La guerra civil en Vox se recrudece con el paso de los días. Las purgas mandatados por el presidente de la extrema derecha, Santiago Abascal, lejos de contener las voces discrepantes, están afianzando una oposición interna y externa. Juan García-Gallardo, el que fuera la cabeza en Castilla y León, se ha despachado a gusto hace escasas horas, acusando al líder supremo de los ultras de cobrar “un tercer sueldo”, pagado por el partido con recursos públicos y a través de “la cuenta corriente de su mujer”. Denuncias de uno más de los depurados, que empiezan a agruparse en torno a un exdirigente.

El elegido para dar el paso al frente y comandar a los díscolos es Iván Espinosa de los Monteros, quien ha lanzado un manifiesto para reclamar a Abascal un congreso interno extraordinario en Vox. Muchos son los sacrificados, y de gran nombre. El búnker ya consiguió reducir a la pareja conformada por Espinosa de los Monteros, portavoz durante cuatro años en la Cámara Baja y con importantes cargos internos, y Rocío Monasterio, presidenta del partido en Madrid y portavoz en la Asamblea; y a Macarena Olona, portavoz en Andalucía y secretaria general del grupo parlamentario.

Las retribuciones desorbitadas en el entorno del presidente son impropias de un proyecto que defiende la austeridad

Las últimas depuraciones se han llevado por delante a Javier Ortega Smith, ni más ni menos. El que fuera uno de los fundadores de la formación, cuando Abascal todavía juntaba palés para dar mítines, y que ha acompañado al partido en su crecimiento, llegando a ocupar la vicepresidencia del partido, ha sido ajusticiado junto con sus defensores en la capital. De número dos del proyecto a disidente apedreado por los suyos. Jose Ángel Antelo, presidente de Vox en Murcia, ha corrido la misma suerte, denuncia por la falsificación de su firma mediante.

Por todos ellos, y por los afiliados que contemplan con pasmosa normalidad las prácticas dictatoriales del búnker, asegura Espinosa de los Monteros levantar la voz. “La lealtad política es a las ideas, no a las personas”, arranca el manifiesto. “Este partido nació como un instrumento al servicio de unas ideas. Nunca fue un fin en sí mismo ni patrimonio de nadie. Su razón de ser era transformar la realidad y gobernar. Cuando un instrumento deja de servir a ese propósito, pierde su sentido”, desgrana la misma idea en las líneas siguientes.

Quien discrepa termina apartado, cesado o, en la práctica, purgado

Sobre los Ortega Smith, Monasterio, García-Gallardo, Antelo y él mismo, el exportavoz considera que “se ha producido sin explicaciones suficientes la salida o apartamiento de mandos históricos y de perfiles que habían demostrado capacidad organizativa y compromiso con el proyecto”. Un error, en su opinión, de un partido que “aspira a gobernar”, pues no debería “prescindir de su experiencia ni reducir su pluralidad por la vía de hechos consumados”. “Cuando esto ocurre, pierde talento, memoria y capacidad real”, añade, en un texto que considera Vox la guarida rentable de un ermitaño.

La dictadura del búnker

Las purgas que han agitado Vox en la últimas semanas no son las primeras, ni serán las últimas, y Espinosa de los Monteros no deja pasar el histórico. “Durante años hemos asistido a un proceso de reducción y empobrecimiento interno. No se ha tratado de cerrar formalmente el proyecto, sino de estrecharlo en la práctica: concentrando decisiones en muy pocas manos, debilitando el debate, eliminando contrapesos y apartando a quienes mantenían criterio propio”, expone el que fuera cabeza de la extrema derecha y que ha sido tildado de traidor por sus antiguas huestes.

“El resultado es un partido más pequeño por dentro, menos plural y ambicioso”, explica Espinosa de los Monteros, quien recuerda que Abascal se despidió del PP aludiendo a la falta de democracia interna. “A ello se ha sumado la desaparición de la autocrítica. Los errores, los retrocesos electorales y las oportunidades perdidas no han dado lugar a reflexión ni a aprendizaje colectivo. Pensar, discrepar o evaluar se ha convertido en un problema. Sin autocrítica no hay corrección de rumbo; sin corrección de rumbo no hay alternativa de gobierno”, continúa el manifiesto.

El caso de Vox, a diferencia del PP, es peor a ojos de Espinosa de los Monteros, pues “ni siquiera existe ese cauce mínimo de deliberación, no hay congresos y no se debaten las ideas”. Una falta de mecanismos que, junto al castigo contra quien se sale de la línea oficial, ha establecido el terror interno. “Dentro del partido se ha instalado un clima de miedo a moverse; quien discrepa o simplemente expresa una opinión termina apartado, cesado o, en la práctica, purgado”, lamenta el redactor del manifiesto.

Preocupa la existencia de un entramado paralelo de entidades opacas

Por ello reclama un congreso extraordinario “que devuelva al partido el debate político y el debate organizativo necesarios para prepararnos para gobernar”. “Liderar un espacio político no consiste en dinamitarlo”, carga directamente contra Abascal, a quien responsabiliza de “un aislamiento incompatible con cualquier proyecto que quiera gobernar una sociedad plural”. “Un proyecto que convierte en sospechoso a todo el que no se somete plenamente termina aislándose de la realidad social que dice querer representar”, advierte de la gravedad de la situación.

Un proyecto para enriquecer a Abascal

Espinosa de los Monteros, al igual que García-Gallardo, también hace alusión a que Abascal está utilizando Vox para forrarse. “Las retribuciones desorbitadas en el entorno del presidente, impropias de un proyecto que defiende la austeridad, no son anécdotas: son síntomas de una organización cerrada, sin contrapesos y sin transparencia”, recoge el manifiesto como una evidencia más de la situación personalista y bunkerizada del partido, que empieza a tener más empresas opacas y juventudes cuestionada asociadas que voces críticas.

Preocupa la existencia de un entramado paralelo de entidades opacas, desconocidas para la mayoría de los afiliados, no sometidas a un escrutinio suficiente y vinculadas a intereses e intercambios económicos que exigen transparencia. Quien pide ejemplaridad para España debe empezar por garantizarla dentro de su propio proyecto”, carga el manifiesto. “En un proyecto como este, la fuerza no la da la jerarquía, sino la militancia”, zanja Espinosa de los Monteros, exigiendo un congreso, un debate, una explicación política. “El partido solo tendrá futuro si vuelve a estar a la altura de su razón de ser: prepararse para gobernar”, concluye.

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