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Mientras Pedro Sánchez y los mandatarios iberoamericanos se preparan para ocupar sus asientos en la cumbre de Madrid, los representantes de las grandes empresas llevan horas hablando de sus propios asuntos. No necesitan ponerse de acuerdo sobre Venezuela, salvar las diferencias entre Javier Milei y el presidente español ni encontrar una posición compartida sobre los conflictos internacionales. Sus preocupaciones son otras: dónde invertir, qué mercados ofrecen mejores perspectivas, cómo financiar nuevos proyectos y qué papel puede desempeñar Iberoamérica en una economía mundial cada vez más condicionada por las tensiones comerciales. La diplomacia política tiene sus tiempos, pero el dinero lleva décadas circulando entre las dos orillas del Atlántico.
La XXX Cumbre Iberoamericana, que se celebra este miércoles y jueves en Madrid, tiene así una segunda dimensión que discurre en paralelo a las reuniones de los jefes de Estado y de Gobierno. La Plaza de Toros de Las Ventas acoge los días 3 y 4 de noviembre el XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano, organizado por la CEOE, el Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB) y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Una cita que cuenta con la participación de grandes compañías, organizaciones patronales, instituciones financieras y representantes gubernamentales, y que forma parte del programa oficial de la cumbre.
No se trata de un encuentro accesorio. Desde su primera edición, celebrada en Salamanca en 2005, este foro se ha consolidado como el principal espacio de interlocución del sector privado con los gobiernos iberoamericanos. En Madrid reunirá a representantes de 25 organizaciones empresariales integradas en el CEIB y 18 asociaciones de jóvenes empresarios, además de compañías con intereses repartidos por buena parte del continente.
Entre las empresas e instituciones que respaldan el encuentro figuran Santander, BBVA, Telefónica, Repsol, Mapfre, Abertis, Iberia, Airbus, Indra, Google y Técnicas Reunidas, junto con otras firmas latinoamericanas y organismos financieros como CAF, el banco de desarrollo de América Latina y el Caribe. El programa contempla más de medio centenar de ponentes, debates económicos y un diálogo directo entre empresarios y responsables políticos. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, desempeña un papel destacado en la organización y también preside temporalmente el CEIB.
La presencia de estas compañías ayuda a entender por qué el encuentro empresarial conserva importancia incluso cuando las relaciones entre determinados gobiernos atraviesan momentos complicados. Sus intereses no son idénticos y sus estrategias dependen de las circunstancias de cada país, pero comparten una realidad: América Latina forma parte de la estructura internacional de algunas de las principales empresas españolas. El mapa de sus inversiones explica una parte de las relaciones entre España y la región que no siempre aparece en las fotografías oficiales.
El mapa de los 196.000 millones españoles en América Latina
Las cifras permiten dimensionar esa relación. Según los datos del Registro de Inversiones Extranjeras correspondientes al cierre de 2024, España acumulaba 196.068 millones de euros de inversión productiva en los países iberoamericanos, aproximadamente el 30,2% de toda su inversión exterior. Se trata del valor acumulado de las inversiones, no del dinero desembolsado durante un único ejercicio.
El flujo también existe en sentido contrario, aunque con una magnitud considerablemente menor. Los países latinoamericanos mantenían inversiones productivas en España por valor de 55.838 millones de euros, equivalentes al 8,9% del capital extranjero invertido en el país. La diferencia es significativa: por cada euro de inversión latinoamericana en España, el capital español mantenía aproximadamente 3,5 euros invertidos en la región.
No toda América Latina ocupa el mismo lugar en ese mapa. México concentra el 35% de la inversión productiva española en los países iberoamericanos analizados, seguido de Brasil, con el 26%, y Argentina, con el 13%. Tres países reúnen, por tanto, casi tres cuartas partes del capital español presente en la región. Si se incorporan Chile, Colombia, Uruguay y Perú, el porcentaje supera el 93%.
Esa concentración introduce una lectura interesante en una cumbre marcada por las ausencias de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum. Brasil y México no estarán representados por sus presidentes, pero ambos mercados siguen ocupando posiciones centrales en los intereses empresariales españoles. La importancia económica de un país no depende necesariamente de la asistencia de su mandatario a una reunión internacional.
