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Haley Stevens había prometido apoyar al candidato que ganara las primarias demócratas de Michigan. El domingo, a menos de 48 horas de las elecciones legislativas de Estados Unidos, apareció junto al republicano Mike Rogers en una iglesia de Detroit y anunció que votaría por él. Apenas tres meses antes había perdido frente a Abdul El-Sayed por menos de un punto porcentual. La derrota no había cerrado las heridas de una de las primarias más disputadas del Partido Demócrata. El apoyo al candidato de Donald Trump terminó por dejarlas al descubierto.
Stevens justificó su decisión por sus diferencias con El-Sayed y por sentirse excluida de su campaña. El anuncio provocó la dimisión de varios de sus colaboradores y una dura reacción de la dirección demócrata, que respaldó al candidato elegido por sus votantes. Mientras su antigua rival compartía banco con Rogers en la Perfecting Church de Detroit, El-Sayed participaba en otro acto religioso acompañado por dirigentes de su partido. Preguntado por la polémica, aseguró que estaba más interesado en los problemas de los habitantes de Michigan que en sus disputas personales. La escena, reconstruida por Associated Press, resumía una contradicción que ha acompañado al candidato durante toda su carrera: el hombre que quiere transformar el Partido Demócrata ha terminado enfrentándose también a una parte de quienes deberían compartir su proyecto político.
A los 42 años, El-Sayed aspira a convertirse en el primer musulmán elegido senador en Estados Unidos. Es hijo de inmigrantes egipcios, estudió Medicina en la Universidad de Columbia, obtuvo una prestigiosa beca Rhodes para investigar en Oxford y dirigió los servicios de salud pública de Detroit. También es uno de los representantes de la nueva izquierda estadounidense, respaldado por Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. Sin embargo, su biografía no encaja del todo en la imagen convencional del dirigente antisistema. Ha trabajado dentro de las instituciones, colaborado en espacios programáticos vinculados a Joe Biden y defendido que el capitalismo puede reformarse. Su enfrentamiento con la dirección demócrata no comenzó como una ruptura con el partido, sino como una disputa sobre lo que este debería representar.
Nació el 31 de octubre de 1984 en Rochester Hills, una localidad de Michigan situada en el área metropolitana de Detroit. Su padre, Mohamed, había emigrado desde Egipto para continuar sus estudios de Ingeniería en Estados Unidos. Sus padres se separaron cuando Abdul era pequeño y creció principalmente con su padre y su madrastra, Jacqueline, estadounidense con raíces familiares en Michigan. En su infancia convivieron la identidad musulmana de su familia, las aspiraciones de los inmigrantes que buscaban oportunidades en Estados Unidos y la realidad social de una región cuya prosperidad dependía en buena medida de la industria del automóvil.
Su expediente académico fue excepcional. Estudió Biología y Ciencias Políticas en la Universidad de Michigan, donde también practicó deporte universitario. Después llegó Oxford, donde se doctoró en salud pública, y finalmente Columbia, donde obtuvo el título de Medicina en 2014. No completó la residencia ni llegó a ejercer la medicina clínica con licencia. Su carrera había tomado otra dirección: la epidemiología y el estudio de las condiciones que determinan la salud de poblaciones enteras. La distinción no es menor. El-Sayed dejó de interesarse exclusivamente por cómo tratar las enfermedades para preguntarse por qué determinadas comunidades enfermaban más que otras.
Durante una entrevista explicó que las diferencias en la esperanza de vida podían observarse tanto viajando miles de kilómetros hasta el Egipto de su familia como desplazándose unos minutos entre barrios de Michigan. La geografía, los ingresos y las oportunidades podían anticipar cuánto viviría una persona. Aquella preocupación terminó convirtiéndose en el eje de su carrera profesional y, años después, en el principal argumento de su discurso político. En uno de los países más ricos del mundo, sostiene, enfermar puede convertirse también en una condena económica.
