Vox ha empezado la Semana Santa dirigiéndose a su militancia en el marco de los evidentes momentos de tensión que están atravesando. El Miércoles Santo, 1 de abril, el secretario general de la formación de extrema derecha, Ignacio Garriga, enviaba un escrito a las bases del partido para responder al momento de convulsión que vive la ultraderecha por diferentes vías: numerosas salidas y expulsiones de las filas en los últimos meses, varios exdirigentes de la formación pidiendo un Congreso para debatir las ideas del partido y con el PP subido a las barbas por los gobiernos autonómicos. Garriga, no obstante, echa balones fuera, insta a los militantes a no escuchar las informaciones sobre la crisis del partido, y señala directamente al Partido Popular. "Vox está sufriendo un ataque brutal, calumnioso y miserable de parte de muchos interesados en que el partido no continúe creciendo", argumenta, y concretamente dirige el tiro hacia la dirección del Partido Popular: "En concreto, el señor Núñez Feijóo; su asesora, Mar Sánchez; y el secretario general de su partido, Miguel Tellado. El clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría".
Los de Bambú llevan semanas autoconvenciéndose de esta teoría, de que su crisis no existe, que es un espejismo y que proviene del interés del PP por debilitarlos y desestabilizarlos. Ahora le han dado forma de texto y mensaje con un tono especialente duro contra el dirigente gallego. Una tesis que, no obstante, pierde gas cuando se tiene en cuenta que las críticas las encabezan los propios exdirigentes purgados de la formación. Vox lo justifica alegando que desde Génova "han contactado con arribistas y despechados para poner en marcha la maquinaria mediática contra el tercer partido de España". La respuesta del PP, por su parte, no ha tardado en llegar.
Desde las filas del PP acusan a la extrema derecha de "pretender que se hable de otros para que no se hable de ellos", y hablan de la carta de Garriga como "una carta a los militantes para azuzarlos contra enemigos externos cuando los problemas internos arrecian". "Eso ya lo inventó Pedro Sánchez en su debut en el género epistolar con aquellos cinco días de reflexión. Nosotros no nos confundiremos de adversario ni responderemos a los ataques de Vox. Dos no se pelean si uno no quiere", contestan desde el cuartel general del PP, aprovechando para meter al presidente del Gobierno en la ecuación.
Sin romper todas las conexiones: el beneficio de la duda
El mensaje que Vox da en la carta es duro, pero pese a ello, no rompe todas las conexiones con el PP y guarda el beneficio de la duda para la mayoría de barones 'populares'. "Es justo reconocer que la mayoría de los barones del PP no ha contribuido al ataque mafioso", señala también Garriga, que achaca las tensiones a la cúpula más alta del PP y sostiene que hay "otro PP", al margen de Feijóo y compañía, "con el que es posible llegar a acuerdos". El objetivo de este matiz no es otro que preparar el terreno para los pactos autonómicos que se avecinan próximamente, con Aragón, Extremadura y Castilla y León en el punto de mira, regiones en las que el PP ha ganado pero en las que necesita entenderse con la ultraderecha para poder gobernar, al no haber alcanzado la mayoría absoluta. "Es necesario que Vox consiga formar gobiernos autonómicos que se conviertan en murallas contra el sanchismo", señala Garriga al final del documento, repicando en la idea que trasladaba el PP en su propia respuesta de "no confundirse de enemigo".
Con quien también se muestra muy crítica la misiva de Garriga es con sus excompañeros, entre ellos, antiguos pesos pesados de la formación como Iván Espinosa de los Monteros o Javier Ortega Smith-. "Despechados y corruptos que hace tiempo no están con nosotros. [...] Son personas que saltaron de Vox en los momentos más difíciles y que vuelven hoy con un desvergonzado '¿qué hay de lo mío?'", afea el secretario general en un tono muy duro.
Por otro lado, Garriga no da ninguna explicación sobre las críticas que existen por la falta de democracia interna en el partido que denuncian los que ya no están dentro, ni aclara a los afiliados las polémicas sobre las cuentas que también han sonado durante los últimos meses. Se limita a decir que "las cuentas son cristalinas" y que "las únicas irregularidades que se han cometido en el partido han sido descubiertas gracias a nuestros mecanismos de control". Defiende, además, que los responsables de dichos problemas ya han sido eliminados del partido e incide en que son, precisamente, algunos de ellos los que "ahora muestran tanto odio hacia el proyecto". Por último, el secretario general ha afirmado que Vox está poniendo demandas y querellas por las "insidias repetidas" y ha hecho un llamamiento para no tener en cuenta todas las informaciones que están surgiendo alrededor de la formación, a su juicio engordadas por los medios de comunicación: "Nosotros a lo nuestro. [...] No caigamos en el debate fangoso de corruptos y embusteros".