Siete años después de Tiana y el sapo, John Musker y Ron Clements, dos de los maestros de la animación contemporánea, directores de títulos de la Disney como La sirenita, Aladdin o Hércules, regresan con Vaiana, última obra de la productora y que se presenta como una de las mejores propuestas de animación el año y que se mueve entre la contemporaneidad de las imágenes animadas y su adecuación a una tradición y a un modelo previo más o menos establecido. Y en esa dialéctica se encuentra gran parte de las virtudes de Vaiana, una obra que habla sobre la identidad y su búsqueda anteponiéndola a las restricciones, sobre la lucha por los deseos y sobre la superación de todo tipo de obstáculos.

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Tras el gran éxito de Frozen, la Disney parecía tener complicado el repetir un impacto de tal magnitud, y quizá no lo consiga con Vaiana, pero a cambio ha creado una de sus mejores películas en mucho tiempo. Como gran parte de la animación contemporánea, sea cual sea el estudio, hay en las imágenes de Vaiana la pervivencia de una herencia del género en constante diálogo con el medio digital, algo que, por otra parte, también hemos podido ver este año en algunas de las mejores películas de imagen real. Buscar la imagen del futuro desde el pasado. Vaiana muestra de principio a fin unas imágenes de gran belleza que van más allá de su simple perfección técnica –impecable- buscando recrear el mundo de la joven Vaiana con el mayor realismo gráfico posible a la par que indagando en las posibilidades del digital. Aunque constreñida, quizá en exceso, a los diálogos, lo cual conlleva algunos momentos que ralentizan el desarrollo de la acción, sobre todo en su parte intermedia y final, Vaiana representa ese tipo de animación que cree en sus imágenes, en su poder, en su naturaleza narrativa. La animación como vehículo para la creación de realidades, de un mundo propio. Un realismo fabulador que en Vaiana nos entrega algunas secuencias inolvidables y algunos momentos musicales que se encuentran entre las mejores del estudio en mucho tiempo.

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Aunque Vaiana, en su construcción del personaje y de la historia, sigue un modelo muy establecido por el estudio, lo cierto es que consigue dotar a Vaiana de un tono contemporáneo, muy cercano para la sensibilidad actual, que en gran medida parece contravenir algunas de las constantes que suelen dar forma los personajes femeninos de Disney al dotar a Vaiana de un carácter rebelde e independiente con el que es complicado no empatizar. Como también con la relación con el semidiós Maui (a quien pone voz Dwayne Johnson, quien, además, entrega una canción que supone uno de las secuencias más magníficas de la película por su canción a la par porque supone un muestrario de las posibilidades de la animación increíble), una relación de amistad, de aprendizaje, que esconde momentos tan emocionantes como cómicos. Y aunque en Vaiana no se evita el caer en algunos momentos superfluos y enfáticos, lo cierto es que presenta un ritmo medido que hace avanzar la aventura mediante un espectáculo visual y sonoro que la sitúa como una de las mejores películas de animación de los últimos años. Quizá el sello Disney cree prejuicios a la hora de acercarse a la película, pero eliminados, se puede disfrutar plenamente de las imágenes de Vaiana.