Tras el apogeo extremeño y aragonés, Vox sobredimensionó sus posibilidades de crecimiento en Castilla y León. La tendencia nacional e internacional inyectó un optimismo sobrante en el cuartel de Santiago Abascal. Vox llegó al tercer caucus electoral con el aire favorable de las encuestas, que llegaron a ubicarlos por encima del umbral del 20% ―fue el partido más sobreestimado por los sondeos, con una media de entre tres y cuatro escaños excedentes―.
Bajo la premisa estratégica de capturar y reemplazar al Partido Popular, el cabecilla de la ultraderecha recorrió decenas de municipios abarrotados de afines que apenas conocían a su candidato regional. Sin embargo, el desprecio a Feijóo y el rechazo a Mercosur y los flujos migratorios no terminaron de arraigar en Astorga, Zamora, Segovia o Béjar, entre otros lares. De hecho, Vox solo ganó en 67 de los 80 municipios que encabezó en las elecciones de 2022.
Mientras la ultraderecha subió seis puntos en Aragón y ocho en Extremadura, en Castilla y León solo creció un punto porcentual, lo que se tradujo en una subida de un solo escaño (14). Pese a ello, Vox obtuvo un robusto 18,9% de los votos, su récord particular en unas autonómicas.
Una clave fundamental de esta desaceleración han sido los grandes municipios de la región, donde el partido solo logró el 16,8% de los votos. Las nueve capitales provinciales y Ponferrada agrupan al 45,2% del electorado. En 2022 fueron determinantes para el PSOE, que consiguió ganar en este grupo. Cuatro años después, han obstaculizado el auge de Vox, porque en ellas apenas ha aumentado 0,1 puntos.
Si se descuentan estas ciudades, la candidatura de Carlos Pollán habría alcanzado el 20,7%, según el análisis de Opina 360, gracias al tirón que registró en los municipios medianos. En ellos concentró más de la mitad de la subida, seguramente gracias a la campaña territorial desarrollada por Abascal.
La mirada de Toni Aira
La naturaleza de los resultados ha diagnosticado un agotamiento en parte del electorado de la ultraderecha, sin que ello tenga que corresponderse con un estancamiento de Vox. “Nada es para siempre, y menos hoy en día”, recuerda Toni Aira, profesor en Comunicación Política de la UPF-BSM. “La aproximación del votante al patio político se convierte, cada vez más, en clave utilitarista (…) Por eso la gente se cansa antes de todo”, apostilla.
Ha dicho hoy el ministro Cuerpo que “los mercados se mueven por noticias y por anuncios”. El mercado del voto, también.
— Toni Aira (@toniaira) March 11, 2026
Y eso explica movimientos como los de los partidos en España ante la guerra en Irán y medidas económicas consensuadas para paliar sus efectos, y lo de Trump. pic.twitter.com/JzUoSsvONy
“Vox es una formación que, para una parte del electorado de derecha y ultraderecha, se dibuja como lo anti-instituido, y eso incluye al PP y al PSOE (...) Pero a la vez, se dirige a un público que se mueve en clave anti-PSOE, anti-Sánchez y anti-izquierda”, matiza el profesor. En medio de la vorágine de la ultraderecha, "lo que quiere su elector es que el voto de desahogo tome forma de un Gobierno que obstaculice el paso del sanchismo al poder”, resuelve el autor de “Mitólogos".
El docente experto en comunicación cree que Vox “ya no ofrece la suficiente satisfacción” para un segmento de su parroquia porque con ellos “no parece estar asegurada la configuración de gobiernos con la normalidad que esperaría este público” ante una mayoría absoluta del Partido Popular y Vox.
La lectura de Javier Sánchez Glez.
El consultor y analísta internacional de comunicación política, Javier Sánchez, martillea en la misma idea: "En política ninguna fórmula es indefinidamente eficaz (...) Cuando un marco se consolida, también se agota. Y de cara a Andalucía, el reto para el partido de Santiago Abascal será precisamente ese: adaptar el relato antes de que deje de generar expansión", sostiene Sánchez.
El problema, desarrolla el politólogo, no está en los datos, sino en la expectativa. "Para Vox, el mayor riesgo no es el adversario, sino la brecha de expectativas: cuando el resultado real queda por debajo de lo que se había proyectado, la percepción pública no es de avance, sino de insuficiencia", aclara Sánchez.
En la vida como en la política, crecer menos de lo esperado desgasta más que perder; "porque el relato no se construye sobre el dato absoluto, sino sobre la distancia entre lo prometido y lo conseguido", remarca el asesor.
Una buena estrategia política no funciona eternamente.
— Javier Sánchez Glez. (@javisanchezglez) March 17, 2026
Hoy en @A3Noticias pic.twitter.com/fptNY5YkgV
La cuestión ahora no es si Vox crece o no porque, cuando el techo sube tan rápido, el margen para seguir creciendo se estrecha. La verdadera cuestión, dice Sánchez, es si su estrategia actual sigue siendo capaz de sostener la expectativa de crecimiento. "Y ahí es donde empieza su verdadero desafío, con la mirada puesta en junio en Andalucía", señala Sánchez.
Las singularidades del caucus castellanoleonés
Castilla y León es una autonomía tendiente al bipartidismo, donde, además, Vox ya alcanzó su mayor representación territorial. El envejecimiento y la despoblación tampoco favorecieron la inercia de Abascal este 15-M, pese a ser una de las comunidades más conservadoras. La clave del triunfo de Alfonso Fernández Mañueco es que ha arrasado en Salamanca, Segovia y Ávila, y que en Zamora los votantes no lo han castigado en exceso por su gestión de la prevención y contención de los feroces incendios del pasado agosto.
Además, la etapa previa del PP y Vox en Castilla y León dejó un balance más bien apagado: consejerías con escasa incidencia en la batalla cultural que habían prometido, tensiones internas frecuentes y una salida del Ejecutivo que pareció responder más a decisiones tomadas en Madrid que a la dinámica de la propia comunidad. Para parte del electorado, ese recuerdo no animaba a repetir.
La meseta castellana tiene un ecosistema político peculiar, y, para sorpresa de los descreídos, el efecto Trump y el ‘No a la guerra’ entraron en campaña. Ambos inputs políticos fagocitaron el avance de la participación, muy repartida y homogénea por el territorio, que creció hasta el 65,6%. Sin duda, la intervención militar de Israel y Estados Unidos y la complacencia de Abascal hacia el trumpismo contribuyeron al “efecto bandera” de Pedro Sánchez y Carlos Martínez, arropados por un reaparecido José Luis Rodríguez Zapatero que jugaba en casa.
Por otra parte, la guerra civil en Vox también ha inflado a los populares. La purga de Ortega Smith y Antelo ha reabierto una grieta mediática que ha resonado de Bambú a León. La mano de hierro de Abascal no parece tolerar el surgimiento de liderazgos propios y arraigados en el territorio, y la dirección nacional sucumbe los imperativos de su líder, como ya sucedió con el resto de fundadores del partido.
En suma, la derecha autoritaria está consolidando una base electoral muy importante y un anclaje firme. Sin embargo, Se Acabó La Fiesta de Alvise Pérez, puede ser un incordio para las aspiraciones electorales de Vox, con el reto de primavera andaluza en el horizonte. Definitivamente, la fragmentación del populismo de ultraderecha ha terminado por torpedear aún más las expectativas de Abascal. Si Vox hubiera recibido los más de 17.300 votos del partido de Alvise, que representan el 1,4% del total, habría superado la cota del 20%, robando un escaño al PSOE en Zamora, Valladolid y Segovia.