El viernes día seis a medianoche entraron en vigor las primeras medidas restrictivas a las importaciones estadounidense de China que Donald Trump había anunciado ya con meses de antelación.

Se anunciaron gravámenes a la importación por un importe total de 36 billones de dólares y para agosto se espera que la cantidad se aumente en 16 billones más.  China respondió de manera inmediata imponiendo aranceles de importación a Estados Unidos por el mismo importe.

El presidente de Estados Unidos al frente de su equipo de gobierno llevaba meses amenazando con imponer aranceles a la importación de productos del gigante asiático por un total de hasta 200 billones de dólares, aproximadamente un tercio de las compras americanas a China.

El impacto de estas amenazas de Trump en los mercados financieros ha sido limitado hasta este momento, en realidad los inversores se han mostrado reacios a considerar ciertas su puesta en marcha por absurdas o inverosímiles. En un principio fueron tomadas solo como bravuconadas propias del personaje.

El impacto directo de esta política se estima que causaría una reducción del 0.3% del producto interior bruto chino que ha sido y sigue siendo el gran motor del comercio y la economía mundial.

La gran pregunta es por qué Trump insiste en este tipo de medidas a todas luces perjudícales para todos

Pero estas restricciones al comercio no solo afectarían negativamente a China, las empresas norteamericanas importadores de maquinarias, motores y otros componentes verían encarecidos sus costes de producción que sin duda serían repercutidos en el precio de venta de sus productos en el mercado doméstico provocando un efecto inflacionista y siendo menos competitivos en sus exportaciones.

Y aquí no se acaba el efecto destructivo. Un importante número de empresas tecnológicas americanas tienen localizada su producción en China y por la misma razón sus ventas a Estados Unidos, que son la mayor parte, se verían encarecidas por el arancel impuesto.

Por otro lado, se espera que China responda elevando los aranceles de importación de productos agrícolas americanos, principalmente la soja cuya cotización ya ha adelantado la disminución de su demanda por el efecto subida de arancel y ha caído a mínimos no vistos desde 2014, el mismo nivel de cotización tras la caída sufrida en la gran crisis de 2008.

 

Cotización de la soja

Otras materias primas como el cobre, el principal metal industrial también ha sufrido un desplome en su cotización hasta los niveles más bajos en un año.

 

Cotización del cobre

Como vemos, los mercados de materias primas ya han comenzado a anticipar el fenomenal efecto negativo de estas medidas proteccionistas sin precedentes.  Esta inusual política proteccionista supone una involución en el proceso de apertura comercial a escala global que viene avanzando desde la creación, precisamente por Estados Unidos, en 1948 del GATT (acuerdo general sobre aranceles comerciales) que luego se convirtió en el OMS (Organización Mundial del Comercio) organismos que han permitido mediante acuerdos multilaterales y normas globales un desarrollo sin precedente de las economías de todo el mundo.  Estados Unidos solo tuvo un comportamiento proteccionista de características similares en 1930 tras la Gran Depresión, las políticas de Smoot-Hawley, que según la mayoría de los economistas contribuyeron a acentuar la dimensión de la crisis.

De continuar esta perversa evolución y de momento nada parece indicar lo contrario, el resto de los mercados financieros incluyendo el bursátil que es el que más interés suscita en el inversor particular se verán afectados de manera notable y el año en curso puede terminar de manera trágica.

La gran pregunta es por qué Trump insiste en este tipo de medidas a todas luces perjudícales para todos.

La respuesta basada en un objetivo electoralista es la que predomina.  Su política populista y nacionalista que vende a sus electores la defensa a ultranza de los intereses nacionales a costa incluso sacrificio en el futuro próximo parece tener sentido si tenemos en cuenta la complicada personalidad del presidente de los Estados Unidos. El nacionalismo y la autarquía van unidos, si no solo tenemos que mirar seis décadas atrás a nuestro país.

Pero existe otra posible explicación. Donald Trump, como “hombre de negocio” de la vieja escuela, acostumbrado a imponer condiciones y a estar en una situación ventajosa no quiere estar sujeto a los “convenios colectivos” de la OMS, muy probablemente piense que Estados Unidos se encuentra en una situación en la que puede ejercer su supremacía al resto de los países, sin necesidad de acuerdos que sean favorables para todas las partes.  Si esto es así, el objetivo de Trump sería romper con la OMC y presionar para su completa desaparición.  Volver a la ley de la selva en la que el más fuerte impone sus condiciones. Si esta potencial situación se hiciera realidad, el crack bursátil que antes mencionaba sería lo menos malo de lo que en el futuro podría acontecer.

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Cotización del índice norteamericano S&P 500