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El Regate

El sueño olímpico de África se enfrenta a las cuentas de Senegal

Senegal acoge los primeros Juegos Olímpicos de la historia en suelo africano mientras la crisis de deuda, el desempleo juvenil y el coste de la vida abren el debate sobre su legado

Últimos preparativos e instalación de los últimos paneles en Dakar, Senegal, en vísperas de la inauguración de los Juegos Olímpicos de la Juventud. EP.

Últimos preparativos e instalación de los últimos paneles en Dakar, Senegal, en vísperas de la inauguración de los Juegos Olímpicos de la Juventud. EP.

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África ha tenido que esperar 130 años para organizar unos Juegos Olímpicos. Desde que Atenas inauguró la era moderna del olimpismo en 1896, el continente había visto pasar de largo todas las grandes citas del calendario. Ni los Juegos de verano ni los de invierno habían encontrado una sede africana. Hasta ahora. El pasado 31 de octubre, Senegal abrió las puertas de Dakar 2026, los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados en suelo africano, con miles de deportistas adolescentes y una promesa que va mucho más allá del deporte.

La ceremonia inaugural, celebrada en el estadio Abdoulaye Wade de Diamniadio, convirtió el acontecimiento en una reivindicación de la identidad cultural senegalesa. Sin embargo, fuera de las instalaciones deportivas, la celebración se enfrenta a una realidad bastante más complicada: una economía sometida a fuertes presiones, una deuda pública elevada y una juventud que reclama oportunidades que no terminan de llegar.

Los Juegos, que se prolongarán hasta el 13 de noviembre, reúnen a aproximadamente 2.655 deportistas de entre 14 y 17 años, procedentes de 204 comités olímpicos nacionales, además de un equipo de atletas refugiados. La competición se desarrolla en Dakar, Diamniadio y Saly, tres localidades que durante dos semanas concentran buena parte de la atención del deporte internacional.

La elección de Senegal tampoco fue casual. El país fue designado organizador en 2018 y debía acoger inicialmente la competición en 2022, pero la pandemia obligó a aplazarla cuatro años. El resultado es una edición especialmente simbólica para el movimiento olímpico, presidido ahora por Kirsty Coventry, la exnadadora zimbabuense que se convirtió en la primera mujer y la primera persona africana al frente del Comité Olímpico Internacional (COI).

Pero el entusiasmo institucional no se reproduce necesariamente en las calles de la capital. Mientras las delegaciones compiten y las autoridades defienden las oportunidades del acontecimiento, una parte de la población se pregunta hasta qué punto podrá beneficiarse de las inversiones. La discusión no gira únicamente alrededor del deporte, sino también de las prioridades económicas de un país que atraviesa una profunda crisis de deuda.

Una fiesta olímpica en plena crisis económica

Según los datos recogidos por Associated Press, el Gobierno senegalés ha comprometido 36.000 millones de francos CFA, aproximadamente 60 millones de dólares, para organizar los Juegos. A esa cantidad se añaden otros 11.300 millones de francos CFA, unos 19 millones de dólares, destinados a la renovación de instalaciones deportivas. Las cifras han alimentado el debate sobre el uso de los recursos públicos en un país donde numerosas familias encuentran dificultades para afrontar sus gastos cotidianos.

El contexto económico ayuda a comprender las críticas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que la deuda total del sector público de Senegal había alcanzado el 132% del producto interior bruto al cierre de 2024. El problema adquirió una dimensión mayor después de que las nuevas autoridades descubrieran obligaciones financieras que no habían sido declaradas por el anterior Gobierno. La situación provocó la congelación de un programa de asistencia del FMI y abrió una compleja negociación para recuperar la estabilidad financiera.

