No hay lugar a dudas, desde hace tiempo la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones para los españoles. El acceso a un hogar se torna cada vez más complicado, bien sea para alquiler o para compra. Disponer de un techo comienza a tornarse un lujo para muchos y para otros tantos, que lo tienen, es un gran gasto que condiciona mucho su día a día.
Se trata de una problemática que requiere de soluciones inmediatas, una actuación rápida que comience a ofrecer respuestas efectivas. Para profundizar en este asunto y ahondar en posibles vías de trabajo que puedan abrirse para abordar la situación, ElPlural.com charla hoy con Rafael Angulo, presidente de Metropolitan House, empresa catalana comprometida con facilitar el acceso a la vivienda y promocionar los hogares sostenibles.
Un plan de choque para producir vivienda
Según Rafael Angulo, el principal problema del mercado inmobiliario español no es otro que la falta de oferta. “Hay que producir vivienda y hacerlo rápido”, resume. A su juicio, España necesita un auténtico plan de choque que movilice todos los recursos disponibles, especialmente el suelo público que hoy permanece, tal y como dice, ocioso. El presidente de Metropolitan House reprocha que existen terrenos públicos sin desarrollar durante años, así como planes parciales aprobados que nunca llegan a ejecutarse. Mientras tanto, la demanda crece. Solo se construyen en torno a 100.000 viviendas al año, cuando la creación de nuevos hogares roza los 200.000. “Vamos directos al desastre”, advierte.
Su propuesta pasa por activar de inmediato ese suelo, agilizar la tramitación administrativa y centrar el esfuerzo en vivienda protegida, tanto en alquiler para jóvenes como en fórmulas de acceso a la propiedad a través de cooperativas en derecho de superficie.
Vivienda protegida: rentabilidad razonable y riesgo mínimo
Frente al modelo especulativo que ha caracterizado parte del mercado en décadas anteriores, Angulo reivindica la vivienda de protección oficial (VPO) como una “cultura empresarial” distinta. En este segmento, los precios están regulados y los márgenes son más ajustados, pero también el riesgo es mucho menor. “La vivienda libre puede dar grandes beneficios, pero en las crisis son los primeros en quebrar”, explica. En cambio, la vivienda social mantiene la demanda incluso en contextos adversos. Por eso, considera que cada vez más promotores empiezan a ver en este ámbito una oportunidad estable, aunque menos lucrativa.
Desde Metropolitan House apuestan por un modelo dual que combine un alquiler asequible para jóvenes de hasta 40 años, con rentas estimadas entre 400 y 600 euros mensuales, y el acceso progresivo a la propiedad para familias, de modo que al llegar a la jubilación tengan la vivienda pagada y no dependan de la pensión para afrontar un alquiler.
Fundaciones, universidad y compromiso social
Angulo defiende que su apuesta no es solo empresarial, sino también social. La compañía ha creado una fundación que canaliza el 2,5% de los ingresos de cada promoción, porcentaje al que se suman aportaciones de arquitectos, proveedores y constructoras que colaboran con la firma. Entre sus iniciativas destaca la financiación de una cátedra de vivienda digna y sostenible en la Universitat Pompeu Fabra, centrada en investigación sobre industrialización, construcción en madera y mejora de procesos. El objetivo es contribuir a abaratar costes y mejorar la calidad y sostenibilidad del parque residencial.
Sin embargo, reconoce que incluso la VPO se ha encarecido hasta niveles difíciles de asumir para trabajadores medios. En ciudades como Madrid o Barcelona, la entrada puede situarse en torno a los 90.000 euros. Ante esa barrera, la empresa ha impulsado también un fondo de infraestructuras para vivienda social en alquiler, Genius Insulae, destinado exclusivamente a este segmento.
“El barraquismo del siglo XXI”
La parte más dura de su diagnóstico llega cuando describe la realidad de muchos barrios. Angulo asegura que en zonas de Madrid como Tetuán, Vallecas, Carabanchel o Villaverde y en áreas similares de otras grandes ciudades se ha normalizado que una familia viva en una sola habitación dentro de pisos compartidos.
“Eso es el barraquismo del siglo XXI”, afirma. Tal y como subraya, si en el siglo pasado las infraviviendas eran barracas visibles en la periferia, hoy el fenómeno permanece oculto tras fachadas convencionales. En pisos de dos o tres habitaciones pueden convivir varias familias, cada una pagando entre 400 y 600 euros por cuarto. Además, alerta del auge del subarrendamiento: inquilinos que alquilan una vivienda completa y realquilan habitaciones a terceros, generando un mercado paralelo difícil de controlar. Para Angulo, perseguir estas situaciones no basta; la única solución real es aumentar drásticamente la oferta de vivienda asequible, que las familias puedan tener hogares y que no se les vaya toda su capacidad económica en ello.
Trámites lentos y aversión a construir
El presidente de Metropolitan House también critica la lentitud administrativa. Explica que obtener una licencia puede demorarse hasta dos años, con respuestas a consultas técnicas que tardan meses. A ello se suma, en su opinión, una cierta “aversión” social y política a la construcción residencial, incluso cuando los proyectos cumplen la legalidad y llevan décadas aprobados.
“Necesitamos colaboración y seguridad jurídica”, reclama. Asegura que existe interés empresarial en desarrollar vivienda social si las condiciones son estables y el beneficio es razonable, pero advierte que ninguna compañía por sí sola puede resolver un déficit que ya se cuenta por cientos de miles de hogares.
Más vivienda, más economía
Para Angulo, el impacto de una vivienda asequible trasciende lo habitacional. Si una familia destina el 50% o el 60% de sus ingresos al alquiler, apenas queda margen para consumo. Reducir ese esfuerzo al 25% o 30% liberaría recursos para otros bienes y servicios, impulsando la economía local y el empleo.
“Si no actuamos, esto estallará”, concluye. Su mensaje es una llamada a gobiernos, empresas y sociedad para abordar de forma conjunta una emergencia que, sostiene, ya está aquí.