Mariano Rajoy ha gobernado a golpe de decretazos y en la mayoría de las ocasiones en contra del resto de los grupos con representación parlamentaria, tanto que el presidente popular ha marcado nuevo récord al usar en un 34% de las iniciativas legislativas esta fórmula, prevista para casos de necesidad “extraordinaria”.

Sí es cierto que Rajoy no supera demasiado a José María Aznar en cuanto a decretos ley se refiere, ya que el expresidente llevó adelante un 33% de decretos ley; durante su primera legislatura aprobó 85 decretos, pero también 173 proyectos de ley.

La justificación del Gobierno
El Gobierno alega que se ha visto obligado a usar este recurso por la situación económica, que requería reformas urgentes. El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, ha justificado, en declaraciones a El País, que “la situación del país era terrible cuando llegamos, tuvimos que poner en marcha muchas reformas, en parte por las exigencias europeas pero sobre todo por la situación económica”. Lo cierto es que la imposición de leyes por decretos ley o apoyándose en su mayoría absoluta ha sido la evidencia de una manera de hacer durante la legislatura de Mariano Rajoy. Su Gobierno ha aprobado 73 decretos-ley sobre un total de 143 proyectos de ley, según datos recogidos por El País.

Sin posibilidad de enmiendas
La Constitución establece que los decretos ley deben usarse en casos de “extraordinaria y urgente necesidad” e impide que se pueda legislar a través de esta fórmula en temas como “las instituciones básicas del Estado, los derechos, deberes y libertades de los ciudadanos, el régimen de las comunidades autónomas y el derecho electoral general”.

Este tipo de decretos es sometido a debate y votación al mes de ser promulgados y los grupos en la oposición no pueden presentar enmiendas, como ocurre con la tramitación habitual de leyes, que suele discurrir en un plazo mínimo de seis meses.

Para la secretaria de Ciencia, Participación y Política en Red del PSOE y diputada, María González Veracruz, el PP ha hecho “un mal uso democrático” al “ huir de los debates a base de un procedimiento exprés. Es la antítesis del buen parlamentarismo y de la separación de poderes”.