La estabilidad del mercado laboral español continúa consolidándose y la movilidad entre el empleo y el desempleo ha alcanzado mínimos históricos durante el segundo trimestre del año. Según los últimos datos disponibles, 423.000 trabajadores pasaron de estar ocupados a engrosar las listas del paro, el registro más reducido desde que existen estadísticas comparables. 

Este comportamiento confirma una desaceleración de la rotación laboral y refleja una mayor capacidad de las empresas para conservar sus plantillas en un contexto de elevada demanda de mano de obra.

Por primera vez desde que se elaboran estas estadísticas, menos del 2 % de las personas que comenzaron el trimestre con un empleo terminaron desempleadas. En concreto, la tasa se situó en el 1,8 %, mientras que el 95,7 % de los trabajadores que iniciaron el año ocupados mantuvieron su puesto de trabajo al finalizar el segundo trimestre, el porcentaje más elevado de toda la serie histórica.

La evolución apunta a un mercado laboral caracterizado por una mayor continuidad en el empleo. Aunque la movilidad entre puestos de trabajo forma parte del funcionamiento habitual de cualquier economía y resulta necesaria para facilitar la adaptación de trabajadores y empresas, los especialistas coinciden en que una rotación excesiva suele asociarse a mercados laborales más precarios, con elevada temporalidad, menores salarios y escasos incentivos para invertir en formación o especialización.

Durante décadas, España registró uno de los niveles de rotación laboral más elevados de Europa, especialmente en actividades intensivas en contratación temporal. Esa dinámica favorecía relaciones laborales de corta duración y limitaba la acumulación de experiencia y productividad dentro de las empresas. Los datos más recientes, sin embargo, muestran una tendencia distinta, con un mayor peso de los contratos estables y una reducción de las salidas hacia el desempleo.

El único movimiento que aumenta de forma apreciable es el tránsito desde el empleo hacia la inactividad, una circunstancia vinculada principalmente al proceso de jubilación de la generación del baby boom. 

En torno a 70.000 trabajadores mayores de 65 años abandonan cada trimestre el mercado laboral para retirarse, una cifra que prácticamente se ha duplicado desde 2019. No obstante, el peso de estas jubilaciones sobre el total de ocupados permanece estable, alrededor del 2,9 %, gracias al fuerte crecimiento del empleo registrado durante los últimos años.

Entre los factores que explican esta mejora destaca, en primer lugar, la reducción del desempleo. La menor disponibilidad de trabajadores ha incrementado las dificultades de las empresas para cubrir vacantes, lo que ha favorecido estrategias orientadas a conservar el talento y reducir los despidos. En un mercado laboral más tensionado, sustituir personal resulta cada vez más costoso, circunstancia que incentiva una mayor estabilidad en las relaciones laborales.

A este escenario se suma el impacto de la reforma laboral, cuya limitación del uso de la contratación temporal ha modificado progresivamente el comportamiento de empresas y trabajadores. Diversos estudios apuntan a que el incremento de la duración de los contratos está favoreciendo una mayor inversión en formación y cualificación profesional, al aumentar el interés empresarial por retener a sus empleados y mejorar su productividad.

En este sentido, un análisis elaborado por el centro de estudios Iseak, a partir de datos de afiliación a la Seguridad Social hasta finales de 2025, constata que la permanencia de los contratos ha aumentado de forma significativa. 

Antes de la entrada en vigor de la reforma laboral, únicamente el 44 % de los contratos seguían vigentes seis meses después de su firma; actualmente, ese porcentaje alcanza el 50 %, lo que evidencia una mayor estabilidad en el empleo.

La mejora ha sido especialmente intensa entre los trabajadores más jóvenes, tradicionalmente los más afectados por la temporalidad. Entre los ocupados de 16 a 24 años, la probabilidad de pasar del empleo al paro se ha reducido 2,7 puntos porcentuales desde 2019, situándose por primera vez en torno al 5 %

También entre quienes tienen entre 25 y 30 años la rotación ha descendido de forma notable, mientras que la reducción ha sido más moderada entre los mayores de 45 años, un colectivo que ya presentaba niveles inferiores de contratación temporal antes de la reforma.

La evolución coincide además con un incremento de la productividad por hora trabajada, una circunstancia que algunos economistas relacionan con la mayor estabilidad laboral y con el aprovechamiento de la experiencia acumulada por los trabajadores. No obstante, los especialistas advierten de que todavía no existe evidencia concluyente que permita establecer una relación causal directa entre ambos fenómenos.

Pese a la mejora registrada, los analistas consideran que aún existe margen de progreso. Aunque la tasa de rotación laboral española ha descendido por debajo del 2 %, continúa situándose por encima de la media de la eurozona, donde ronda el 1 %. Los datos reflejan un cambio de tendencia en el mercado de trabajo español, pero también ponen de manifiesto que la convergencia con los estándares europeos aún no se ha completado.

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