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José Félix Tezanos denuncia que la difusión de sondeos que anticipan una victoria conservadora puede desmovilizar al electorado progresista y condicionar el comportamiento de los votantes. El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) cuestiona las estrategias demoscópicas que presentan la derrota de la izquierda como inevitable, aunque su diagnóstico convive con una gran brecha en la credibilidad de los barómetros de intención de voto del organismo público que dirige.
La batalla por el relato demoscópico
En su artículo, publicado en el número 383 de noviembre de 2026 de la revista Temas para el Debate, bajo el título “¿Desalentar el voto progresista?”, Tezanos sostiene que las estrategias electorales de las derechas recurren a argumentos negativos y a pronósticos desfavorables para reducir la movilización de sus adversarios. Según su interpretación, se trata de una pugna por las expectativas: convencer a una parte del electorado de que su voto carece de utilidad antes incluso de que se abran las urnas.
“En las sociedades de nuestro tiempo las estrategias electorales de las derechas giran en torno a argumentos negativos y a intentos de desalentar el voto progresista”, escribe el sociólogo. A su juicio, estas tácticas persiguen un doble objetivo: estimular un voto reactivo y agresivo entre los sectores próximos a la derecha y, simultáneamente, desincentivar la participación de los votantes de izquierda. Para ello, denuncia el empleo de procedimientos que considera irregulares, como la reiteración de debates sobre cuestiones alejadas de las principales preocupaciones ciudadanas.
Tezanos sostiene que la difusión de pronósticos electorales adversos puede contribuir a instalar una percepción de derrota anticipada. Si los votantes consideran que las formaciones progresistas carecen de posibilidades de alcanzar una mayoría suficiente para gobernar, aumenta el riesgo de que una parte de ellos concluya que acudir a votar resulta inútil. El resultado potencial sería un descenso de la participación que, en determinadas circunstancias, podría beneficiar al bloque que hubiera conseguido movilizar mejor a sus simpatizantes.
El “efecto apagón”: cuando el pronóstico condiciona el voto
Tezanos sitúa el foco en las encuestas que atribuyen al PP y a Vox una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar. En su análisis, cuestiona los estudios que, según sostiene, presentan ese desenlace como prácticamente inevitable y contribuyen a consolidar un clima de desmovilización en la izquierda. El sociólogo llega a referirse a determinadas mediciones como “pseudoencuestas” y critica la proliferación de estimaciones que, a su entender, responden más a una estrategia de comunicación política que a una voluntad de describir rigurosamente las preferencias ciudadanas.
El denominado “efecto apagón” funciona como una interpretación del posible impacto psicológico y político de las encuestas, no como una causalidad acreditada por el mero hecho de que varios sondeos coincidan en anticipar una victoria conservadora.
El precedente de las elecciones de 2019 y 2023
Para respaldar su argumentación, el presidente del CIS reivindica el comportamiento de las estimaciones del organismo en las dos últimas elecciones generales celebradas en España, en 2019 y 2023. En el artículo, sostiene que las previsiones del CIS fueron las que más se aproximaron a los resultados electorales, frente a quienes cuestionan sus barómetros por apartarse del consenso demoscópico de las empresas privadas.
El sociólogo también recuerda el efecto que pueden producir las expectativas electorales sobre la opinión pública. Según recoge en su texto, durante la campaña de las últimas generales, un 65,5 % de los encuestados por el CIS consideraba que el PP ganaría las elecciones, pese a que finalmente el PSOE obtuvo la victoria. Tezanos utiliza ese dato para ilustrar la distancia que puede existir entre la percepción anticipada de un resultado y el desenlace efectivo de la votación.
La comparación, no obstante, exige examinar las estimaciones concretas, las fechas de publicación, los márgenes de error y los criterios empleados para medir la precisión de cada encuesta. Que una parte importante de los entrevistados espere una victoria de un partido no equivale a que el sondeo pronostique necesariamente ese resultado: una pregunta sobre quién se cree que ganará mide expectativas, mientras que la estimación de voto intenta proyectar el comportamiento electoral. Son indicadores distintos y no deben confundirse.
La polémica sobre la credibilidad del CIS
La intervención de Tezanos se produce en un contexto de discrepancia entre las estimaciones del CIS y las de numerosas empresas demoscópicas privadas. Mientras los barómetros del organismo público han otorgado en distintas ocasiones una posición favorable al PSOE, una parte de los sondeos privados ha dibujado escenarios más ventajosos para el PP y Vox. Esa divergencia ha alimentado la polémica sobre los modelos de estimación, las decisiones metodológicas y la interpretación de los datos.
El debate afecta tanto a la técnica demoscópica como a la percepción de independencia del organismo. Las diferencias entre encuestas pueden responder a factores diversos: la formulación de las preguntas, la composición de las muestras, el tratamiento de la abstención, la asignación de indecisos y los modelos utilizados para transformar las respuestas en estimaciones de voto. La distancia entre resultados no demuestra por sí misma manipulación, del mismo modo que la condición pública del CIS tampoco convierte automáticamente sus estimaciones en más fiables.
Como presidente del organismo responsable de los barómetros públicos y director de Temas para el Debate, su crítica a las estrategias demoscópicas de la derecha se formula desde una posición que está expuesta al escrutinio político. Sus argumentos deben analizarse por su contenido y contrastarse con los datos, sin confundir su interpretación ideológica con una conclusión científica demostrada.
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