La Sanidad Pública en Andalucía ha dejado de ser un motivo de orgullo para convertirse en una herida abierta que no deja de sangrar, y tiene un responsable con nombre y apellidos, Juanma Moreno Bonilla.

Los datos del Barómetro Sanitario 2025 publicados recientemente no solo son desalentadores; son una sentencia social que sitúa a la gestión de Juanma Moreno Bonilla como el furgón de cola de todo el territorio nacional.

Con una satisfacción ciudadana de apenas un 5,37 sobre 10, la Sanidad Pública de Moreno Bonilla se arrastra por debajo de la media española (6,02), marcando una brecha de 1,31 puntos respecto a la región mejor valorada.

Esta cifra no es un simple número en una gráfica, es el grito de auxilio de millones de pacientes andaluces que ven cómo el sistema que debe proteger sus vidas se desmorona entre listas de espera interminables mientras desde el Palacio de San Telmo se mira hacia otro lado.

El diagnóstico es demoledor y desmonta el relato de "tierra de maravillas" que el Partido Popular intenta imponer a golpe de campaña publicitaria: el 30,7% de los andaluces considera que el sistema sanitario "funciona mal y necesita cambios profundos", la cifra más alta de toda España.

La brecha negativa es tan profunda que la distancia entre el optimismo cántabro y el desencanto andaluz se eleva a casi 28 puntos, una desigualdad territorial que rompe el principio de equidad y que deja claro que el "modelo Juanma" es, en realidad, un modelo de desguace de lo público. Lo que estamos presenciando es el hundimiento total de un modelo que prometía "blindar" la salud y solo ha conseguido privatizar los beneficios y socializar las esperas.

UGT Servicios Públicos Andalucía ha elaborado unos completos gráficos bajo el elocuente título de "Desmontando mentiras", son la radiografía de un fracaso político sin paliativos. Resulta insultante que, en pleno 2026, los andaluces tengan que soportar que su Sanidad Pública sea la peor valorada de España. ¿Dónde quedó aquel Moreno Bonilla que iba a solucionar las listas de espera en 48 horas?

La realidad es que hoy, para millones de personas, el acceso a un médico de cabecera se ha convertido en una carrera de obstáculos que empuja desesperadamente a la ciudadanía hacia los seguros privados.

El trasvase de fondos públicos hacia la privada es el gran escándalo que marca la era de Moreno Bonilla. Bajo el paraguas de una supuesta eficiencia, se han derivado cifras récord a conciertos privados mientras los centros de salud de los barrios languidecen sin personal.

No es que no haya dinero; es que se ha decidido que la salud de los andaluces sea un nicho de mercado para unos pocos. El Barómetro 2025 es la respuesta de la ciudadanía a este modelo: un suspenso rotundo que sitúa a la comunidad en una situación de marginalidad respecto al resto de España.

No se puede entender este desastre sin mirar a quienes sostienen el sistema. Los profesionales de la Sanidad Pública andaluza están al límite de sus fuerzas. La Andalucía de Moreno Bonilla sigue a la cola en inversión por habitante y en ratios de personal.

Médicos y enfermeros huyen hacia otras comunidades o al extranjero, no solo por mejores salarios, sino por pura dignidad laboral. Los contratos precarios y las agendas infinitas de 50 pacientes al día han convertido los centros de salud en ollas a presión.

Cuando el 30,7% de la población dice que el sistema necesita "cambios profundos", está hablando de que no pueden esperar meses para una prueba diagnóstica. Está hablando de que el teléfono de Salud Responde es un muro de silencio. La brecha de satisfacción que separa a Andalucía (5,37) del resto es la distancia que separa una gestión responsable de una estrategia de abandono calculada para favorecer el negocio privado.

El principio de que todos los españoles somos iguales ante la ley y los servicios públicos se ha quebrado en el sur. El informe es demoledor al señalar que la Sanidad Pública de Moreno Bonilla presenta la "mayor brecha negativa" de todo el gráfico. Es una humillación estadística que sitúa a los andaluces como ciudadanos de segunda. Mientras en otras regiones el debate es la innovación tecnológica, en Andalucía el debate es si habrá médico en el pueblo el próximo lunes.

Esta desigualdad es el mayor fracaso político de la Junta de Andalucía del PP. Se ha roto el consenso social sobre la salud. La gente ya no confía en que el sistema público le dé una respuesta rápida, y eso es una traición directa al Estatuto de Autonomía.

La gestión de Moreno Bonilla ha creado una sanidad de dos velocidades: la de quienes pueden permitirse un seguro privado para saltarse la cola y la de quienes se quedan atrapados en un sistema que la Junta deja morir por inanición.

Durante años, la Junta ha intentado culpar a la "herencia recibida" o a la falta de financiación del Estado. Pero tras siete años de mando absoluto, ese relato es insostenible ante la contundencia de los datos de 2025. El Barómetro es un juicio a la gestión presente. Los andaluces han dictado sentencia: el modelo de Moreno Bonilla no funciona. No es eficiente, no es cercano y, lo más grave, no genera seguridad.

Las críticas de las mareas blancas y las asociaciones de pacientes son ahora una mayoría social. El "posicionamiento" de Andalucía en la cola de todas las gráficas es un triplete de la vergüenza que debería provocar dimisiones. El 61,2% de la población que no tiene una valoración positiva del sistema es la prueba de que el marketing no puede tapar la realidad de los quirófanos cerrados y las urgencias colapsadas.

Andalucía no puede permitirse seguir siendo la anomalía negativa del mapa sanitario español. Los datos presentados son una radiografía dolorosa. La Sanidad Pública andaluza está en la UVI por culpa de una hoja de ruta que prioriza el negocio frente al derecho. O hay un giro de 180 grados en Andalucía o el modelo público acabará siendo un recuerdo.

El Barómetro Sanitario 2025 es la última señal de alarma para Moreno Bonilla. El humo de la propaganda ya no tapa las listas de espera. Los andaluces han hablado claro: su salud no es un juguete, y el suspenso que le otorgan a su gestión es el reflejo de un pueblo que se niega a ser el último de España en algo tan sagrado como la vida.

Ante este escenario de tierra quemada, las próximas elecciones se presentan como la única salida real. No es tiempo de resignación, sino de acción política. La alternativa para recuperar nuestra dignidad y reconstruir lo que la derecha ha devastado pasa necesariamente por un PSOE fuerte y comprometido, con liderazgos como el de María Jesús Montero, capaces de devolverle a Andalucía la solvencia y la equidad que ha perdido.

No lo olvides cuando llegue el momento de acudir a las urnas: tu voto decide. Es tu papeleta la que tiene el poder de salvar nuestra Sanidad Pública de las manos de quienes solo ven en nuestra salud un balance de beneficios.

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