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El Partido Demócrata ha asestado un duro golpe a Donald Trump en las elecciones legislativas de este martes en Estados Unidos. La oposición ha conseguido arrebatar a los republicanos el control del Senado y de la Cámara de Representantes, según las proyecciones recogidas por Reuters, en una noche marcada por las victorias demócratas en estados tradicionalmente conservadores. El resultado de las midterms cambia el equilibrio de poder en Washington y deja al presidente estadounidense ante los dos últimos años de su mandato con un Congreso dispuesto a fiscalizar su gestión y poner límites a buena parte de su agenda política.
La victoria demócrata ha superado las expectativas más favorables para el partido. Las proyecciones sitúan a la formación con al menos 51 escaños en el Senado, suficientes para recuperar la mayoría, mientras que en la Cámara de Representantes ha logrado superar el umbral de 218 representantes necesario para hacerse con el control. Aunque el escrutinio continúa en varias circunscripciones, las principales cadenas estadounidenses y Reuters ya dan por hecho el cambio de mayorías en el Capitolio.
Los resultados llegan después de una campaña en la que el coste de la vida, la inflación y el descontento con la gestión económica de Trump han ocupado un lugar central. Las encuestas a pie de urna reflejan también el rechazo de una parte importante del electorado a las decisiones del presidente y el deseo de que el Congreso ejerza un mayor control sobre la Casa Blanca. La guerra contra Irán, iniciada en febrero, y su impacto sobre los precios de la energía han añadido presión a una Administración que había situado la recuperación económica entre sus principales compromisos.
Texas, Kansas y Ohio: los demócratas rompen el mapa republicano
Uno de los resultados más significativos de la noche se ha producido en Texas, donde el Partido Demócrata ha conseguido victorias históricas. James Talarico ha derrotado al republicano Ken Paxton en la carrera al Senado y se convierte en el primer demócrata elegido para representar al estado en la Cámara Alta desde 1988. La derrota resulta especialmente dolorosa para los republicanos en un territorio que Trump ganó con una amplia ventaja en las elecciones presidenciales de 2024.
El triunfo demócrata en Texas se extiende también al Gobierno estatal. Gina Hinojosa ha derrotado al gobernador republicano Greg Abbott, poniendo fin a más de tres décadas de dominio republicano en el Ejecutivo. Hinojosa será la primera gobernadora latina de Texas, un resultado en el que han tenido especial relevancia la participación del electorado latino, los votantes jóvenes y las preocupaciones relacionadas con la economía familiar, según la prensa local.
La pérdida de poder republicano también alcanza otros territorios que parecían difícilmente accesibles para los demócratas. En Kansas, Adam Hamilton ha conseguido una victoria histórica al derrotar al senador Roger Marshall, convirtiéndose en el primer demócrata elegido para el Senado por ese estado desde la década de 1930. En Ohio, Sherrod Brown ha recuperado un escaño republicano tras imponerse a Jon Husted, mientras que en Carolina del Norte el exgobernador Roy Cooper ha derrotado a Michael Whatley, respaldado por Trump.
A estas victorias se suman los avances demócratas en Iowa y Carolina del Sur, donde Annie Andrews ha conseguido imponerse a Darline Graham, hermana del senador republicano Lindsey Graham. El resultado amplía el alcance territorial de la victoria demócrata y evidencia las dificultades del Partido Republicano para conservar apoyos incluso en algunos de sus bastiones más consolidados.
Las elecciones también han dejado cambios relevantes en los gobiernos estatales. Los demócratas han arrebatado gobernaciones a los republicanos en Texas, Ohio, Iowa y Georgia. En California, Xavier Becerra ha derrotado al republicano Steve Hilton para suceder a Gavin Newsom y convertirse en el primer gobernador latino elegido directamente en las urnas en la historia del estado.
El coste de la vida pasa factura a Trump
Las preocupaciones económicas han tenido un peso determinante en el resultado. Según las encuestas a pie de urna difundidas por los medios estadounidenses, casi nueve de cada diez votantes consideraron importante el coste de la vida a la hora de decidir su voto. El encarecimiento de los alimentos, la gasolina, la vivienda y la atención sanitaria ha marcado una campaña en la que los demócratas han responsabilizado a Trump de no haber cumplido sus promesas de mejorar la situación económica de los hogares.
El desgaste presidencial también aparece reflejado en las respuestas de los electores. Aproximadamente la mitad de los votantes interpretó las elecciones como una oportunidad para expresar su rechazo a la gestión de Trump, mientras que una amplia mayoría manifestó su deseo de que el Congreso actúe como contrapeso al poder presidencial. La movilización juvenil ha contribuido a algunas de las victorias demócratas, especialmente en Ohio, donde Sherrod Brown ha conseguido un apoyo destacado entre los menores de 30 años.
