El jueves de la semana pasada estuve a punto de ser atropellado por un autobús de la EMT en las confluencias de la calle Martínez Campos, con Alonso Cano, en el barrio de Chamberí de Madrid. Hay una obra de limpieza de un edificio, con gran despliegue de andamios y caída de agua en la acera, impidiendo el paso de los peatones, a los que no se les ha señalado un paso alternativo como exigen las ordenanzas municipales.

Un salto para meterme entre dos coches evitó el atropello y el autobús tuvo que evitar el choque con una furgoneta aparcada en doble fila -el lugar de carga y descarga estaba ocupado por turismos-. Toda una cadena de despropósitos hace que a veces se produzcan accidentes evitables.

Respondiendo a la pregunta del titular diría que los principales culpables de que se no se cumplan las ordenanzas en las obras de la ciudad de Madrid son los servicios de inspección del ayuntamiento. Pero resulta que estos servicios están en manos de una empresa, Sistema de Información Geográfica (SIG), desde el pasado 1 de diciembre de 2014. Sus funciones y obligaciones según figura en la web de la propia empresa:

“Como parte del contrato, SGS proporcionará:

  • Un gran equipo de inspectores con experiencia específica de las obras de calle, incluyendo ingenieros civiles en las disciplinas de gestión de proyectos, coordinación técnica, legal, informática y comunicaciones de gestión, así como los inspectores y personal administrativo
  • Un equipo de expertos en tecnologías de SIG para la coordinación entre el Ayuntamiento y otras empresas para trabajos de planificación SIG
  • Inspección de obras para verificar el cumplimiento de la normativa
  • Inspección de los incidentes en el pavimento”

A la vista de lo que todos los madrileños vemos y sufrimos todos los días da la impresión de que esta empresa no realiza su cometido, pero la responsabilidad última sería del ayuntamiento que no exige a SIG el cumplimiento de sus obligaciones. En las fotografías que mostramos se ve claramente que no se cumplen las ordenanzas de las obras y, sobre todo, que no se tiene en cuenta al peatón que tiene que armarse de paciencia o jugarse la vida cuando pasa al lado de una obra que no está convenientemente señalizada, cercada y segura.

¡Ah! y no nos olvidemos de los  “incidentes del pavimento”, que también tiene que inspeccionar esta empresa. Desde que se han suprimido las campañas de asfalto de calles, por la deuda tan inmensa del ayuntamiento de Madrid que dejó el alcalde Gallardón, las calzadas se parecen más a una carretera de montaña mal asfaltada que a las calles de una ciudad moderna del siglo XXI.