Durante décadas, hablar de marcha atlética significó hablar de 20, 35 o 50 kilómetros. Distancias propias de una disciplina con sus códigos, sus especialistas y también con uno de sus problemas históricos: resultaban familiares para quienes seguían el atletismo, pero bastante menos reconocibles para el público que aparecía una vez cada cuatro años.
Desde 2026, ese escenario ha cambiado. World Athletics decidió sustituir las dos principales distancias sénior en carretera. Los 20 kilómetros han dejado paso a la media maratón marcha, de 21,0975 kilómetros, mientras que los 35 kilómetros han sido reemplazados por la maratón marcha, de 42,195 kilómetros.
La modificación entró oficialmente en vigor el 1 de enero de 2026 y Birmingham será el primer Campeonato de Europa al aire libre que entregue medallas bajo ese nuevo sistema.
Para buena parte de los países se trata de una reforma reglamentaria. Para España significa algo más. Cambian precisamente las pruebas en las que el atletismo español ha construido buena parte de su prestigio internacional y en las que, durante el último ciclo, llegó a dominar el mundo.
El sábado 15 de agosto, las calles de Birmingham empezarán a responder a una pregunta que va bastante más allá de una modificación del reglamento: ¿puede España conservar su dominio cuando cambian las distancias sobre las que lo construyó?
Adiós a los 20 y los 35 kilómetros
El cambio parece pequeño en una de las pruebas y enorme en la otra. La antigua marcha de 20 kilómetros pasa a tener 21,0975 kilómetros. Son solamente 1.097,5 metros adicionales, por lo que el perfil fisiológico de los atletas, la preparación y buena parte de la estrategia siguen siendo relativamente similares.
No ocurre lo mismo en la prueba larga. Los antiguos 35 kilómetros se convierten en 42,195. Eso obliga a recorrer 7,195 kilómetros más, aproximadamente un 20% de distancia adicional. La resistencia gana importancia, pero también lo hacen la alimentación durante la prueba, la hidratación, la capacidad para mantener la técnica bajo fatiga y la administración del esfuerzo.
La marcha larga ya había sufrido una transformación reciente. Los 50 kilómetros, una de las pruebas históricas de la especialidad, fueron desplazados por los 35 km en los grandes campeonatos desde 2022. Cuatro años después, esa solución también desaparece como distancia principal.
World Athletics ha buscado con el nuevo modelo utilizar referencias reconocibles fuera de la propia marcha. La media maratón y la maratón son dos de las distancias más identificables del atletismo popular, utilizadas cada fin de semana por miles de corredores. La marcha adopta ahora exactamente esas medidas.
El cambio también obliga a construir desde cero una parte de sus estadísticas. World Athletics estableció nuevos estándares para reconocer los primeros récords mundiales de ambas pruebas y el calendario de 2026 ya ha comenzado a generar las primeras grandes marcas de referencia.
En febrero, el japonés Toshikazu Yamanishi estableció en Kobe el primer récord mundial masculino ratificado de media maratón marcha con 1:20:34. Birmingham traslada ahora ese experimento a un Campeonato de Europa.
María Pérez, la última reina de los 20 y 35 kilómetros
Si existe una atleta que resume bien lo que significa el cambio es María Pérez.
La granadina llega a Birmingham con una circunstancia difícil de repetir: es la última campeona mundial de las dos distancias que acaban de desaparecer. En Budapest 2023 ganó los 20 y los 35 kilómetros. Dos años después, en Tokio 2025, volvió a ganar los 20 y los 35 kilómetros. Cuatro títulos mundiales individuales en dos campeonatos consecutivos.
Desde el 1 de enero, ninguna atleta podrá volver a quitarle esos títulos en esas distancias dentro del programa mundial. Pérez conserva además el récord mundial histórico de los 35 kilómetros, con 2:37:15, conseguido en Podebrady en 2023. La distancia deja de ser una de las pruebas principales del calendario, pero la marca permanece como testimonio de la etapa anterior.
Birmingham le plantea, sin embargo, un desafío diferente. La española ha elegido competir en la media maratón marcha y no en la nueva maratón. Eso significa que su adaptación será mucho menos extrema: tendrá que recorrer algo más de un kilómetro adicional respecto a los antiguos 20 km en los que ha construido una parte importante de su carrera.
Su estado de forma tampoco parece una incógnita. A finales de julio ganó los 10.000 metros marcha del Campeonato de España en Málaga con 42:12.93, nuevo récord de España y mejor marca mundial del año en ese momento. Llega así a Birmingham después de haber mantenido un perfil competitivo relativamente bajo durante buena parte de la temporada, pero con una última referencia que la vuelve a situar entre las principales favoritas.
Enfrente estará, entre otras, la italiana Antonella Palmisano, una de las grandes rivales europeas de la última década.
Pérez conoce además lo que significa ganar un Europeo. En Berlín 2018 conquistó el título continental de 20 kilómetros y estableció entonces el récord de los campeonatos. Ocho años después puede conseguir algo bastante diferente: convertirse en la primera campeona europea de media maratón marcha.
No sería únicamente otra medalla. También serviría para establecer una continuidad simbólica entre la disciplina que termina y la que acaba de comenzar.
Una tradición que va más allá de Pérez
La importancia del cambio para España no se explica solamente por María Pérez.
La marcha constituye una de las tradiciones más constantes del atletismo español. Desde Jordi Llopart, primer medallista olímpico del atletismo español, pasando por Daniel Plaza, Valentí Massana, Paquillo Fernández, Miguel Ángel López o Jesús Ángel García Bragado, hasta llegar a la generación de Álvaro Martín y María Pérez, pocas disciplinas han ofrecido tanta continuidad internacional.
El último ciclo fue especialmente significativo. En los Mundiales de Budapest 2023, España ganó los cuatro oros posibles entre Pérez y Álvaro Martín: ambos se proclamaron campeones del mundo de 20 y 35 kilómetros.
En los Juegos Olímpicos de París 2024, Pérez y Martín volvieron a compartir protagonismo. España consiguió el oro en el estreno olímpico del relevo mixto de marcha, después de que Pérez lograra también la plata individual y Martín el bronce en los 20 kilómetros.
El resultado es una posición poco habitual antes de un cambio reglamentario: España no tiene que reconstruir una disciplina en crisis, sino adaptar una disciplina que estaba funcionando mejor que nunca.
La selección española de marcha para Birmingham cuenta con 13 atletas, con Pérez como principal referencia. En la media maratón femenina aparecen también nombres como Antía Chamosa, séptima en los 20 kilómetros del Mundial de Tokio 2025, mientras que España dispone igualmente de una nueva generación que intenta prolongar el nivel de los últimos años.
En la prueba larga, el escenario está mucho más abierto. La nueva maratón marcha elimina buena parte de las referencias anteriores. Haber sido competitivo sobre 35 kilómetros ayuda, pero no garantiza automáticamente serlo sobre 42,195. Esos siete kilómetros adicionales pueden modificar las jerarquías de una disciplina en la que las descalificaciones, las penalizaciones y el deterioro de la técnica ya tenían una enorme influencia en el tramo final.
World Athletics comprobó esa incertidumbre en abril, cuando los Campeonatos del Mundo de marcha por equipos de Brasilia utilizaron por primera vez las nuevas distancias en una gran competición internacional. La propia federación internacional reconocía antes de la prueba que varios de los marchadores más laureados todavía no habían competido sobre la nueva maratón. Birmingham será el siguiente examen.
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