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SIn duda, uno de los estadios más emblemáticos del fútbol europeo es San Siro. La casa del Milan e Inter durante prácticamente toda su historia va a desaparacer. En una comparecencia en el Castillo Sforzesco, dirigentes de ambos equipos anunciaron la que será su nueva casa a partir de 2031. Las obras comenzarán el año que viene con el objetivo de estar operativo a partir de 2032, ya que la Eurocopa de ese año será organizada por Italía y Turquía de forma conjunta.
El estadio se llamará Generali Stadium, ya que la aseguradora ha comprado los derechos de naming por unos 25 millones de euros por termporada. Además contará con 71.500 asientos. Ya se han filtrado varíos bocetos sobre la aparencia del mismo y tendrá una forma de cuenco elevado sobre una plataforma con un diseño hexágonal exterior. En la zona detrás de las porterías, la inclinación será mayor inspirándose en el "muro amarillo" de Dortmund.
Este anuncio es mucho más que la destrucción de uno de los estadios más emblemáticos, es el resultado de una disputa entre ambos clubes con el ayuntamiento de la ciudad, ya que durante años Inter y Milan han tratado de comprar el estadio, que era propiedad del ayuntamiento.
La Eurocopa 2032 fecha límite
El principal motivo de esta remodelación, a parte de la meramente económica, tiene que ver con los requisitos impuestos por la UEFA para la consecución del torneo continetal. De todos los estadios que Italia ha presentado a la UEFA, once están pendientes de construcción y remodelación. Por ello, el estadio más especial del fútbol italiano ha visto esta oportunidad para remodelarse y mejorar una infraestructura que ya estaba obsoleta.
El principal probelma que se encuentran los clubes italianos a la hora de llevar a cabo operaciones de esta índole es que no son propietarios de los estadios. A diferencia con el resto de clubes europeos que si son dueños de los recintos, en Italia se mantienen las concesiones municipales, es decir, los ayuntamientos otorgan permisos de uso o de servicio público a cambio de un canon anual. El Roma y el Lazio (con el Olímpico), el Inter y el Milan (con San Siro), el Nápoles (con el Diego Armando Maradona) o el Fiorentina (con el Artemio Franchi) son algunos de los ejemplos.
La inmensa mayoría de los clubes italianos aspira a dejar atrás este modelo, aunque el camino está plagado de obstáculos. Los trámites son lentos, las dificultades administrativas numerosas y el coste económico, muy elevado. Se trata de un círculo vicioso: depender de una concesión municipal limita la capacidad de generar ingresos, pero romper con esa dependencia exige unas inversiones que muchas entidades no están en condiciones de afrontar.
A pesar de las dificultades, varios clubes han comenzado a dar pasos en esa dirección, aprovechando el impulso que supone la organización de la Eurocopa. Los dos grandes equipos de la capital, Roma y Lazio, ya trabajan en sus respectivos proyectos para construir nuevos estadios.
Una oportunidad enorme, pero una inversión costosa
Uno de los principales desafíos pasa por garantizar la viabilidad económica de estas operaciones. La Eurocopa puede actuar como un importante catalizador, pero su impacto será limitado si no se traduce en proyectos concretos y financieramente sostenibles. En el fútbol italiano, contar con un estadio propio se ha convertido en una de las principales vías para impulsar el crecimiento de los clubes. De hecho, las entidades que han conseguido acceder a la propiedad o a concesiones de larga duración sobre sus recintos han experimentado una transformación notable, tanto en el plano económico como en el deportivo.
Los ejemplos de Juventus, Udinese, Sassuolo y Atalanta reflejan el potencial de este modelo. La Juventus alcanzó en 2002 un acuerdo con el Ayuntamiento de Turín para obtener durante 99 años el derecho de superficie sobre los terrenos del antiguo estadio, que fue demolido para construir el actual Allianz Stadium, inaugurado en 2011.
La operación tuvo un impacto directo en las cuentas del club, cuyos ingresos llegaron a triplicarse. Una evolución similar vivió el Udinese, que adquirió los derechos sobre su estadio y llevó a cabo una profunda remodelación hasta convertirlo en un referente de gestión y sostenibilidad económica en Europa. Sus resultados han despertado el interés del resto de entidades del calcio, que ven en estos casos un modelo que merece la pena replicar. Sin embargo, dar el paso sigue estando al alcance de muy pocos.
“Para el fútbol italiano, los estadios en propiedad representan ya un componente estratégico del crecimiento económico de los clubes. 2032 puede ser un acelerador, pero la partida decisiva se jugará en la capacidad de financiar y llevar a cabo los proyectos”, señala Marcel Vulpis, fundador de Sporteconomy.it.




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