Las familias aumentaron sus deudas un 0,26 % en febrero, lo que supone la no despreciable cifra de 1.851 millones, llamando la atención especialmente que mientras se reducen los préstamos destinados a las viviendas, han aumentado los préstamos de consumo, en concreto en un 1,5 %.

Paradójicamente a la caída de los préstamos para vivienda, en febrero las ventas de vivienda han subido un 2,7 % (39.945 transacciones en febrero en España). Podría pensarse que, aunque haya más transacciones, se puede necesitar menos financiamiento si el precio de las mismas es menor, pero los datos indican que el precio permaneció estable, por lo que en principio esta no es la razón.

Un factor que sí puede explicar en parte este hecho es que aumentaron más las transacciones de viviendas de segunda mano que las nuevas, siendo en las segundas más probable la contratación de una hipoteca. Además, otra de las “nuevas” razones para este aumento se debe a que, tras la crisis y sus repercusiones respecto a las ejecuciones hipotecarias, los bancos son más reacios a conceder hipotecas cuando no hay avales, y muchas veces sugieren a los consumidores que soliciten préstamos de consumo en su lugar, por supuesto con intereses mayores.

Por un lado, es cierto que, para la salud económica del sistema financiero nacional, es una buena noticia que los bancos no concedan hipotecas cuando el riesgo de impago es realmente alto, pero por otro, también lo es que las hipotecas suelen ser el tipo de préstamo con mejores condiciones en lo que a intereses se refiere. No en vano, la mayoría de préstamos utilizados para la reunificación de deudas se apoyan en una hipoteca y esto, junto con el hecho de que generalmente se aumenta el plazo de devolución, es precisamente lo que permite rebajar los intereses a pagar respecto a los préstamos anteriormente adquiridos por el usuario, que se devuelven mediante la estrategia de reunificación.

Realmente es curioso como, mientras los intereses por los depósitos de los ahorradores son prácticamente inexistentes, los de los préstamos de los consumidores siguen manejando cifras importantes. Sin duda, una muestra más de que mientras la economía se ha recuperado paulatinamente de la última gran crisis, algunas de sus repercusiones, llegaron para quedarse.

La comparación la asignatura pendiente

Según los expertos, comparar las diferentes opciones disponibles en el mercado todavía es la asignatura pendiente de muchas decisiones de financiación. Muchas familias acuden a la opción más fácil en vez de a la más barata. Por ejemplo, es habitual que, para una compra de consumo, se utilice la tarjeta de crédito, cuando quizá se podría obtener un interés más bajo con un préstamo de consumo.

Si bien es cierto que la tarjeta nos permite obtener el dinero de forma automática, la concesión de préstamos se ha agilizado mucho y en poco tiempo, es posible conseguir mejores condiciones que merecen especialmente la pena cuando lo que se va a pagar supone una cantidad importante respecto a los ingresos mensuales.

Como siempre, en cuestión de asuntos económicos, la información vale su peso en oro. Afortunadamente, gracias a internet, cada vez es más fácil y rápido conseguirla.