Ha comenzado en la Audiencia Nacional el juicio por el caso Kitchen, y en el Partido Popular quieren, a toda costa, restarle importancia. Los discursos de Génova pasan esta semana por los malabares verbales para desvincularse la trama político-policial investigada, urdida desde el Ministerio del Interior durante el Gobierno de Mariano Rajoy para robar información sobre la corrupción del PP. Desde este lunes, parece que la corrupción de hace trece años no es cosa de uno de los principales partidos del Estado, que se empeña en enfocar el tiro en el PSOE, que verá desfilar por el Supremo desde este martes al exministro José Luis Ábalos y parte de su cúpula en el juicio por el caso Koldo.

Pero esta música no es nueva, son los mismos argumentos que en el PP se han tenido que repetir a sí mismos una y otra vez en los últimos años, a medida que iban aflorando las tramas de corrupción. Este lunes se escucharon en boca del vicesecretario Juan Bravo, que aseguraba que "El PP de 2026 no es Kitchen ni Gürtel, y el PSOE de 2026 no es Filesa", tirando hacia atrás a uno de los casos de corrupción del Gobierno socialista de Felipe González. El popular aseguraba también que estas tramas "ya tuvieron consecuencias" porque Rajoy perdió la presidencia por ellas.

El mensaje lo reforzó más tarde Isabel Díaz Ayuso, que dijo que el PP actual "no tiene nada que ver" con el que urdió la Kitchen hace una década. Mismo mantra, el de restar importancia al juicio porque "estamos hablando de algo de hace 13 años". La presidenta de la Comunidad de Madrid desvió también la atención a Ferraz por el caso Koldo, asegurando que los socialistas "intentarán empatar" con ellos, como si su estrategia no fuera exactamente la misma, la de tapar un juicio por corrupción con otro.

Estos argumentos que se escuchan hoy de la estructura de Alberto Núñez Feijóo con la Kitchen, son los mismos que se escuchaban este verano, cuando se conoció la investigación al exministro Cristobal Montoro. Y también los emplearon Pablo Casado, Ayuso o José Luis Martínez-Almeida para defenderse de la Gürtel. Lo que pretenden hacer pasar por salvavidas, que los casos investigados décadas después de que ocurran no son cosa suya, solo evidencia dos cosas. Por un lado, que la Justicia se da más o menos prisa en según qué casos, y por otro, que al PP le pone muy nervioso no poder desempatar en casos de corrupción.

Los siete años de investigación del caso Montoro

El guion que Génova ha sacado esta semana no tenía mucho polvo. El pasado mes de julio, un juez de Tarragona reveló la investigación al exministro de Hacienda, también durante el Gobierno de Rajoy, Cristobal Montoro, por amañar leyes desde el Ministerio para favorecer a empresas gasísticas clientes de su despacho, Equipo Económico, a cambio de comisiones. El magistrado apuntó a una trama que infectó todo el área de Hacienda entre 2012 y 2018, años en los que Montoro ocupaba la cartera. La imputación al exministro se conoció a través de los medios siete años después de arrancar la investigación, después de que el juez la hubiera mantenido bajo secreto para evitar filtraciones.

Y a eso se tuvieron que agarrar en el PP, a lo mismo que ahora. Génova trató en verano de defender que lo que ocurrió entre 2012 y 2018, y que los jueces habían tardado siete años en hacer público, no sirve para atacarles ahora porque ya no queda nadie de la época de Rajoy en el partido. Poco tardó el vicesecretario Elías Bendodo en salir a decir que Montoro "no tiene nada que ver con Feijóo ni con el PP actual", y a pedir al PSOE "prudencia y no intentar vincular al presidente Feijóo con un puesto de hace casi 10 años".

Bendodo también tiró entonces de comparación con los socialistas para tratar de salvar a su partido, con palabras idénticas a las que usa Juan Bravo ahora: "En nuestro ánimo de no hacer el ridículo no se nos ocurriría culpar a Pedro Sánchez ni de Filesa ni de la crisis económica que hubo durante la presidencia de Rodríguez Zapatero", dijo en julio. "El partido del marido de Begoña Gómez, del yerno de Sabiniano Gómez, del hermano de David Azagra, del jefe en el Gobierno de José Luis Ábalos y del jefe en el PSOE de Santo Cerdán parece, estamos viendo, que se muestra preocupadísimo por la imputación" de Montoro, defendió.

La eterna Gürtel que ya amenazaba a Casado

Pero la corrupción y los tiempos de la Justicia sirven como argumento al PP desde antes de que lo empezara a presidir Alberto Núñez Feijóo. El caso Gürtel, el de la financiación irregular del partido, viene coleando desde 2009, y su enorme cantidad de ramificaciones y piezas separadas han obligado a varios líderes populares a emplear los mismos mantras que hoy se escuchan con la Kitchen.

Después de la sentencia que hizo caer a Rajoy en moción de censura, los jueces siguieron investigando. En 2020 se abrió en la Audiencia Nacional la pieza relativa a los contratos por la visita del Papa a Valencia en 2006, obligando al entonces presidente del PP, Pablo Casado a ingeniárselas para desvincularse. Misma estrategia: 'no somos nosotros' y 'el PSOE peor'. Casado dio el caso por "absolutamente amortizado", y su secretario general, Teodoro García Egea, dijo que "los ciudadanos ya saben" que el caso de los ERE en Andalucía, que afecta al PSOE, es el "mayor caso de corrupción de la democracia española". Mismo guion unos meses más tarde, cuando el Supremo confirmó la condena al PP como participe a título lucrativo por la Gürtel, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, dijo que el partido había pagado "considerablemente" sus responsabilidades políticas.

En febrero de 2021, cuando todo parecía tranquilo en Génova, su extesorero Luis Bárcenas volvió a escena para decir que la financiación irregular del PP llevaba en marcha desde 1982, y que la dirección de aquel momento, la de Casado, hacía negocios con él. De nuevo, el presidente popular retomaba el "no me hago responsable" de lo que pasó en el PP "en el 86, en el 96 o en el 2016", y en que "el PP de Bárcenas ya no existe". Casualmente, fue ese mismo mes cuando Casado convirtió la sede del PP en el símbolo de su regeneración, anunciando que iniciaría los trámites para salir del número 13 de la calle Génova, en sus propias palabras, "un edificio cuya reforma se está investigando" por haberse realizado con dinero de la caja B del partido.

Ocurrió que todo aquello amenazaba con colarse en la campaña de las elecciones a la Comunidad de Madrid, que se celebraron ese verano. La baronesa popular Isabel Díaz Ayuso tuvo que utilizar la vieja confiable para desvincularse de Púnica, Gürtel, Lezo y otras causas que afectan al PP en la región que gobierna: "No tiene nada que ver conmigo, así que no tengo nada que decir al respecto", dijo entonces. Todo aquello pasó, y fue precisamente querer investigar la corrupción de Ayuso lo que hizo caer en desgracia a Casado. Su sucesor, Feijóo, terminó por quedarse en Génova 13, y seguir utilizando los mismos argumentarios que guardan sus cajones.

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