Que desde que comparten presidencia en sus respectivas comunidades autónomas el modelo de Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno Bonilla son completamente distintos no es ningún secreto. A la responsable de la Comunidad de Madrid se la podría enmarcar dentro de la conocida como ‘ala dura’ del PP, mientras que el andaluz mantiene una posición de moderado, a menos en la teoría.
Dos perfiles, dos formas de entender la política que, a la hora de acudir a las urnas puede suponer arrastre de votos importante más allá de quienes escogen la papeleta azul casi por decreto cada vez que hay que ir a votar.
Más allá de esto, en Sol tienden a estar muy pendientes de lo que pasa en el resto de España para leerlo poco menos que en clave regional (la de la capital). Ocurrió con los comicios en Extremadura, Aragón, Castilla y León y, ahora, el próximo 17-M, donde el homólogo de la presidenta en el sur se juega su mayoría absoluta, prestarán seguramente, todavía más atención.
Unas elecciones claves para Ayuso
Se trata de unas elecciones clave, por supuesto, para Andalucía, antes que nada, pero que también pueden suponer un punto de inflexión para el principal partido de la oposición a nivel nacional y, especialmente, para Ayuso, ya que ella y Moreno Bonilla son, seguramente, los dos barones más fuertes de la formación conservadora.
Más concretamente, el andaluz podría ser el primero de los cuatro últimos territorios que se han sometido a votaciones que aguantase la embestida de una extrema derecha cada vez más fuerte y de la que los ‘populares’ dependen cada vez más.
Sin embargo, en Génova esperan que Andalucía sea una excepción, lo mismo que en la Puerta del Sol, de ahí el interés especial del equipo de Ayuso con quien bautizan con maldad como el “Rajoy andaluz”, tal y como publica este martes El País. Por eso, y porque sabe que si hay una persona que pueda disputarle el poder, ese es el candidato del próximo mes de mayo.
Ambos líderes contraponen modelos muy dispares. Los dos lo saben y ninguno se siente mal con su respectiva etiqueta. De un lado, Ayuso se sitúa como un perfil duro, que en las últimas semanas y meses ha mantenido viva a la banda terrorista ETA en sus discursos, como viene siendo habitual, o ha agitado incluso teorías conspiranoicas con el censo.
De cara al futuro
De la otra parte, Moreno Bonilla quien, a pesar de crisis que han golpeado fuerte a su gobierno, siendo seguramente la más dura la de los cribados del cáncer de mama, mantiene una línea tranquila, hasta el punto de coordinarse y hasta aplaudir la postura del Gobierno de Pedro Sánchez cuando ha hecho falta aunar fuerzas o, al menos, mostrarse respetuoso. El ejemplo más reciente y claro de esto fue el accidente de Adamuz, en el que murieron 46 personas. Un modus operandi que nada tiene que ver con el de su compañera, quien siempre que puede ataca al Ejecutivo central.
El candidato a la reelección nada en otras aguas; las de la sintonía, aunque después sus políticas sean totalmente contrarias a las que se llevan a cabo desde Moncloa. Pero por lo menos de cara a la galería vende diálogo y entendimiento, como de los que quiso hacer gala en el acto que compartió con un Felipe González, totalmente escorado a la derecha pero que no por ello deja de ser un socialista histórico.
En el PP de Madrid rehúyen a hablar de competencia entre ambos. De hecho, aseguran que tenderán la mano a su compañero de partido y apuntan directamente al PSOE, quien consideran que se va a dar el “mayor batacazo de su historia”.
Habrá que ver qué pasa, no hablemos ya si María Jesús Montero lograra la presidencia, sino si el Moreno Bonilla ganara las elecciones, pero pierde su mayoría absoluta y requiere de la ultraderecha para formar gobierno. Ahora bien, si éste se mantiene fuerte y no depende de Vox vería reforzada su figura y seguramente lo colocaría como posible sucesor de Alberto Núñez Feijóo. En este sentido, qué decir de Ayuso, quien parece difícil que pierda unas elecciones, aunque todo puede pasar.
En el hipotético de que los dos se mantuvieran fuertes, la incógnita pasa por lo que sucederá con ellos el año que viene en caso de que Sánchez no consiguiera revalidar mandato. O, en caso contrario, qué ocurriría si Feijóo vuelve a quedarse sin la gobernabilidad, algo que le dejaría realmente tocado.
Cómo se mueva el tablero más a medio o largo plazo es imposible de saber, pero lo que parece claro es que la primera respuesta, o al menos el puente para ella, podría encontrarse en la cita que tiene lugar en poco más de un mes.