La ultraderecha norteamericana le marca el paso a sus homólogas de los cinco continentes, de modo que lo que ponen en marcha a ese lado del Atlántico tarda cada vez menos tiempo en ser replicado en Europa. El especialista en transición sostenible, Antoine Poincaré, ha sido uno de los primeros en denunciar en la revista francesa Novethic la batalla de los ultras contra las empresas socialmente responsables, que han puesto en marcha campañas para fomentar la diversidad, la equidad y la inclusión (en siglas, DEI) entre su personal.
En agosto el video de un motero que destruye a tiros su Harley Davidson porque la empresa fabricante se había vuelto woke (progresista) se hizo viral en USA con más de un millón de reproducciones. Seguía la estela de otro video de 2023 en el que el cantante Kid Rock, con la gorra de Trump calada hasta las cejas, vació un cargador sobre un paquete de la cerveza Budweiser light por el mismo motivo: adoptar políticas de responsabilidad social corporativa.
Ante la presión de influencers ultras como Robby Starbuck, con más de 600.000 suscriptores en su cuenta de X, las empresas señaladas, como Ford, Harley Davidson, Jack Daniels o Budweiser, han dado marcha atrás en sus estrategias de mayor compromiso con la sociedad.
La locura no tiene fronteras y las delirantes iniciativas de los trumpistas han llegado a la UE. En Francia ya funciona un observatorio del wokismo (Observatoire du Wokisme) que ha elaborado un índice con las empresas que para los ultras franceses son más peligrosas por sus apuestas por la justicia social, los derechos humanos, la igualdad o la Agenda 2030.
En España, la censura de las organizaciones ultras se centra por ahora en la cultura: teatro, cine, música y artes plásticas, pero ya se han producido protestas por spots publicitarios considerados ofensivos y que han durado menos que una chuche en el patio de un colegio. La estigmatización de las personas que emigran se ha extendido en nuestro país a las empresas y a las entidades que se consideran colaboracionistas con las políticas de acogida del Gobierno del Estado. Ya se han producido amenazas contra los hoteles que alojan a inmigrantes y contra las empresas que les suministran bienes y servicios.
La cruzada ultra bebe del supremacismo racista, los negacionismos de toda índole y la xenofobia disfrazada de defensa de la identidad propia, un cóctel letal que nutre la polarización política, social y cultural que sufrimos en todos los ámbitos.

