Esta semana os escribo estas palabras desde El Cairo. Como ni soy historiador ni me considero un interlocutor autorizado, no habrá nada sobre este país que yo os pueda descubrir a estas alturas de la vida. Ruinas maravillosas, camellos, mucho desierto, pirámides, gentes encantadoras y algo que es una máxima para Kiko Rivera y un egipcio promedio: la creencia de que todo se vende y todo se compra. Para sorpresa de nadie Kiko Rivera vuelve a ¡De Viernes! para traicionar los principios que alguna vez fingió (sin éxito) tener pero que resultaron simplemente ser medidas para negociar un mejor caché.
Cuando el verano pasado se conoció la noticia de que Kiko e Irene Rosales habían tomado caminos separados, enseguida el hijo de Isabel Pantoja se apresuró a publicar una serie de comunicados, a todas luces realizados con la ayuda de alguna inteligencia artificial, en los que aseguraba sin fisuras que “no voy a sacar partido económico de esta situación ni voy a acudir a televisión a hablar de mi vida privada”. Ahora leer afirmaciones tan categóricas provoca la risa del más serio si tenemos en cuenta que el de ayer fue el tercer ‘¡De Viernes!’ que Kiko se hizo para tratar de forma pública y previo pago los pormenores de su separación. Ojalá me sorprendiera de Kiko, tan laxo sentido de la palabra dada, pero a estas alturas de la vida uno ya está curado de espanto.
Llamativo es en este caso, que además de volver a hacer caja aireando sus intimidades, la ocasión fuera la elegida para dinamitar los puentes con la madre de sus dos hijas pequeñas después de haber asegurado que no diría nada malo de ella nunca. Parece ser que, por encima de la palabra dada, está el orgullo de machito herido. Después de años de infidelidades, de incontables humillaciones públicas, de hacerla pasar por situaciones lastimosas y aguantar testimonios de chicas que contaban al detalle sus encuentros sexuales con él, a Kiko se le hace insoportable e imperdonable la sola posibilidad de que Irene comenzase a sentir algo por otro hombre. Claro que, viendo lo visto con su hermana, no parece que Kiko sea el tipo de hombre que lleve bien que una mujer ponga el límite de la humillación donde ella considere.
Pero no solo para hablar de Irene fue Rivera a ‘¡De Viernes!’, otro de los ejes centrales de la entrevista fue su milagrosa y pertinente “reconciliación” con la madre que lo parió, Isabel Pantoja. Entrecomillo la palabra reconciliación no porque no esté usada en su sentido literal, sino porque me la creo lo justo. Ni la muerte de doña Ana, ni enfermedades y operaciones varias han conseguido unirlos como sí lo ha hecho una transacción económica (la posible venta de Cantora). Me pregunto si este cambio de posición respecto a Irene Rosales también tendrá que ver con la repentina entente cordial de Kiko con su madre. Me gustaría que Irene contase alguna vez entrevista detalle las cosas que ha pasado por parte de su ex suegra. Pero sospecho que la Rosales tiene un concepto más elevado del respeto y del bienestar familiar.
Para acabar hablando de cosas más bonitas, esta semana también se ha estrenado en La 2 ‘Benita’, el documental que narra el proceso de transición de Benita hasta su actual momento vital. La semana pasada pude acudir al estreno del documental con unos amigos entre los que estaba Belén Esteban. Me emocionó ver a Belén Esteban llorar sin consuelo viendo el camino que su amiga había tenido que recorrer hasta alcanzar lo que ella había tenido de nacimiento. Ellas, que compartieron colegio religioso en su infancia, tan parecidas y tan distintas, entienden a la perfección lo difícil que es recorrer el camino de la autenticidad, pero saborean de igual manera las mieles de acostarse cada noche siendo profundamente fiel a la imagen que un día soñaron de sí mismas. A veces la vida es más sencilla de lo que pensamos, a veces solo basta con la emoción de una amiga que se alegra por ti para ver que quizás no todo esté manga por hombro.
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