El Banco de España ya había identificado esta relación en un análisis publicado en marzo de 2025. Con datos de 2023, situaba a España como el segundo mayor inversor en América Latina, únicamente por detrás de Estados Unidos. También destacaba el predominio de los servicios en las inversiones españolas, un rasgo que ayuda a explicar la presencia histórica de grandes bancos, empresas de telecomunicaciones, aseguradoras y compañías energéticas.
La expansión empresarial española hacia América Latina tiene raíces profundas en las últimas décadas del siglo XX. Durante los años noventa, la apertura de mercados y las privatizaciones de servicios públicos en distintos países latinoamericanos ofrecieron oportunidades para que compañías españolas aceleraran su internacionalización. Telefónica, los grandes bancos y las empresas energéticas encontraron entonces mercados en los que crecer a una escala difícil de alcanzar únicamente en España.
Aquel proceso también estuvo acompañado de controversias. La privatización de servicios esenciales, las tarifas, la regulación de los mercados y las relaciones entre las multinacionales y los gobiernos fueron objeto de debate en diferentes países. Las inversiones contribuyeron a modernizar infraestructuras y ampliar determinadas actividades, pero sus efectos sobre la competencia, los consumidores y las condiciones laborales no fueron uniformes.
La relación ha evolucionado desde entonces. Las compañías españolas ya no son las únicas protagonistas de un mercado que atrae a inversores estadounidenses, europeos y asiáticos. Además, América Latina ha pasado de ser principalmente un destino de expansión para el capital español a convertirse también en un origen de inversiones hacia España. Grupos empresariales mexicanos, colombianos y argentinos han adquirido presencia en sectores tan distintos como la alimentación, la construcción, las infraestructuras y los servicios.
Los datos del informe Global LATAM 2025, elaborado en el entorno de ICEX-Invest in Spain, muestran que España recibió 2.718 millones de euros de inversión directa latinoamericana durante 2024. México y Colombia concentraron buena parte de esos movimientos, con algo más de 1.000 millones cada uno. Son operaciones que reflejan una relación económica más compleja que la tradicional expansión de multinacionales españolas al otro lado del océano.
España, una puerta de entrada para el capital internacional
El papel económico de España en América Latina tampoco puede explicarse únicamente por sus propias empresas. Un estudio presentado a finales de octubre por el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, ha puesto cifras a una función menos visible: España se ha convertido en una plataforma desde la que compañías de terceros países canalizan inversiones hacia los mercados latinoamericanos.
La investigación, basada en el análisis de más de 54 millones de registros empresariales, identifica 744 empresas extranjeras que utilizan estructuras societarias en España para invertir en América Latina. A través de ellas controlan 1.081 filiales repartidas por la región.
Estados Unidos encabeza la lista de países cuyas empresas emplean esta vía, con 125 matrices identificadas. Le siguen Francia, Luxemburgo, Alemania y Reino Unido. En conjunto, las compañías de origen europeo representan aproximadamente el 60% de las matrices extranjeras que utilizan España como plataforma de inversión.
El estudio sitúa a España como el principal punto de intermediación directa de inversiones hacia once de los diecinueve países latinoamericanos analizados. México, Brasil, Colombia y Chile concentran más del 80% de las filiales canalizadas por esta vía.
La posición española responde a distintos factores. Los vínculos históricos y lingüísticos facilitan las relaciones comerciales, mientras que la experiencia de sus empresas en la región, las conexiones financieras y la pertenencia al mercado europeo pueden resultar útiles para compañías que buscan establecerse en América Latina.
Sin embargo, actuar como plataforma de inversión no significa controlar necesariamente el capital que pasa por ella. Muchas de las compañías identificadas tienen sus matrices en otros países y utilizan sociedades españolas como parte de una estructura internacional más amplia. La relevancia de España reside, en esos casos, en su papel como intermediaria entre distintos mercados.
El fenómeno adquiere importancia en un escenario de creciente competencia internacional por los recursos, las infraestructuras y los sectores tecnológicos latinoamericanos. Estados Unidos mantiene una presencia económica decisiva en la región, mientras China ha ampliado sus relaciones comerciales y financieras durante las últimas décadas. La Unión Europea busca reforzar su posición mediante acuerdos comerciales, inversiones y proyectos de cooperación.
