La expresidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha reaparecido con una reflexión profunda sobre su paso por la política, marcada por el desgaste emocional y la violencia verbal que, según ha explicado, ha experimentado durante sus últimos años en el cargo. En una entrevista concedida en Madrid a El Periódico, Batet ha reconocido que su etapa al frente de la Cámara Baja entre 2019 y 2023 ha dejado una huella difícil de borrar. “Durante dos años no he podido ver las sesiones de control. Me dolía demasiado. Es todo tan feo... Hay tanta violencia verbal”, ha confesado, evidenciando una tristeza profunda asociada al clima político.

Su trayectoria política comenzó en 1998, cuando el dirigente socialista Narcís Serra le ofreció incorporarse a su equipo. Desde entonces, Batet ha dedicado más de dos décadas a la vida pública, consolidándose como una figura relevante del PSC.

Antes de su salto institucional, compaginó sus estudios de Derecho con trabajos como camarera, mientras desarrollaba su carrera académica en la Universitat Pompeu Fabra. Su entrada en el Congreso fue  en 2004 de la mano de José Montilla, iniciando una etapa que se ha prolongado hasta 2023. Sin embargo, su concepción inicial de la política —basada en “construir” y “acercar posiciones”— ha chocado con una realidad que ha definido como cada vez más hostil.

La democracia en riesgo

Batet ha advertido sobre lo que considera un proceso de deshumanización de la política, en el que el objetivo ha dejado de ser el debate de ideas para convertirse en el ataque personal. “Hay tanta violencia verbal... es todo tan feo”, ha señalado. Para ilustrar la fragilidad del sistema, ha recurrido a una metáfora:“La democracia es como Campanilla en Peter Pan. Si dejas de creer en ella, deja de existir". En este sentido, ha defendido la necesidad de recuperar la confianza ciudadana mediante una política más honesta y constructiva.

Durante su presidencia en el Congreso de los Diputados, Batet trató de suavizar el clima de confrontación. A su vez, impulsó iniciativas para alejar a los diputados de la lógica de “amigo-enemigo”, incluyendo reuniones informales entre parlamentarios jóvenes de distintos partidos.

No obstante, ha reconocido las dificultades para lograr ese objetivo. En particular, ha explicado que no ha invitado a representantes de Vox a estos encuentros debido a su negativa reiterada a participar. Asimismo, ha lamentado que, aunque se ensalce la Transición, no se practique su espíritu de diálogo. “Hay que sentarse en la misma mesa con quien piensa y vota diferente”, ha defendido.

La exdirigente socialista ha señalado al Partido Popular como uno de los principales responsables de la polarización, debido a su papel como principal fuerza de oposición. A su juicio, este rol conlleva una responsabilidad mayor en la configuración del clima político. Al mismo tiempo, ha reconocido errores propios, como no haber impulsado antes una reforma del reglamento del Congreso para limitar la presencia de activistas de ultraderecha acreditados como periodistas. Una decisión que, ha admitido, debería haber tomado durante su mandato.

Una nueva etapa, sin olvidar la política

Más allá del ámbito institucional, Batet ha descrito el impacto personal de su exposición pública. Ha asegurado que ha seguido recibiendo insultos en la calle, especialmente en Madrid, incluso en presencia de sus hijas. Las descalificaciones, que ha relatado con crudeza, han puesto de manifiesto el nivel de crispación existente. “Es muy desagradable”, ha afirmado, subrayando el efecto que estas situaciones han tenido tanto en ella como en su entorno familiar. Su salida de la política en septiembre de 2023 fue una decisión meditada durante dos años. Tras las elecciones generales y la designación de Francina Armengol como presidenta del Congreso, Batet optó por cerrar su etapa institucional.

Ha explicado que, pese a considerarse una persona fuerte, ha llegado a la conclusión de que no todo debe soportarse. En conversaciones previas con Pedro Sánchez, ha trasladado su voluntad de abandonar la primera línea política, una decisión que ha sido respetada. Tras un periodo de desconexión, Batet ha iniciado una nueva etapa profesional en el ámbito empresarial, participando como consejera en compañías como Ebro Foods y Sateliot, además de colaborar con diversas fundaciones.

A pesar de su retirada, ha defendido que la política sigue siendo una herramienta fundamental para mejorar la sociedad. Ha recordado, por ejemplo, su participación en la aprobación de la ley del matrimonio igualitario, un logro que ha definido como una de las grandes satisfacciones de su carrera. Batet ha cerrado su reflexión con una idea clara: la política debe servir para construir, no para destruir. Ha advertido de que la dinámica de enfrentamiento constante no solo desgasta a quienes la ejercen, sino que también erosiona la credibilidad del sistema democrático.

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