La Nochevieja es, desde hace décadas, uno de los rituales televisivos más sólidos del país. Cambian los decorados, los presentadores y los códigos estéticos, pero la escena permanece: millones de personas reunidas frente al televisor para despedir el año. En esta ocasión, la cita tuvo un significado añadido. RTVE celebraba su 70º aniversario y decidió hacerlo apostando por la música como columna vertebral del relato. El corazón del especial fueron las actuaciones de La Casa de la Música, concebidas como algo más que un acompañamiento a las campanadas.

No fue una gala al uso ni una sucesión de éxitos sin contexto. Fue un recorrido escénico y simbólico por la memoria audiovisual del país, articulado a través de siete actuaciones en directo, todas ellas cantadas e interpretadas por siete mujeres, en una decisión con carga cultural y política explícita.

Las actuaciones: quiénes actuaron y qué cantaron

El especial se estructuró en siete números musicales, grabados en escenarios emblemáticos y pensados para dialogar con el archivo histórico de RTVE. Cada actuación aportó una tonalidad distinta al conjunto y ayudó a construir un relato coral sobre la televisión pública y su relación con la música.

  • Rosario Flores, acompañada por su hijo Pedro Antonio Lazaga y por Ketama (Antonio y Josemi Carmona), abrió la noche desde lo alto del Pirulí de Madrid con De ley. La elección no fue casual: raíz, familia y herencia musical como punto de partida para un aniversario que miraba al pasado sin nostalgia rígida.

  • Amaia interpretó Aralar desde el Monasterio de Irache (Navarra), arropada por una orquesta sinfónica. Su actuación introdujo un tono íntimo y casi ritual, conectando paisaje, identidad y una sensibilidad contemporánea que ha marcado su trayectoria.

  • La argentina Nicki Nicole cantó Plegarias desde el Castillo de Pedraza, en una puesta en escena sobria y emocional. Fue uno de los momentos más introspectivos del programa, alejándose del espectáculo masivo para subrayar la fragilidad y la introspección como lenguajes generacionales.

  • Lola Índigo llevó VERDE al Palacio de Carlos V, en la Alhambra de Granada. Su actuación fusionó pop contemporáneo y referencias andaluzas, conectando cuerpo, baile y tradición desde un enfoque claramente actual.

  • Desde el Museo Reina Sofía, Ana Torroja interpretó Un año más, de Mecano. Convertida desde hace décadas en himno emocional de la Nochevieja, la canción adquirió aquí un nuevo sentido al ser leída desde la memoria colectiva y el paso del tiempo.

  • Uno de los momentos más esperados llegó con La Oreja de Van Gogh, que estrenó en exclusiva Todos estamos bailando la misma canción desde el Palacio Miramar de San Sebastián. La actuación supuso el regreso televisivo de Amaia Montero al frente del grupo y funcionó como una declaración de presente más que como un gesto nostálgico.

  • El cierre internacional lo puso Shakira, que interpretó Soltera desde el Hard Rock Live de Miami, en una actuación grabada especialmente para RTVE. Su presencia subrayó la dimensión global del pop en español y el alcance transnacional de la televisión pública.

Un escenario con discurso: música, memoria y presente

La Casa de la Música no funcionó solo como plató, sino como dispositivo narrativo. Las actuaciones no ilustraban el aniversario: lo explicaban. Cada canción dialogaba con una época, un imaginario o una sensibilidad distinta, mientras el archivo de RTVE aparecía como un hilo invisible que conectaba generaciones.

La decisión de que fueran siete mujeres quienes actuaron y cantaron durante toda la velada reforzó el mensaje del programa sin necesidad de subrayados explícitos. La pluralidad de estilos, edades y trayectorias construyó un relato colectivo que evitó la competición y apostó por la suma.

Más que música antes de las campanadas

Aunque las campanadas siguieron siendo el clímax simbólico de la noche, el camino hasta la medianoche tuvo un peso propio. Gracias a las actuaciones de La Casa de la Música, la espera se transformó en un relato con sentido, donde cantar y actuar era también una forma de hacer memoria.

El especial confirmó que la música en la televisión pública puede ser entretenimiento, pero también archivo vivo, identidad compartida y conversación cultural. Setenta años después, RTVE celebró su historia no como un museo, sino como un escenario en el que el pasado sigue sonando en presente.

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