La concesión del tercer grado a Jaume Matas, decidida en última instancia por la secretaría general de Prisiones contra el dictamen de la Junta de Tratamiento de la prisión de Palma, y que ha causado un gran escándalo político, en realidad podría haberse esperado. Bastaba con ver quién tenía la última palabra en la decisión.

Un cambio contra la opinión de los ténicos
Recordamos. El informe de la Junta de Tratamiento, que se realiza siempre que se produce un cambio en la situación de un penado, en el caso de Matas ya da una idea de lo que sucedía. La Junta estaba formada por ocho personas. Cinco de ellas, profesionales de la prisión (un jurista, el jefe de servicios, una psicóloga, un educador y una trabajadora social), se opusieron a su paso a tercer grado, mientras otros tres, los directivos (el director, subdirector y subdirector jefe de los servicios médicos) votaron a favor de ese cambio que significaba de hecho su paso a la 'semilibertad'.  Es decir, por cinco votos a tres la Junta recomendaba la permanencia de Matas en la prisión de Palma.

El secretario general de Prisiones, Ángel Yuste, una vez 'retomado' su cargo 'vitalicio con el PP', junto al ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. Foto Ministerio Interior El secretario general de Prisiones, Ángel Yuste, una vez 'retomado' su cargo 'vitalicio con el PP', junto al ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. Foto Ministerio Interior



Y daban sus razones, básicamente cuatro: inadaptación, alarma social, no cumplimiento de la mitad de la condena, la ausencia de permisos que permitieran valorar su adaptación y la no asunción de la responsabilidad delictiva. Razones por las que llegaban a una conclusión: "Esta Junta cree mayoritariamente que el internamiento efectivo es el único modo de concienciar al delincuente de su mal comportamiento social".

Cuando este informe, tan negativo, llegó a la secretaría general de Prisiones, fue ignorado. Y el organismo decidió conceder a Matas ese tercer grado, que de hecho significa la puesta en libertad con alguna pequeña restricción.

Un encuentro del pasado
¿Quién dirige la secretaría general de Prisiones? En los medios de comunicación se había ironizado a la entrada del exministro y expresidente balear en la cárcel que él había inaugurado el centro donde ahora iba a ser encerrado. Lo que no se ha dicho es que en muchas de aquellas fotos, además del entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, aparecía el que, con el paso del tiempo, se ha visto que es 'el hombre de las cárceles del PP': Ángel Yuste. Entonces ya director general de Prisiones.

Foto publicada por el Diario de Mallorca cuando se inauguró la prisión de Palma. Mayor Oreja, ministro de Interior entonces, escoltado por Jaume Matas y por quien ahora ha decidido su paso a tercer grado, Ángel Yuste. Captura Diario de Mallorca Foto publicada por el Diario de Mallorca cuando se inauguró la prisión de Palma. Mayor Oreja, ministro de Interior entonces, escoltado por Jaume Matas y por quien ahora ha decidido su paso a tercer grado, Ángel Yuste. Captura Diario de Mallorca



Yuste, jurista del Cuerpo Técnico de Instituciones Penitenciarias, ha sido el único 'hombre de prisiones' en los gobiernos PP. En 1996 entró a ocupar el cargo con Mayor Oreja como ministro. Pero siguió ocupando el puesto cuando pasó a ocuparlo, en el año 2001 Mariano Rajoy, y aún después, cuando en el año 2002 ocupó la cartera Ángel Acebes.

En el periodo del PP en la oposición, quien acogió a Ángel Yuste fue Esperanza Aguirre, que le nombró, para sorpresa de todos teniendo en cuenta su formación profesional, como director general de Planificación, Infraestructuras y Equipamientos Sanitarios de la Comunidad de Madrid. Un cargo del que volvió a sacarle tan pronto ganó las elecciones Mariano Rajoy, que le devolvió a la dirección del sistema carcelario con el beneplácito del actual ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. En principio se presentó su nombramiento como parte de la presencia de 'gente de Esperanza' en el Gobierno Rajoy..., pero como se ve por la historia de Yuste, esta vez la mano de Aguirre no estaba detrás de lo sucedido.