La temporada de fresas ya está aquí y eso se nota: basta con darse una vuelta por cualquier supermercado para ver bandejas enteras de esta fruta ocupando estanterías. Las hay para comer tal cual, para acompañar con nata o para convertirlas en un postre improvisado en casa. El problema llega cuando uno abre la cesta con ilusión… y el sabor no está a la altura.
La reacción más habitual es echar mano del azúcar. Un gesto casi automático. Pero cada vez más personas prefieren evitarlo, ya sea por salud o simplemente porque no quieren disfrazar el sabor natural de la fruta. Y ahí es donde entra en juego un pequeño truco de cocina que muchos chefs llevan años utilizando.
El secreto no es otro que la pimienta rosa. Sí, pimienta. Aunque suene extraño para un postre.
Según ha explicado el chef Jesús Escalera en el blog Pastrypedia, este ingrediente tiene un perfil aromático muy particular, con notas cítricas, ligeramente florales y un picor muy suave. Justo lo suficiente para crear contraste con el dulzor natural de la fresa y hacer que su sabor destaque mucho más.
La forma de aplicarlo no tiene misterio. Basta con lavar y cortar las fresas como de costumbre y espolvorear encima una pequeña cantidad de pimienta rosa recién molida. Nada más. Ese toque especiado actúa como un potenciador del sabor natural de la fruta, algo que en cocina se conoce bien, pues no añade dulzor, pero hace que el paladar lo perciba con mayor intensidad.
Si aun así las fresas tienen demasiada acidez -algo que puede pasar cuando no están del todo maduras-, algunos cocineros recomiendan acompañarlas con yogur natural o unas gotas de limón. Dos ingredientes que equilibran el conjunto sin necesidad de recurrir al azucarero.
Qué es realmente la pimienta rosa (y por qué funciona tan bien)
Aunque su nombre pueda llevar a engaño, la pimienta rosa no tiene relación directa con la pimienta negra o la blanca. En realidad, es una baya seca procedente de un árbol de otra familia botánica, la misma a la que pertenecen alimentos como el mango o el pistacho.
En cocina se utiliza sobre todo por su aroma y por su capacidad para crear contrastes en platos dulces y salados. De hecho, los chefs la emplean con frecuencia en combinaciones con frutas como melocotón, cerezas, frambuesas o cítricos, pero también con chocolate blanco, miel o productos lácteos como yogur y crema.
En el caso de las fresas, la lógica es sencilla. Su toque especiado rompe la monotonía del dulzor y hace que cada bocado resulte más intenso. Además, tiene otro punto a favor: visualmente queda de lujo. Esos pequeños granos rosados sobre la fruta convierten un plato sencillo en algo que parece salido de la carta de un restaurante.
Así que, si este año te encuentras con una bandeja de fresas que no saben a mucho, antes de sacar el azúcar del armario prueba con este pequeño gesto que, aunque pueda parecer una auténtica rareza, es de esos trucos sencillos que -cuando los pruebas- hacen que te preguntes por qué no lo habías hecho antes.