El presidente, sin embargo, ha rechazado asumir personalmente la responsabilidad de la derrota. Desde la Casa Blanca, donde ha seguido el escrutinio acompañado de asesores y miembros de su entorno, Trump ha atribuido parte de los malos resultados a que su nombre no figuraba en las papeletas. El mandatario ha sostenido que los republicanos habrían obtenido un resultado muy diferente si él hubiera sido candidato, pese a su participación activa en la campaña electoral.
Trump también ha dirigido sus críticas contra candidatos y dirigentes de su propio partido, además de cuestionar la cobertura de algunos medios conservadores. Sus declaraciones han abierto un nuevo debate interno entre los republicanos sobre el desgaste de su liderazgo y el impacto de sus políticas económicas, después de una campaña en la que había respaldado personalmente a numerosos aspirantes.
Los demócratas preparan una ofensiva parlamentaria contra la Casa Blanca
La recuperación del Congreso permitirá a los demócratas impulsar una agenda que combina medidas económicas y sociales con una mayor fiscalización de la Administración Trump. Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara de Representantes y principal aspirante a presidirla, lleva semanas preparando un programa para los primeros cien días de la nueva legislatura, que comenzará en enero de 2027.
El plan contempla iniciativas para reducir el precio de los alimentos, la gasolina y la vivienda, además de facilitar el acceso a la atención sanitaria. Los demócratas pretenden recuperar las ayudas fiscales vinculadas a los seguros médicos de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, conocida como Obamacare, y revertir los recortes de Medicaid aprobados durante la Presidencia de Trump. También quieren revisar su política arancelaria y someter a votación nuevas iniciativas relacionadas con la intervención militar estadounidense en Irán.
Para preparar estas medidas, Jeffries ha organizado cinco grupos de trabajo integrados por representantes de las alas progresista y moderada del partido. El objetivo es alcanzar acuerdos internos sobre las propuestas que puedan llevarse al pleno desde el comienzo de la legislatura. La lucha contra el encarecimiento de la vida y la exigencia de responsabilidades políticas figuran entre las prioridades anunciadas por el dirigente demócrata.
Pero la agenda no se limitará a las iniciativas legislativas. Con el control de las comisiones parlamentarias, los demócratas dispondrán de mayor capacidad para abrir investigaciones sobre la Casa Blanca, solicitar documentación y citar a responsables de la Administración. Entre los asuntos que pretenden examinar figuran posibles conflictos de intereses, actuaciones de altos cargos y los negocios vinculados al entorno familiar del presidente. Las investigaciones requerirán acreditar sus hallazgos y no implican, por sí mismas, la existencia de responsabilidades penales.
Trump conserva el veto, pero pierde margen de maniobra
El cambio de mayorías no implica que los demócratas puedan imponer automáticamente su programa. Trump conserva el poder de veto presidencial, que le permite rechazar las leyes aprobadas por el Congreso. Para superar ese veto sería necesario reunir una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, un escenario que las actuales proyecciones electorales no garantizan.
El presidente ya ha adelantado que recurrirá a sus facultades constitucionales para frenar las iniciativas que rechace, aunque también ha abierto la puerta a negociar determinados acuerdos con la oposición. El margen para esa colaboración dependerá de las prioridades legislativas y de la capacidad de ambas formaciones para alcanzar compromisos, especialmente en materias presupuestarias.
La conquista del Senado introduce, además, una dificultad añadida para los nombramientos de Trump. La Cámara Alta tiene competencias para confirmar jueces federales, miembros del Gobierno, embajadores y otros altos cargos. Una mayoría demócrata podrá bloquear candidaturas presidenciales que no cuenten con suficientes apoyos y asumir la dirección de las comisiones encargadas de examinar esos nombramientos.
El nuevo escenario también condicionará las negociaciones sobre el presupuesto federal, el techo de deuda y la financiación de los servicios públicos. Los demócratas dispondrán de mayores instrumentos para exigir concesiones a la Casa Blanca, mientras que Trump mantendrá sus competencias ejecutivas y la posibilidad de recurrir a los tribunales ante determinados conflictos institucionales.
El resultado de las midterms deja así al Partido Republicano ante una nueva etapa de disputas internas y obliga a la Administración Trump a afrontar un Congreso controlado por sus adversarios políticos. La primera prueba de esa nueva relación de fuerzas llegará en enero, con la constitución de las cámaras y la puesta en marcha de la agenda parlamentaria demócrata.
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