[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"34218","attributes":{"class":"media-image alignleft size-medium wp-image-171178","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"129","height":"184","alt":"Patricia Hern\u00e1ndez, diputada PSOE"}}]]Señor Rajoy, ¿en qué país vive usted? Esta frase, con la que empezaba Rubalcaba su intervención, resume lo que sentimos escuchando al presidente del Gobierno en el Debate del Estado de la Nación.

Escuchando lo feliz que estaba con la situación del país del que es presidente no me parecía que el país del que hablaba fuera España. Un presidente ebrio de triunfalismo, agarrándose a la prima de riesgo (que ha bajado en toda Europa) o al aumento del turismo (fruto de la mejora de toda Europa), que manipula los datos de las exportaciones (que crecen, pero menos que en 2010 o 2011) y es incapaz de hacerse responsable de sus medidas, de sus políticas ni de las consecuencias que estas han tenido y tienen en la vida de la gente.

Un presidente que oculta su responsabilidad por un balance que deja menos empleo, menos crédito para las familias y empresas y 250.000 millones de euros más en deuda. Estadísticas que manipula para no ver y no hablar de las personas que sufren por las medidas de cada uno de sus Consejos de Ministros. Personas a las que sus decisiones han dejado hoy con menos derechos, con menos oportunidades, desprotegidos... Me refiero a desempleados, trabajadores, mujeres, estudiantes, pensionistas, dependientes...

Ellos y ellas no estaban en su discurso. No les dedico ni un segundo de su tiempo a hablar de educación, de su reforma ideológica, de su opción por la escuela privada. Ni un segundo dedicado a los becarios o ex becarios, nada para justificar el "hachazo" a la igualdad de oportunidades, nada para los que han tenido que dejar de estudiar porque les retiraron la beca.
Ni un segundo tampoco dedicado a la sanidad. Una sanidad que con Rajoy ha dejado de ser universal y gratuita. Ni un segundo para el copago de los pensionistas, ni tampoco para el copago de los enfermos crónicos, que necesitan el tratamiento para vivir.
Ni un segundo para dependencia. Ni media palabra para la precariedad en el empleo. Nada para aquellos que a pesar de tener trabajo no pueden encender la calefacción. Nada para los casi 2 millones de hogares con todos los miembros de la familia en paro. Ni una palabra sobre desahucios. Ni un segundo para hacerse responsable del aumento de las desigualdades en España; es más, ni un segundo para hablar de esas desigualdades. Tampoco un segundo para hablar de violencia de género, diferencias salariales o el derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo.

Para él todo es fantástico y maravilloso, un Rajoy metido en el papel de propagandista oficial del reino que al tiempo que afirma que nos estamos recuperando, congela el salario mínimo Interprofesional y le quita a los jóvenes, a los que expulsa del país por falta de oportunidades, el derecho a la sanidad.

Un Rajoy que sigue haciéndole oposición a Zapatero 27 meses después de llegar a La Moncloa y más de un millón de puestos de trabajo destruidos desde que empezó a vivir allí. Un señor que celebra que los jóvenes se vayan a Alemania porque así en España tendremos menos parados; jóvenes que igual le votaron; jóvenes a los que prometió que con él se crearían puestos de trabajo y que hoy hacen la maleta mientras Rajoy les señala Barajas o El Prats.

Es un balance desastroso, que avergonzaría a cualquiera que no estuviera rodeado de pelotas que le impiden ver la realidad. Tanto que este presidente llegó a presumir, de forma indecente, de que en España hay menos docentes, sanitarios, policías, asistentes sociales, bomberos.... que cuando él llegó. Mucho tendrá que avanzar este país para llegar al punto de partida en el que Rajoy tomó el mando, prometiendo que la cosa mejoraría.

Hoy con más de 1 millón de puestos de trabajo destruidos bajo su mandato, trabajadores y trabajadoras sin convenio colectivo, los sueldos de estos desplomándose mientras suben los de sus jefes, dependientes abandonados a su suerte, una sanidad que no es ya universal y en la que cobran a los pensionistas o por el tratamiento a los crónicos, un sistema educativo elitista y segregador, unas tasas universitarias disparatadas y unas becas reducidas a la mínima expresión, un país que cuestiona el derecho a decidir de las mujeres sobre su maternidad, un país que se ha colocado a la cabeza de Europa en desigualdad escucha como el presidente se su país se siente orgulloso del balance que presenta.

Patricia Hernández es diputada socialista en el Congreso

En Twitter es @PatriciaHdezGut