España se mueve dentro de ese tablero con una ventaja: dispone de empresas asentadas desde hace años en buena parte del continente y de una red de relaciones institucionales difícil de reproducir a corto plazo. Pero esa experiencia tampoco garantiza una posición privilegiada en todas las operaciones. Los cambios regulatorios, las políticas de los gobiernos, las condiciones de financiación y la competencia internacional influyen directamente en las decisiones de inversión.
Una región codiciada por las grandes potencias
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ofrece una fotografía de ese escenario. Según su último informe, América Latina y el Caribe recibieron 194.233 millones de dólares de inversión extranjera directa en 2025, apenas un 1,7% más que el año anterior. Los servicios concentraron el 53% de las entradas de capital, las manufacturas el 31% y los recursos naturales el 16%.
La evolución fue desigual. Mientras aumentó la inversión en servicios y recursos naturales, disminuyó la destinada a manufacturas. El organismo de Naciones Unidas advierte de que atraer capital extranjero no se traduce automáticamente en una transformación productiva y señala las dificultades de muchos países para conectar las inversiones con sus políticas industriales, tecnológicas y de empleo.
Este debate atraviesa también el encuentro empresarial de Madrid. Los asuntos elegidos para las sesiones incluyen la competitividad, la integración regional, la transformación productiva, la inteligencia artificial, la transición energética y la financiación. Son ámbitos en los que participan algunas de las compañías presentes en Las Ventas y que, al mismo tiempo, concentran importantes necesidades de inversión pública y privada.
La transición energética ofrece un ejemplo especialmente ilustrativo. América Latina cuenta con recursos naturales relevantes para las tecnologías renovables, la electrificación y las nuevas cadenas industriales. Su aprovechamiento requiere infraestructuras, financiación y capacidad tecnológica, pero plantea también cuestiones sobre el reparto de beneficios, el impacto ambiental y la participación de las comunidades afectadas.
Algo parecido sucede con la transformación digital. Las grandes compañías tecnológicas encuentran mercados con margen para ampliar infraestructuras y servicios, mientras los gobiernos necesitan reducir brechas de conectividad y reforzar sus capacidades tecnológicas. La alianza iberoamericana sobre inteligencia artificial que se negocia en Madrid conecta con esas prioridades, aunque pertenece a la agenda institucional y no constituye un acuerdo empresarial específico.
En paralelo, las instituciones financieras de desarrollo buscan ampliar su capacidad de actuación. CAF, por ejemplo, ha aprovechado la celebración de la cumbre para reforzar su presencia en España con una nueva oficina en Madrid y presentar iniciativas relacionadas con la inversión, la ciencia y la gestión de riesgos. Su participación refleja el peso que tienen los organismos multilaterales en proyectos cuya financiación supera las posibilidades de muchas empresas o administraciones por separado.
El XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano culminará este miércoles con un diálogo entre representantes empresariales y jefes de Estado y de Gobierno, seguido de su clausura por Felipe VI. Las propuestas del sector privado se trasladarán así a los responsables políticos que participarán en la cumbre.
La agenda económica tiene continuidad más allá de los encuentros entre presidentes. Las entidades financieras evalúan riesgos, las multinacionales revisan sus estrategias y los gobiernos negocian las condiciones en las que quieren atraer inversión. En Madrid coinciden estos tres intereses durante unas jornadas en las que se hablará de integración, cooperación y nuevas oportunidades de negocio.
Para las empresas españolas, las decisiones que se adopten en materia comercial, energética, tecnológica o financiera pueden tener consecuencias sobre inversiones acumuladas durante décadas. Para los países latinoamericanos, las negociaciones se desarrollan en un contexto de necesidades de capital, competencia entre potencias y demandas de crecimiento económico.
Mientras la sesión plenaria de la Cumbre Iberoamericana ocupará la atención política del jueves, la reunión empresarial habrá cerrado ya sus trabajos y trasladado sus prioridades a los gobiernos. Las conversaciones sobre financiación, infraestructuras y expansión comercial continuarán después en las sedes de las compañías, los organismos multilaterales y los ministerios económicos de los países participantes.
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