La crisis también se ha trasladado a los hogares. El encarecimiento de productos básicos ha aumentado la presión sobre una población especialmente joven. Aproximadamente tres de cada cuatro habitantes de Senegal tienen menos de 35 años, mientras que el desempleo juvenil ronda el 23%, de acuerdo con los datos recogidos por Associated Press a partir de las estadísticas nacionales. Muchos de quienes consiguen trabajar lo hacen, además, en el sector informal.

En ese escenario, la promesa olímpica de impulsar nuevas oportunidades convive con necesidades más inmediatas. Paulina Netinan Nodjibougada, una estudiante de contabilidad de 26 años entrevistada por Associated Press, reconocía sus dificultades para encontrar trabajo y afrontar los gastos familiares. Aunque comprendía el carácter histórico de los Juegos, consideraba que las autoridades debían prestar mayor atención a los problemas de los jóvenes senegaleses.

Por su parte, el presidente Bassirou Diomaye Faye ha defendido las ventajas económicas de la celebración. Su Gobierno destaca los contratos adjudicados a empresas nacionales, las mejoras en infraestructuras y los programas de formación y voluntariado. El debate no se limita, por tanto, al dinero invertido, sino a cómo se distribuyen sus beneficios y durante cuánto tiempo podrán aprovecharse.

Los comerciantes desplazados y la promesa de un legado

La transformación de Dakar también ha tenido consecuencias para algunos de sus habitantes. En el barrio popular de Medina, próximo al estadio Iba Mar Diop, un grupo de artesanos del calzado fue trasladado de su ubicación habitual como consecuencia de las obras de renovación del recinto deportivo.

Mamadou Wadji, responsable de una cooperativa de zapateros, explicó a Associated Press que los trabajadores habían sido reubicados en un edificio escolar sin terminar, situado en una zona menos accesible para sus clientes. El centro de trabajo que las autoridades les habían prometido todavía no estaba preparado y, mientras tanto, sus ventas se habían resentido.

Su situación resume algunas de las contradicciones que acompañan a las grandes competiciones internacionales. La renovación de los espacios urbanos puede mejorar las instalaciones y atraer inversiones, pero también ocasionar perjuicios a quienes desarrollaban allí su actividad económica.

El COI insiste en que Dakar 2026 debe contribuir al desarrollo de la juventud, impulsar la participación de las mujeres y mejorar las infraestructuras deportivas. Entre las inversiones destaca un préstamo de 80 millones de euros de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) para financiar un programa de renovación y creación de equipamientos, incluida la construcción de 12 instalaciones deportivas de proximidad en barrios populares. Esta financiación debe distinguirse del presupuesto destinado a organizar la competición.

La intención es que estos espacios puedan ser utilizados posteriormente por centros educativos, clubes y comunidades locales. Sin embargo, el verdadero alcance de ese legado dependerá de cuestiones menos visibles que una inauguración: el mantenimiento de las instalaciones, los recursos para gestionarlas y las posibilidades reales de acceso de la población.

También existe una dimensión cultural que distingue a estos Juegos. El programa incorpora disciplinas como el Baseball5, el wushu o la lucha de playa, esta última especialmente vinculada a las tradiciones deportivas senegalesas. Su presencia permite ampliar la representación de modalidades que normalmente ocupan un lugar secundario en el calendario internacional.

La historia de Dakar 2026 no puede reducirse a un enfrentamiento entre deporte y necesidades sociales. La inversión en instalaciones públicas, formación o programas juveniles también puede contribuir al desarrollo de un país. La cuestión es si esas mejoras compensarán los costes asumidos y si llegarán a quienes más dificultades tienen para acceder al deporte.

El próximo 13 de noviembre, cuando se apague la llama olímpica, Senegal habrá completado una página inédita en la historia del deporte mundial. Los deportistas regresarán a sus países y Dakar recuperará progresivamente su actividad cotidiana. Los primeros Juegos Olímpicos de África ya habrán cumplido su objetivo más visible: celebrarse. El balance de sus cuentas y el destino de las inversiones necesitarán bastante más tiempo para conocerse.

Etiquetas Deportes África

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