La enfermedad de Detroit
En 2015, cuando tenía 30 años, El-Sayed asumió la dirección del Departamento de Salud de Detroit. La ciudad acababa de atravesar la mayor bancarrota municipal de la historia de Estados Unidos y sus servicios públicos habían sufrido años de recortes y transformaciones. El nuevo responsable sanitario tuvo que participar en la reconstrucción de un departamento debilitado, en una ciudad donde los problemas de salud estaban estrechamente relacionados con la pobreza, el deterioro de las viviendas y la contaminación.
Su gestión incluyó programas relacionados con la exposición infantil al plomo, la atención sanitaria escolar y la prevención de enfermedades. Más adelante, entre 2022 y 2025, dirigió el Departamento de Salud, Servicios Humanos y Veteranos del condado de Wayne, una administración que presta servicios a aproximadamente 1,8 millones de habitantes. Desde allí impulsó, entre otras iniciativas, la distribución de naloxona para prevenir muertes por sobredosis y un programa destinado a reducir el endeudamiento de familias que no podían afrontar sus facturas médicas.
Uno de sus proyectos más conocidos fue precisamente el de la deuda sanitaria. El condado puso en marcha, junto a una organización especializada, un mecanismo para adquirir y cancelar obligaciones médicas pendientes de personas con dificultades económicas. El objetivo anunciado era eliminar hasta 700 millones de dólares de deuda, aunque esa cifra correspondía al potencial del programa y no al importe efectivamente cancelado cuando El-Sayed comenzó a utilizarlo como argumento electoral. La diferencia fue objeto de una verificación del Detroit Free Press, mientras que el condado de Wayne mantiene información oficial sobre su funcionamiento.
La experiencia en Detroit terminó de definir su idea de la política. El-Sayed comenzó a defender que los problemas sanitarios no podían abordarse únicamente desde los hospitales, porque también dependían de decisiones presupuestarias, políticas laborales y sistemas de protección social. Esa convicción lo llevó a abandonar la administración sanitaria y presentarse en 2018 a las primarias demócratas para gobernador de Michigan. Perdió frente a Gretchen Whitmer, que posteriormente ganó las elecciones estatales. Su primera incursión electoral terminó en derrota, pero le permitió construir una organización política y ganar visibilidad dentro del espacio progresista.
El apoyo de Bernie Sanders durante aquella campaña contribuyó a identificarlo con la izquierda del partido. El-Sayed defendía una sanidad universal, una mayor intervención pública para reducir las desigualdades y medidas fiscales dirigidas a las grandes fortunas. No obstante, su relación con el Partido Demócrata siguió siendo más compleja que la de un simple opositor al aparato. En 2020 participó en el grupo de trabajo sobre sanidad impulsado por los equipos de Joe Biden y Sanders, una iniciativa destinada a acercar las posiciones de las distintas corrientes del partido.
Su proyecto actual mantiene buena parte de aquellas prioridades. Defiende el sistema conocido como Medicare for All, con el que pretende garantizar cobertura sanitaria universal y sustituir la dependencia de los seguros privados. También propone aumentar la tributación de las grandes fortunas, limitar la influencia del dinero empresarial en las elecciones y reforzar la inversión en vivienda, educación y servicios públicos. En una entrevista con David Remnick para The New Yorker, explicó que se considera capitalista, pese a compartir muchas propuestas con el socialismo democrático de Sanders. Su objetivo declarado no es acabar con el mercado, sino modificar las reglas que, a su juicio, permiten que sus beneficios se concentren en una minoría.
Ganar unas primarias no significa ganar al partido
El 4 de agosto de 2026, El-Sayed consiguió lo que no había logrado ocho años antes: derrotar a una candidatura respaldada por sectores influyentes del Partido Demócrata. Se impuso a Haley Stevens con el 48,5% de los votos frente al 47,5%, una diferencia de menos de 15.000 papeletas. La congresista contaba con el apoyo de importantes dirigentes y con una intensa inversión publicitaria de organizaciones externas, mientras El-Sayed había construido su campaña alrededor de los votantes progresistas y del respaldo de figuras como Sanders y Ocasio-Cortez.
