El esperpéntico episodio del gas pimienta en el Congreso de los Diputados ha encontrado su reverso más demagógico en el plató de Todo es mentira. La diputada del Partido Popular, Ana Vázquez, acudió este jueves al programa de Cuatro para intentar salvar los muebles. Lo que prometía ser una rendición de cuentas por una negligencia institucional que obligó a precintar instalaciones y dejó doce intoxicados, se transformó en un ejercicio de populismo televisivo, orquestado a medias entre la burda excusa de la política y la incomprensible pirueta argumental de Risto Mejide.

Durante su intervención, Vázquez no solo se atrincheró en defender que no había puesto a nadie en riesgo, sino que intentó reescribir la historia de su propia torpeza. En un alarde de oportunismo, la diputada justificó su imprudencia asegurando que su verdadera intención era que la gente viera "con lo que las ceutíes y los niños van al colegio". Una coartada a posteriori que pretendía elevar un simple y peligroso manoseo accidental de un arma de defensa personal en el baño del hemiciclo a la categoría de denuncia social planificada.

De forma sorpresiva, Mejide decidió comprar el relato de la invitada y lanzarle un capote, utilizando el incidente para entonar un discurso de brocha gorda contra la clase política. "Aquí hay uno que te aplaude, Ana. ¿Sabes por qué? Porque has trasladado al Congreso de los Diputados una centésima parte de lo que viven los ceutíes ahora", sentenció el publicista, validando de facto la temeridad de la diputada bajo el paraguas del mensaje social.

El presentador justificó entonces la alarma generada como una merecida lección para los parlamentarios: "Me parece muy bien que sus señorías se alarmen por esto. No me parece mal que, por un segundo, hayan notado una milésima parte de lo que nota un ceutí". Unas palabras que provocaron la emoción y las lágrimas en directo de Ana Vázquez, consumando así el blanqueamiento televisivo de su figura: de irresponsable a heroína incomprendida en apenas unos minutos de emisión.

Esta imagen de vulnerabilidad contrasta de forma notable con la actitud que la diputada mostró en los pasillos del Congreso apenas unas horas antes. En lugar de centrar su discurso en pedir disculpas a los afectados, Vázquez atendió a la prensa exhibiendo el bote de pimienta para restar gravedad al asunto. El hecho de que el espacio de Cuatro haya optado por pasar por alto esta falta de autocrítica para ofrecerle, en su lugar, un momento de desahogo emocional, refleja cómo a menudo los formatos televisivos priorizan el impacto narrativo sobre la exigencia de responsabilidades políticas.

El grave problema del discurso abrazado por Mejide es que choca frontalmente con la realidad de los hechos. No fueron "sus señorías" quienes sufrieron esa "milésima parte" de inseguridad que el presentador celebra. Quienes sufrieron los picores, los vómitos y los problemas respiratorios derivados del gas pimienta esparcido por la diputada del PP fueron los ujieres, el personal de limpieza y las cocineras de la cafetería del Congreso. Trabajadores anónimos que se convirtieron en daños colaterales de una torpeza que Todo es mentira ha preferido camuflar bajo el rentable, pero peligroso, manto del populismo fronterizo.

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