El endurecimiento del discurso migratorio pactado por PP y Vox en Extremadura ha terminado chocando con una voz incómoda para la derecha: la de Cáritas. Mientras el acuerdo entre ambas formaciones ha situado en el centro conceptos como la “prioridad nacional” en el acceso a determinadas ayudas y ha alimentado la sospecha sobre las organizaciones que trabajan con personas migrantes, la entidad vinculada a la Iglesia católica ha salido en dirección contraria y ha defendido la regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno como una medida de “justicia social”, “responsabilidad política, ética y social” y reconocimiento de derechos.

La distancia no es menor. El pacto sellado en Extremadura entre PP y Vox incluye medidas para endurecer la política migratoria, dar prioridad a los nacionales en el acceso a vivienda social y otras prestaciones y limitar ayudas a personas en situación irregular, en una formulación que ha sido interpretada por Vox como una enmienda de fondo al modelo de atención social. El partido de Santiago Abascal ha llegado a sostener que deben retirarse fondos públicos a ONG que, a su juicio, colaboren con la inmigración irregular, situando incluso a entidades como Cáritas en la zona de sospecha. Génova, consciente del coste político de ese mensaje, ha intentado después enfriar el alcance del pacto y asegurar que Cáritas seguirá recibiendo ayudas.

Pero la rectificación parcial del PP no tapa el fondo del movimiento. La llamada “prioridad nacional”, aunque luego se maquille como “arraigo verificable”, supone asumir parte del lenguaje de exclusión de la extrema derecha y trasladarlo al terreno de los derechos sociales. Varios análisis jurídicos y políticos han subrayado, además, que algunas de las medidas anunciadas en el acuerdo extremeño invaden competencias estatales o chocan con el marco legal vigente, que reconoce a los extranjeros residentes el acceso a prestaciones en condiciones equiparables en diversos ámbitos.

Frente a esa deriva, Cáritas ha fijado una posición nítida. La organización, junto a otras entidades de la Iglesia, ha respaldado públicamente la regularización extraordinaria de personas migrantes al considerar que no se trata de una concesión arbitraria ni de un “coladero”, sino de una respuesta a una realidad ya existente: la de miles de personas que viven, trabajan y sostienen sectores enteros de la economía española mientras permanecen atrapadas en la irregularidad administrativa. Para Cáritas, la medida no solo reconoce esa contribución, sino que corrige una situación de vulnerabilidad estructural que deja a muchas personas fuera de derechos básicos.

Cuando los bulos chocan con la realidad social

Ese posicionamiento desmonta, además, varios de los bulos que la derecha y la ultraderecha han agitado durante los últimos meses. Entre ellos, la idea de que la regularización servirá para alterar resultados electorales, disparará automáticamente la delincuencia o abrirá la puerta a una llegada masiva inmediata de migrantes. Las verificaciones publicadas desde enero han recordado que regularizar no equivale a nacionalizar, por lo que las personas beneficiadas no obtienen por ello derecho de voto en elecciones generales; también han señalado que no hay evidencia que sostenga una relación automática entre regularización y aumento de la criminalidad, ni una base seria para presentar el proceso como un fraude institucional.

Que sea precisamente Cáritas quien lo subraye añade un componente especialmente incómodo para PP y Vox. No se trata de una organización de la izquierda política ni de una plataforma activista ajena al espacio conservador tradicional, sino de una de las grandes referencias de la acción social católica en España. Y su respaldo expreso a la regularización, unido a su lenguaje de derechos, dignidad y responsabilidad pública, deja en mala posición a quienes pretenden presentar esa medida como una amenaza o una cesión ideológica del Gobierno.

La tensión se ha hecho todavía más visible porque el acuerdo extremeño ha abierto una pugna interpretativa entre el PP y Vox apenas unos días después de su firma. Mientras los ultras reivindican sin ambages que la “prioridad nacional” debe traducirse en restricciones efectivas para migrantes y en la exclusión de entidades que trabajen con ellos, la dirección nacional del PP intenta contener el desgaste y niega que organizaciones como Cáritas vayan a quedar fuera de convenios o subvenciones. Esa contradicción revela hasta qué punto el partido de Alberto Núñez Feijóo quiere apropiarse del marco duro de Vox sin asumir del todo el coste reputacional que conlleva.

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