La victoria fue importante, pero no resolvió las divisiones. Michigan es un estado decisivo en las elecciones estadounidenses, con una población diversa y un electorado que incluye a trabajadores industriales, comunidades afroamericanas, votantes suburbanos y una importante población árabe-estadounidense. Trump ganó allí las presidenciales de 2024. Para los demócratas, conservar el escaño que deja vacante Gary Peters supone un objetivo relevante en la disputa por el control del Senado.
En ese escenario, la guerra de Gaza se convirtió en uno de los principales motivos de enfrentamiento. El-Sayed ha calificado de genocidio la actuación militar israelí y defiende poner fin a la asistencia militar estadounidense a Israel. Stevens, por el contrario, mantiene una posición de apoyo al aliado de Washington. Las diferencias se agravaron durante las primarias, alimentadas por la actividad de grupos de financiación electoral y por la controversia sobre la influencia de las organizaciones favorables a Israel en la política estadounidense.
El candidato progresista también ha afrontado críticas por su relación política con el comentarista Hasan Piker y por unas declaraciones posteriores al ataque perpetrado en marzo contra una sinagoga de Michigan. El-Sayed condenó expresamente aquel atentado, pero añadió reflexiones sobre el ciclo de violencia en Oriente Próximo que algunos representantes de la comunidad judía interpretaron como un intento de contextualizar de manera inapropiada la agresión. Posteriormente se disculpó por esas palabras. Una verificación de PolitiFact consideró mayoritariamente falsa la acusación republicana de que no había condenado el ataque. La controversia, sin embargo, continuó presente durante la campaña.
Al mismo tiempo, El-Sayed ha denunciado ataques relacionados con su identidad musulmana. Trump llegó a vincularlo sin pruebas con los Hermanos Musulmanes, mientras su rival republicano, Mike Rogers, cuestionó públicamente aspectos de sus antecedentes familiares. El candidato rechazó las acusaciones y denunció que se estaba utilizando su origen para sembrar sospechas sobre sus convicciones políticas. La campaña dejó así de girar únicamente alrededor de sus propuestas económicas para incorporar debates sobre religión, antisemitismo, islamofobia y política exterior.
La ruptura definitiva con Stevens llegó durante el último fin de semana antes de las elecciones. Una campaña publicitaria de un grupo progresista independiente, que relacionaba el apoyo económico estadounidense a Israel con el encarecimiento de la vida, provocó nuevas acusaciones de antisemitismo. El-Sayed se distanció expresamente de su contenido, pero las tensiones ya habían alcanzado también al acto de unidad que estaba previsto para el domingo. Stevens terminó anunciando su respaldo a Rogers.
La decisión sacudió al partido. Chuck Schumer, líder de los demócratas en el Senado y antiguo partidario de Stevens, reafirmó su apoyo a El-Sayed y condenó el cambio de posición de la congresista. Los responsables demócratas de Michigan también rechazaron su decisión, mientras algunos miembros de su equipo presentaban su dimisión. Según informó Associated Press en su seguimiento de la jornada electoral, la campaña de El-Sayed comunicó que había recaudado 2,4 millones de dólares durante el domingo, en medio de la movilización provocada por la polémica.
El-Sayed llega así a las elecciones del 3 de noviembre con una candidatura que refleja buena parte de los debates abiertos dentro del Partido Demócrata. Su trayectoria combina la gestión pública con la crítica al sistema económico, la influencia de Sanders con una defensa explícita del capitalismo reformado y la voluntad de ampliar la base progresista con conflictos que dificultan la unidad electoral.
En Detroit, donde comenzó su carrera como responsable sanitario, ha descubierto que las divisiones políticas pueden resultar más difíciles de cerrar que las administrativas. Ganó el derecho a representar al Partido Demócrata, pero no consiguió que todos sus dirigentes aceptaran la misma candidatura. Este martes se enfrenta a Mike Rogers con el control de un escaño del Senado en juego y con una paradoja que ya forma parte de su biografía: para llegar a Washington, Abdul El-Sayed ha tenido que disputar dos batallas electorales, una contra los republicanos y otra dentro de su propio partido.
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