Resulta difícil de explicar, pero ocurre. Pensionistas que votan a partidos que se oponen a subir sus pensiones. Personas que han trabajado toda una vida y que, sin embargo, respaldan a quienes votan en contra de que su pensión se revalorice conforme al coste de la vida. No es una interpretación interesada ni una exageración: está reflejado negro sobre blanco en las votaciones del Congreso de los Diputados.
La paradoja es aún mayor si se tiene en cuenta el contexto. Nunca antes las pensiones habían subido tanto como desde la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa. Y, sin embargo, el Partido Popular y Vox no solo se han opuesto reiteradamente a estas subidas, sino que cuestionan abiertamente el modelo público que las garantiza. Aun así, siguen recibiendo el apoyo de una parte del electorado pensionista.
Desde 2018, la pensión media en España ha aumentado en torno a un 25-27%, pasando de poco más de 1.090 euros mensuales a situarse por encima de los 1.360 euros. En el caso de las pensiones mínimas y no contributivas, el incremento acumulado alcanza o supera el 45%. Se trata de un avance histórico que ha permitido a millones de jubilados recuperar poder adquisitivo tras años de recortes encubiertos.
Este cambio tiene un origen claro: la decisión del Gobierno de volver a vincular las pensiones al IPC. Una medida básica para proteger a los mayores frente a la inflación y evitar su empobrecimiento progresivo. Justo lo contrario de lo que hizo el Partido Popular cuando gobernó.
Conviene recordarlo. En 2013, el PP aprobó la subida mínima del 0,25%, una fórmula que condenó a millones de pensionistas a perder poder adquisitivo año tras año. Mientras los precios subían, las pensiones quedaban prácticamente congeladas. No fue un error técnico ni una coyuntura puntual: fue una decisión política consciente.
Durante los gobiernos de Mariano Rajoy, las pensiones crecieron sistemáticamente por debajo del IPC. El resultado fue demoledor: más de 1,5 millones de jubilados entraron en riesgo de pobreza, la hucha de las pensiones se vació y se implantó el copago farmacéutico, encareciendo los medicamentos para los mayores.
Alberto Núñez Feijóo formó parte activa de ese modelo. Hoy intenta reescribir la historia, pero los datos lo desmienten. El PP ha votado hace unos días en contra de la revalorización de las pensiones conforme al IPC en 2021, 2022, 2023, 2024 y 2025. La última vez, tumbando un decreto que garantizaba una subida del 2,7% en 2026, de algo más de un 7% en las pensiones mínimas y de hasta el 11,4% en las no contributivas.
Un voto que no fue casual ni aislado. Fue una decisión política alineada con su historial. A ese rechazo se sumó Vox. Pero en el caso del partido de Santiago Abascal, la oposición va más allá de las cifras: cuestiona directamente el sistema público de pensiones.
Vox no solo vota en contra de subir las pensiones. Vox apuesta de forma explícita por sistemas privados de pensiones, debilitando el modelo público y trasladando el riesgo a los trabajadores. En la práctica, propone que el futuro de los jubilados dependa del mercado financiero, de su capacidad de ahorro y de la rentabilidad de fondos privados.
Esto supone dejar desprotegidos a millones de personas con carreras laborales precarias, salarios bajos o lagunas de cotización. Es decir, a la mayoría. Un modelo que rompe el principio de solidaridad intergeneracional y que ya ha demostrado su fracaso en otros países.
Cuando Vox habla de “sostenibilidad”, lo que plantea es recortar derechos hoy para empujar a los ciudadanos hacia planes privados mañana. Y el Partido Popular, lejos de confrontar ese planteamiento, lo blanquea con su silencio y con su alianza parlamentaria cuando toca votar.
Frente a este modelo, el Gobierno de Pedro Sánchez ha reforzado el sistema público de pensiones. No solo garantizando su revalorización conforme al IPC, sino también recuperando la hucha, mejorando las pensiones mínimas, creando el complemento por brecha de género —que beneficia especialmente a las mujeres— y eliminando el copago farmacéutico para millones de mayores.
Mientras tanto, PP y Vox insisten en un discurso alarmista sobre la supuesta insostenibilidad del sistema. Un relato que se repite desde hace décadas y que choca con la realidad: España cuenta hoy con uno de los sistemas de pensiones mejor valorados de Europa, según la AIReF y diversos organismos internacionales, gracias al crecimiento del empleo y de las cotizaciones.
Resulta llamativo, por tanto, ver a pensionistas manifestándose contra el Gobierno mientras reciben miles de euros más al año gracias a las políticas que critican. Desde 2018, una pensión media percibe cerca de 6.000 euros anuales adicionales, una cantidad decisiva para muchos hogares.
La política se mide por los hechos. Y los hechos son claros: el presidente Pedro Sánchez ha protegido y fortalecido las pensiones públicas más que nunca, mientras PP y Vox siempre votan en contra de su revalorización e incluso han llegado a poner en cuestión el propio sistema que las garantiza.
España ya conoce el camino del 0,25%, del copago, del miedo y de no llegar a final de mes. Sabe adónde conduce. Por eso la pregunta es tan sencilla como incómoda: ¿por qué votar a quienes demuestran cada día que están dispuestos a recortar tu pensión? La memoria también vota. Y conviene no perderla.