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Hay carreras que se miden por el tiempo y otras que se recuerdan por lo que sucede entre la salida y la meta. Martín Fiz ha pasado buena parte de su vida persiguiendo segundos, afinando ritmos y aprendiendo a convivir con el sufrimiento de los 42,195 kilómetros. Este domingo 1 de noviembre volverá a enfrentarse a la distancia que marcó su trayectoria, pero esta vez lo hará con un objetivo distinto. En el maratón de Nueva York disputará el último de su carrera y estará acompañado por su hijo Álex, que afrontará su primera prueba de estas características. El padre correrá para despedirse; el hijo, para descubrir hasta dónde puede llegar.
La cifra añade una coincidencia difícil de ignorar. Será el maratón número 42 de Fiz, exactamente el número que acompaña a una distancia convertida en símbolo del atletismo de fondo. A sus 63 años, el vitoriano quiere cerrar ese capítulo en una ciudad que conoce bien y donde ha competido en cinco ocasiones anteriores. Álex, por su parte, se estrenará en una prueba que exige mucho más que preparación física: gestionar el ritmo, interpretar las señales del cuerpo y asumir que los kilómetros finales pueden cambiar cualquier previsión.
Un campeón que aprendió a convivir con los 42 kilómetros
Fiz llegó al maratón después de hacerse un nombre en otras pruebas de fondo. Su adaptación fue extraordinariamente rápida. En 1993 ganó el maratón de Helsinki y, un año después, se proclamó campeón de Europa en la misma ciudad. En 1995 alcanzó la cima mundial al conquistar el oro en los Mundiales de Gotemburgo. Fue subcampeón del mundo en Atenas en 1997 y también representó a España en dos Juegos Olímpicos, con un cuarto puesto en Atlanta 1996 y un sexto en Sídney 2000.
Su trayectoria pertenece a una generación que convirtió el maratón español en una referencia internacional, con Abel Antón como uno de sus grandes rivales y compañeros de época. Después de retirarse de la élite profesional, Fiz no abandonó la distancia. Continuó compitiendo en categorías máster y construyó una segunda etapa deportiva en la que volvió a conquistar grandes carreras, incluidas las seis pruebas del circuito World Marathon Majors en su categoría de edad.
Sin embargo, la experiencia no elimina el desgaste. Su último maratón hasta ahora fue en 2019 y el propio atleta reconoce que las molestias musculares que aparecen después de correr estas distancias le han llevado a tomar la decisión de parar. No deja de correr, sino que cambia el terreno de su desafío. Su siguiente etapa estará más vinculada a las medias maratones y a las pruebas de 10.000 metros, distancias que le permitirán seguir compitiendo sin someter al cuerpo a la misma exigencia.
El relevo se corre al mismo ritmo
La despedida de Nueva York tendrá una dificultad añadida: el objetivo no consiste únicamente en terminar, sino en hacerlo juntos y, si las fuerzas acompañan, por debajo de las tres horas. Es una meta ambiciosa para el debut de Álex, pero también una forma de mantener vivo el componente competitivo que ha acompañado a Fiz durante toda su carrera.
Padre e hijo han preparado la prueba durante cinco meses y han establecido un pacto para el recorrido. Si uno pierde fuerzas, el otro le acompañará; si los dos terminan quedándose sin energía, Ana Churruca, mujer de Martín y también participante en la carrera, estará preparada para reunirse con ellos. El acuerdo refleja una diferencia importante respecto a los grandes campeonatos que marcaron la trayectoria del atleta: esta vez no tendrá que gestionar la carrera pensando únicamente en su propio rendimiento.
Fiz conoce la ciudad, la dureza del recorrido y las sensaciones que aparecen cuando el cuerpo empieza a pasar factura. Álex deberá descubrirlas por primera vez. La experiencia de uno y la energía del otro se encontrarán en una distancia que no permite esconder los errores de ritmo ni resolver con talento todos los problemas. La competición seguirá presente, pero el resultado individual pierde peso ante una meta compartida.
La última vez que los 42 kilómetros serán el destino
El envejecimiento deportivo obliga a los atletas a negociar con sus propios límites. Quien ha dedicado décadas a competir debe decidir cuándo el esfuerzo deja de compensar el desgaste y cómo mantener la relación con el deporte cuando ya no tiene sentido perseguir los mismos objetivos. En el caso de Fiz, la decisión llega después de haber convertido la categoría máster en otra oportunidad para ganar, no en una retirada silenciosa de las carreras.
Nueva York cerrará ese recorrido sin borrar lo anterior. El campeón del mundo seguirá vinculado al atletismo, pero dejará de buscar en el maratón una nueva prueba que añadir a su historial. A cambio, compartirá sus últimos 42,195 kilómetros con alguien que empieza ahora a escribir el suyo.
El domingo, las calles de Nueva York volverán a llenarse de corredores con objetivos muy diferentes. Para muchos será una lucha contra el reloj; para otros, la conquista de una distancia que llevan meses preparando. Para Martín Fiz será algo que no puede repetir: su último maratón. Para Álex, el primero. Ambos saldrán con la ambición de bajar de tres horas, pero con un acuerdo que sitúa el verdadero resultado en otro lugar. Después de 41 maratones en solitario, el campeón tendrá una última lección que transmitir. Esta vez, el reto no será llegar antes que los demás, sino asegurarse de que su hijo llegue con él.




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