Ramiro García de Dios dejó muchos amigos por el camino y, también es sabido, algún que otro enemigo a lo largo de su holgada trayectoria como juez. Nacido en Palma de Mallorca, en 1946, durante su recorrido al frente del Juzgado de Instrucción Número 6 de Madrid lo consagró como uno de los magistrados más reconocidos en el sistema español.

Fue galardonado por organizaciones en favor de los derechos humanos, como la Asociación Pro derechos Humanos de España (APDHA), en 2016, y destacó, entre otras cosas, como impulsor de garantías de las personas migrantes encerradas en los CIE. Esto último provocó las críticas de estamentos policiales.

Ahora, a pesar de estar jubilado, sigue muy de cerca lo que pasa en nuestro país y en el mundo, también como miembro de Juezas y Jueces para la democracia. Y en lo estrictamente judicial, dentro de nuestras fronteras, pocas cosas más actuales que la investigación que desde hace ya varios años se cierne sobre Begoña Gómez, con un nombre que destaca sobre cualquier otro: Juan Carlos Peinado.

El magistrado cerraba esta semana la instrucción a la mujer de Pedro Sánchez imputándola formalmente por cuatro delitos -tráfico de influencias, malversación, corrupción en los negocios y apropiación indebida- en relación a la cátedra que codirigió en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y proponiendo juzgarla ante un jurado popular.

"Arbitrario y atrabiliario"

Hasta llegar a esta resolución, cuyo auto tampoco está exento de polémica, del juez Peinado se ha acusado su tono, su redacción e, incluso, que copiara y pegara de otras fuentes algunas de sus argumentaciones. ElPlural.com se ha dirigido a García de Dios para saber si alguno de estos aspectos es habitual en el mundo de la jurisprudencia, y la respuesta es contundente, en el tono al que acostumbra: Rotundamente no.

Por el contrario, la persona que nos atiende al otro lado del teléfono considera que la manera de proceder de Peinado se corresponde con una “mezcla de arbitrariedad” y de “mala fe”, además de considerar que el magistrado es una persona “limitada intelectualmente”. “Escribe mal incluso, es farragoso, la mayoría de las veces no motiva y no sabe lo que son indicios”, justifica.

Poniendo por delante que, en el momento de redacción de estas líneas, no ha tenido oportunidad de leer el último auto, el que concluye la instrucción hacia la esposa de Sánchez, asume que basta con centrarse en el modus operandi que ha seguido en todo este tiempo para apreciar sus intenciones.

“Para mí traza un punto de cacería en relación con la señora Begoña Gómez y dispara distintos puntos de escopeta para ver qué disparo es el que puede hacerle más daño, bien a ella, bien al presidente del Gobierno, bien a la imagen del PSOE”, relata.

El resumen está claro: “Es un juez fundamentalmente arbitrario, atrabiliario y un gran ignorante”. “A mí lo que me llama la atención es que la sección 23 de la Audiencia Provincial no le haya echado abajo definitivamente esta instrucción, no solo errática, sino arbitraria y atrabiliaria”, que escapa, dice, a toda lógica.

Menciona en su explicación que, si bien este órgano “le da de vez en cuando algún pellizco de monja”, termina amparándolo; y defiende su tesis con, emplaza, conocimiento de causa, ya que por lo que él ha convivido con el estamento, éste obedecería a una mezcla de burocracia, astucia y autoritarismo, siempre en palabras del ex magistrado.

"Hace política de la peor política"

En lo que respecta al auto actual, preguntado por este periódico directamente por la comparativa que Peinado establece con Fernando VII, García de Dios lo concibe como un exabrupto más: “Es una auténtica aberración, porque no viene a cuento que en una resolución judicial se haga esa pirueta”.

“Se remonta a Fernando VII como queriendo comparar el sistema actual de Gobierno de Pedro Sánchez y de coalición con uno absolutista”, destaca, afeando que esté “haciendo política de la peor política” y estableciendo una última distinción: “Una cosa es hacer política judicial en una resolución, que lo que hace es operar con las técnicas de garantías, de racionalidad analítica (…) Pero en este caso, todo esto lo desconoce”.

“Lo peor es que para mí es un ignorante metido en Plaza Castilla y jaleado por una gran parte del universo mediático. Me temo que la Audiencia Provincial no lo va a parar. Ojalá le echara abajo la resolución, pero me temo que no”, concluye.

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