El exasesor de Moncloa y exdirigente del PSOE Paco Salazar ha comparecido en la mañana de este jueves en la comisión del Senado sobre el caso Koldo, donde ha negado que renunciara a su cargo en Moncloa a raíz de las denuncias de acoso sexual presentadas contra él por el canal interno del partido y se ha desvinculado de la campaña de financiación de las primarias a las que Pedro Sánchez se presentó para liderar el partido en 2017. A su salida, los medios han intentado conseguir alguna declaración, pero allí han aparecido también agitadores como Quiles o Ndongo, que lo acosaban por la calle. Un reportero de El Programa de Ana Rosa también le seguía, pero era torpedeado por ambos. Sin embargo, Quintana salía en defensa de ambos desde plató.
"Un periodista como Toño al lado de estos dos acompañándole al lado... Al final es que el espectáculo contra el periodismo... Es difícil que este hombre pueda hablar o tenga ganas de hablar", decía una de las colaboradoras. Inmediatamente, Quintana salía en defensa de ambos agitadores: "A mí me parece que son tan periodistas como otros cualquiera. Puedes estar de acuerdo o acuerdo pero estos señores son periodistas de medios y ya está".
Su compañera se refería a Ndongo, negando las palabras de la de Unicorn Content, que volvía a cerrar filas: "Ndongo es un periodista de Periodista Digital. Puedes estar de acuerdo o no, pero lo es". "En el acoso nunca", le replicaba la colaboradora. "Bueno, a veces le han acosado a él, pero están haciendo su trabajo", trataba de justificar.
El caso Salazar
El nombre de Paco Salazar, durante años vinculado a la dirección del PSOE y al entorno de la Presidencia del Gobierno, ha pasado en poco tiempo de la discreción orgánica a ocupar el centro del debate político. Las acusaciones de comportamientos inadecuados hacia varias trabajadoras y la posterior gestión interna del partido han derivado en una controversia que mezcla dimensión personal, responsabilidad política y confrontación parlamentaria.
Las primeras quejas surgieron dentro del propio ámbito socialista. Varias mujeres relataron conductas que, según su versión, incluían comentarios de carácter sexual, actitudes machistas y situaciones que generaron incomodidad en el entorno laboral. Aunque estas denuncias no trascendieron públicamente en un primer momento, con el tiempo fueron conocidas a través de investigaciones periodísticas que cuestionaron la respuesta inicial del partido y la protección ofrecida a las denunciantes.
El PSOE acabó reconociendo errores en la forma en que se gestionaron esas quejas en las fases iniciales. Desde la organización se defendió que se actuó cuando se tuvo constancia suficiente de los hechos, pero también se admitió que los procedimientos internos no respondieron plenamente a las expectativas de quienes reclamaban una actuación más rápida y clara. La situación terminó con la salida de Salazar de sus responsabilidades políticas y de su puesto como asesor, una decisión que él siempre ha vinculado a motivos personales y familiares, negando de manera rotunda cualquier comportamiento constitutivo de acoso.
La polémica dio un nuevo giro cuando el exdirigente fue llamado a comparecer en el Senado dentro de una comisión de investigación impulsada por la oposición. Aunque el objeto principal de ese órgano parlamentario era otro asunto, su figura acabó incorporándose al debate político más amplio sobre responsabilidades, transparencia y funcionamiento interno de los partidos.
Durante su intervención, Salazar defendió su trayectoria profesional y personal, insistiendo en que siempre mantuvo una relación de respeto con sus compañeras. Reiteró que su renuncia no estuvo relacionada con las acusaciones y explicó algunos aspectos de su actividad dentro del partido que habían sido objeto de discusión pública. Su comparecencia, sin embargo, no logró cerrar la controversia y evidenció la fuerte división política en torno al caso.
Para el PSOE, el episodio ha supuesto un momento incómodo que ha obligado a revisar sus mecanismos de prevención y respuesta ante denuncias de acoso. Para la oposición, en cambio, se ha convertido en un argumento más dentro de la crítica al funcionamiento interno del partido en el Gobierno. Entre ambas posiciones quedan las voces de quienes reclaman que el foco principal se sitúe en la protección efectiva de las posibles víctimas y en la necesidad de procedimientos claros, rápidos y garantistas.
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