Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) trata de enfriar la creciente sensación de fractura interna tras el último choque – indirecto - entre su presidente, Oriol Junqueras, y su portavoz en el Congreso, Gabriel Rufián. El deseo del diputado republicano por reconstruir el espacio de izquierdas a nivel estatal para frenar a la ultraderecha choca frontalmente con las murallas de una formación cuasi centenaria que no está dispuesta a diluirse entre ningunas siglas de nueva creación. El presidente de los republicanos se ha encargado de reivindicar la indisolubilidad de ERC, marcando el camino de los órganos internos de la marca para defender su propuesta. Incluso llegó a espetar que él no había pasado por la cárcel para que “Ada Colau sea diputada en una lista de ERC”. Rufián, por el momento, no ha entrado en el cuerpo a cuerpo, pero en su cabeza pervive la idea de aunar a las izquierdas bajo una misma bandera. El cómo, es aun la incógnita.

Una salida de tono – la de Junqueras – que desde el aparato republicano tratan de corregir. Al menos, enfriar. Lo ha hecho este jueves la presidenta adjunta de la formación, Diana Riba, que ha salido al paso de las interpretaciones que sitúan a la cúpula del partido alejada de Rufián. “Compartimos todo”, ha asegurado, en un intento de cerrar filas en torno a una figura que, en los últimos tiempos, ha ganado protagonismo por sus movimientos para tejer puentes con otras fuerzas de la izquierda estatal. Una estrategia que incomoda a parte de la cúpula de los independentistas, pero que conecta con una necesidad política más amplia: articular una respuesta al avance de la derecha y la extrema derecha.

Riba ha defendido que la coincidencia con Rufián no es solo orgánica, sino también ideológica. Según su planteamiento, ERC comparte con su portavoz el diagnóstico del momento político y el reto que tiene por delante la izquierda: reorganizarse para hacer frente a un bloque ultraconservador en ascenso. Sin embargo, esa coincidencia en el diagnóstico no implica, al menos de momento, un aval a todas las fórmulas que plantea el diputado en Madrid. El punto de fricción es conocido. Rufián lleva tiempo explorando la posibilidad de impulsar espacios de confluencia más amplios, como el acto previsto en Barcelona junto a Irene Montero y Xavi Domènech este próximo 9 de abril, donde se debatirá sobre el futuro de la izquierda alternativa. La iniciativa que, aunque no implica de forma directa a ERC como organización, sí se ha leído internamente como un movimiento político con potencial recorrido.

Rechazo frontal

Frente a esa vía, Junqueras ha sido tajante. En una intervención reciente, el líder republicano marcó distancias con cualquier intento de diluir el proyecto de Esquerra en una coalición más amplia. Su mensaje fue directo y cargado de simbolismo político: rechazó de plano la idea de que el partido pueda integrarse en una lista compartida que incluya a figuras como Ada Colau. Más allá de la anécdota, la frase encapsula una línea estratégica clara: ERC no quiere perder centralidad ni identidad en un espacio político que considera propio.

Desde la dirección insisten en esa idea. Riba ha descartado explícitamente la posibilidad de concurrir en coalición en futuras elecciones, argumentando que es precisamente bajo sus propias siglas como los republicanos pueden aportar más al conjunto de la izquierda. “Cuando diluimos las siglas, perdemos”, vino a señalar, dejando claro que la apuesta pasa por la suma, pero no por la fusión.

Tardà bendice la ‘vía Rufián’

Aun así, el partido intenta evitar que el debate derive en una crisis abierta. La propia Riba ha querido zanjar cualquier especulación sobre una eventual salida de Rufián, subrayando que el diputado ha reiterado su compromiso con ERC. Además, ha confirmado que habrá presencia republicana en el acto del 9 de abril, lo que apunta a una estrategia de vigilancia y participación sin implicación orgánica plena.

Mientras tanto, otras voces del partido sí han mostrado mayor sintonía con la llamada ‘vía Rufián’. Es el caso de Joan Tardà, que ha defendido la necesidad de repensar el espacio progresista y ha apelado a una renovación del discurso para no perder conexión con una ciudadanía cada vez más desencantada. Sin cuestionar el ámbito propio de ERC, Tardà sí ve margen para que iniciativas de confluencia actúen como motor de cambio en el conjunto del Estado.

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