No hay duda de que tomar una cerveza en España va mucho más allá del hecho de ingerir una bebida refrescante y natural. Detrás de este ritual están el pasar un tiempo agradable, con amigos o con la familia, de estar presente y de vivir un momento. Un ritual que, por cierto, lleva sucediéndo desde hace muchísimos y años y que, por el momento, parece que le augura un buen futuro, incluso sabiendo que, a día de hoy, las generaciones más jóvenes han reducido su consumo de alcohol.

En este sentido, detrás de la cerveza hay toda una tradición que ha traspasado el tiempo gracias al trabajo de agricultores, centros de producción, distribuidores y espacios de venta y hostelería. Todo un campo de cultivo el cual, y nunca mejor dicho, a acabado contribuyendo a la aparición de lo que, a día de hoy, se conoce como zitoturismo. O, para que nos entendamos, es el enoturismo de la cerveza.
De la misma forma que hay personas que viajan para disfrutar del vino, conocer su proceso de cultivo y elaboración, también se puede hacer lo propio con la cerveza. Dicho concepto que reúne experiencias como visitas a fábricas y museos, catas, rutas gastronómicas, talleres y recorridos por zonas vinculadas a las materias primas de la cerveza.

Una historia que se remonta a la Edad Media
Aunque no lo creas, el ser humano lleva bebiendo cerveza desde hace más de cuatro mil años. De hecho, el término zitoturismo procede de zythos, la palabra con la que en la Antigua Grecia se hacía referencia a la cerveza elaborada a partir de cereal fermentado. Y uno de los mejores puntos de España para poder hacer zitoturismo es León, y más concretamente en la ribera alta del río Órbigo, ya que es aquí uno de los pocos lugares en España donde se cultiva el lúpudo, un ingrediente esencial para la elaboración de la cerveza y que le confiere ese amargor tan característico.

El cultivo del lúpudo se se remonta a miles de años antes de Cristo y existen referencias a su utilización por parte de los babilonios para elaborar una bebida conocida como “sikar” y también se cree que se utilizaba para hacer “soma”, una bebida sagrada de la India. En todo caso, con el paso del tiempo, el lúpulo comenzó a incorporarse a la elaboración de cerveza por sus propiedades aromáticas, antisépticas y de conservación. Las primeras pruebas documentales que lo relacionan directamente con la producción cervecera datan del siglo IX, mientras que en el siglo XII su uso ya estaba extendido por Europa.
Y aunque la producción del lúpulo en león no comenzó a consolidarse en León hasta mediados del siglo XX, lo cierto es que la relación de esta planta con la provincia viene de mucho antes. De hecho, los documentos históricos sitúan referencias a esta planta en la Catedral de León desde la Edad Media. En concreto, las flores de lúpulo aparecen talladas en el friso ornamental de la Capilla del apóstol Santiago, una representación que se remonta al siglo XV.

El lúpulo es, sin duda, uno de los tesoros de León
Podríamos decir que el lúpulo es uno de los grandes tesoros de la provincia de León, no solo porque son, sin duda, uno de los escenarios clave del zitoturismo que nos ocupa sino que, además, supone un motor económico de Castilla y León, que produce el 90% de la producción nacional de lúpulo. Además, solo en la provincia de León, los campos dedicados a dicho cultivo están relacionados con la actividad económica de 33 localidades.
De esta planta hay más de 100 variedades en todo el mundo y en la provincia de León la más cultivada es la conocida como Nugget aunque, según explica José Antonio Magadán, director general de Hopsteiner en España, se combinan con otras variedades como Helios, Eureka o Lemondrop. Esta última se caracteriza por aportar un aroma distinto a la cerveza. Precisamente esta compañía es una de las encargadas de recepcionar el lúpulo que se cultiva en León y transformarlo en su fábrica en pellets, para luego venderlos a los distintos fabricantes de cervezas.

Una oportunidad para el turismo
No se puede considerar que el zitoturismo sea un descubrimiento como tal ya que la conexión entre la cerveza y el turismo no es del todo nueva, ya que siempre han estado estrechamente relacionados. De hecho, según los datos de Cerveceros de España, la patronal que agrupa a la mayor parte de los fabricantes de esta bebida en nuestro país, la cerveza está vinculada a más de 5.200 millones de euros de gasto turístico y alrededor del 30 % de la cerveza consumida en el país corresponde a turistas.
Ahora lo que se busca es hacer esta relación vaya mucho más allá, que viaje más lejos de lo que es propiamente el consumo de esta bebida para llevarlo a una experiencia turística completa que puede llevarte a visitar una fábrica, participar en una cata, recorrer una zona de cultivo, conocer el trabajo de los agricultores o incluso descubrir los maridajes de una cerveza son actividades que conectan producto, cultura y territorio.
Todo un reto que, según Cristina de Aguirre, directora de Comunicaciones y Asuntos Públicos de Cerveceros de España, va a suponer "poner en valor todo lo que hay detrás de cada elaboración, los centros de producción, los ingredientes, la gastronomía y el territorio, y convertirlo, a través del zitoturismo, en experiencias que los visitantes puedan descubrir y disfrutar”.
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