumadora tarea de superar sus divisiones internas” y del lugar que Europa ocupa -y quiere ocupar- en un mundo cada vez más inestable.