Desde el principio de la crisis del COVID-19 hemos puesto los ojos en China para ver qué es lo siguiente. Vimos crear un hospital de la nada y lo hicimos. Vimos confinar a la gente en sus casas y lo hicimos. Ahora miramos para saber cómo se adaptan a la Nueva Normalidad en la desescalada. Su propuesta es otra vez sorprendente: fomentar más capitalismo.

China mira a su mercado interior antes que al exterior

Que China es cada vez menos comunista, y de eso prácticamente solo queda la dictadura del partido único, es algo de lo que ya nadie duda. Aunque oficialmente es una economía estatalista dirigida, desde que permitió el mercado y la iniciativa privada las estimaciones de los analistas calculan que la participación del estado en la producción industrial apenas supera ya el 20% del PIB. Un porcentaje similar al que tenía Francia en los años 80, antes de que la UE fuera obligando a privatizar sectores y reducir la presencia del estado en el PIB a todos sus miembros.
 

Lo que resulta siempre sorprendente es cómo interpreta China el mercado. En esta ocasión, nos da una lección de pragmatismo y eficacia.

 


China recuperará su economía entregando vales de compra a los ciudadanos

Según cuenta en su perfil de Linkedin el experto en Retail Laureano Turienzo  “Los gobiernos locales Chinos ha lanzado un plan sin precedente en la historia, con la emisión de más de un billón de cupones de consumo que están entregando a sus poblaciones y que pueden canjear en tiendas, restaurantes… Es lo que ya llaman el “consumo de venganza” (término que pronto oiremos en occidente, y que sustituirá al también parido en China por el Politburó, la “nueva normalidad”) “

Esto significa que para el gobierno Chino el consumo es una cuestión de estado. Un acto patriótico y necesario.

Lo más interesante es la fórmula que eligen para mantener la economía en la recuperación china: el vale de compra.

 

Redistribuir la riqueza comprando

La fórmula de entregar vales de compra al ciudadano para que lo gaste en lo que necesite es una forma de dejar en manos del mismo mercado, del consumidor, de la demanda, la recuperación de los negocios y marcas que ellos consideren útiles o deseables. No se trata de que la gente tenga dinero para comprar sino de que compre.

 

  • Si das dinero al ciudadano, puede no usarlo en tiendas. O no en los sectores que hacen falta. Podría desde ahorrarlo a gastarlo en apuestas. No ayudaría a la economía del país.
  • Si das el dinero a los comercios, podrían no garantizar el suministro, o mantener negocios que igualmente no son viables. Que una tienda siga abierta no es el objetivo, lo es que venda.
  • Pero si entregas  a un consumidor un vale para que compre en una tienda, te aseguras de que el coste va a servir para lo que está destinado. Que servirá para lo que se necesita.


Así que los Chinos parece que han redescubierto la fórmula del desarrollo a través del consumo. Muy comunista no parece. Esto me reafirma en la idea que presenté en El Buen Capitalista de convertir el sistema de mercado en una herramienta al servicio de todos. Se trata de explotar una obviedad que muchos no quieren ver: “Para redistribuir la riqueza primero hay que crearla”.

 

Consume por tu bien hasta que puedas hacerlo bien

Lo que también reconocía en el libro es que el consumo irracional tiene que transformarse en otro consciente. Que la producción sea sostenible para el medioambiente, que las condiciones de la cadena de valor sean justas y otros conceptos en los que la sociedad estaba avanzando rápidamente, desde los activistas hasta las propias empresas o el mismísimo foro de DAVOS cuando propuso el Capitalismo Colectivo.

Hoy, a la reinvención del capitalismo se le presenta una disyuntiva: volver a lo de antes cuanto antes para poder cambiarlo o aprovechar el derrumbamiento para construir un nuevo capitalismo.

 

Sea cual sea el modelo de futuro que queramos construir, cuesta dinero y hay que decidir prioridades. En este caso, tú y yo tendremos unos ideales, pero también unas urgencias. Y además del empleo creado por las empresas privadas, el dinero público para los que no lo tienen sale de sus impuestos. Sin lo uno no hay lo otro. Lo saben de aquí a China.


La culpa no es (toda) del capitalismo

Al menos si entendemos por culpa intencionalidad. Decir que esta crisis la ha provocado el capitalismo es como decir que los cocineros fomentan la anorexia. Las consecuencias del COVID-19 se traducirán en pérdidas dramáticas para todos los sectores, paro y menor recaudación para las haciendas. Y si la primera preocupación que llegó a la mente de todos los analistas fue qué iba a pasar con la producción industrial deslocalizada que habíamos confiado a China, el reto ahora en todos los países es reactivar el comercio interior. Que ya veremos dónde, cómo y quién produce la mercancía. 

Es previsible que los consumidores hayan aumentado sus exigencias a las marcas. Que les reclamen ser más responsables socialmente. Pero también que necesiten sentirse otra vez libres de elegir, aunque sea en una tienda.

 

Y lo que sí que va a necesitar es trabajo. Tal vez nuestra economía dependa demasiado de productos superfluos y del consumismo, pero mientras no cambiemos el modelo, y eso no se hace en uno ni diez años, o reactivamos las compras particulares o acabamos en la cola del racionamiento

Por eso, mientras cambiamos el sistema, vamos a tratar de recuperar lo más necesario. Y si la crisis de 2008 fue tan larga que la recuperación del consumo cada vez era más difícil en un círculo vicioso, esta vez tenemos la oportunidad de rebotar en esa recuperación en "V" (que es la que se ha producido en China, por cierto) y cuando volvamos a tener dinero en el bolsillo, ver cómo lo repartimos mejor. Un estudio de Fintonic revela que https://www.fintonic.com/blog/estudio-fintonic-barometro-hogares-covid-19/la mayoría de hogares ha ahorrado durante el confinamiento. Esta vez no ha gastado porque no tenia en dónde, no por que no tuviera ganas o dinero. Igual estamos a tiempo.

Por eso, esta campaña corporativa de AMC  que invita a consumir lo que puedas en cuanto puedas, lo deja muy claro.

“Ahora tenemos que poner en marcha la mayor cadena de favores que se haya visto nunca. 
Funciona así: si puedes, gasta algo de dinero. En lo que quieras, en un libro, en la terraza, en un capricho…”

 

Porque al final, el sueldo de todos nosotros no viene solo de la empresa en la que trabajamos, sino de los clientes que tiene. Cuando tú compras, todo se mueve.  Y los impuestos que se pagan en la cadena de “valor añadido” o por beneficios, pagan el resto. Tiempo habrá de recaudar y repartir de la forma más justa posible. Y por supuesto de implantar modelos de negocio sostenibles, economia circular, desarrollo local, trabajo inclusivo e igualitario y cualquier otra mejora de las que ya estaban en la agenda social. Pero ahora, la solución es reactivar el consumo. Lo antes posible.